Jenny Miranda Kunstmann: “Hasta el momento no hemos ganado nada”

Para la activista chilena residenciada en Venezuela queda mucha tela por cortar luego del triunfo abrumador de la opción Apruebo en el plebiscito para reformar la constitución de Pinochet. Hay tempestades revolucionarias en Chile, sí, pero hay que andar mosca con los coleados

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Jesús Castillo

Jenny Miranda Kunstmann llegó a Venezuela en 1975, con 17 años, tras una oleada de exiliados políticos desde Chile que incluía a sus padres y hermanos.

Siempre ha estado vinculada a la solidaridad con sus paisanos durante la dictadura de Pinochet y, luego, durante los sucesivos gobiernos “democráticos” de esa nación sureña. Además, ha militado con firmeza en la Revolución Bolivariana desde distintos frentes de lucha.

Exhibe la particularidad de haber sufrido directamente el impacto de la tiranía pinochetista, dado que su abuela y su madre fueron presas políticas durante tres años, las mujeres que más tiempo permanecieron recluidas al sur de Chile en centros no exclusivos para presos políticos, sino junto a delincuentes comunes. Su vida en Venezuela se debe a la ayuda que les prestó el obispo de Barquisimeto, quien intercedió para liberarlas.

El triunfo del Apruebo en el plebiscito chileno del pasado domingo 25 de octubre, con un holgado 78% de los votos a favor de reformar la constitución heredada del régimen de Augusto Pinochet, no le extraña. Al contrario, lo considera un paso más del largo proceso de luchas que ha permitido visibilizar las anheladas reivindicaciones de un pueblo históricamente oprimido por un poder político ominoso y reaccionario, dominado por la oligarquía.

Ni se conforma ni es triunfalista: calcula que aún no se ha ganado nada, sino una mera voluntad de cambio. El poder sigue allí, acariciando sus prebendas, negociando, solapándose, aliándose con las fuerzas políticas disfrazadas que, en un descuido, son capaces de colar sus intereses.

—¿Se esperaban un triunfo tan abultado?

—Sí, principalmente porque se contaba con el voto joven. En las elecciones anteriores la abstención era tremendamente grande, porque la población de entre 18 y 35 años no quería votar. Era su manera de protestar contra el sistema y la poca credibilidad de los políticos. En esta oportunidad, desde las revueltas de octubre, que han comandado los jóvenes, se esperaba que ellos respondieran en las urnas.

—¿A Chile le va bien definir su destino con un sí o un no?

—No estamos respondiendo a un sí o un no. Desde los tiempos de la dictadura y las protestas de los 80, que conllevaron al plebiscito contra Pinochet, se ha hecho un trabajo con protesta y organización del pueblo. Lo inédito en esta oportunidad es que un pueblo sin líderes, sin movimiento político, sin partidos, sin una vanguardia, sin caudillo se pudo organizar y decir “queremos cambio”. Se ha hecho una demostración de conciencia, sobre todo ciudadana, y creo que Chile se está dando cuenta de la fuerza que tiene el ciudadano.

—¿Cómo es posible que aún rija la constitución de un tirano como Pinochet?

—En toda la historia de Chile las constituciones han sido ilegítimas, en el sentido de que el soberano, el pueblo, no ha tenido participación directa. Han sido constituciones elaboradas por la oligarquía, por una clase dominante, nunca con participación del ciudadano. Exactamente pasó con la constitución de Pinochet, elaborada principalmente por Jaime Guzmán, el ideólogo de la dictadura. Así que esa constitución fue impuesta, como todas las anteriores, y cuando viene el plebiscito y la transición hacia la democracia se dieron los acuerdos políticos, entre ellos no tocarla. Imagínate que el dictador siguió siendo comandante y jefe de las Fuerzas Armadas, y después queda como senador vitalicio. Esa constitución dejó todo amarrado para que nada cambiara. El pueblo fue el que dijo “hasta aquí llegamos”. No fue algo que se dio gratuitamente ni tan pacífico. Cabe recordar que desde la revuelta del 18 de octubre de 2019 hay 2.500 jóvenes presos por haber participado en las manifestaciones, 400 y tantos jóvenes con daños oculares irreversibles, más de 40 mujeres violadas y hay otros asesinados.

Venezuela fue, quizás, el único país del mundo donde ganó —por 12 votos— el rechazo. Un dato doloroso pero explicable para Jenny: “En Venezuela los partidos revolucionarios no tuvieron ningún acercamiento ni deseo ni motivación de apoyar, aunque sea para salvar el honor. No hubo solidaridad”.

—¿Chile es un país conservador por naturaleza?

—Eso es un mito. La historia la escriben los vencedores y eso es lo que se ha proyectado. Chile ha sido un país siempre sometido. Todas las insurrecciones sociales del siglo XIX y XX fueron aplastadas brutalmente. La clase dominante siempre sacó al Ejército para someter al pueblo. Sí hubo años de más tranquilidad, pero por una represión explícita e implícita. Chile siempre fue aplastado, coaccionado, con una clase política muy complaciente. Por eso, justamente, el cambio que significó en 1973 Allende fue inaudito, totalmente revolucionario que el pueblo, por fin, hubiese triunfado en las urnas con un presidente de izquierda.

—¿Se respiran nuevos aires revolucionarios en América Latina?

—Yo no creo que sean nuevos aires, son tempestades. Por lo menos en Chile, esta efervescencia, esta gran participación del pueblo, en general, nos tiene en una expectativa muy grande.

Explica esta licenciada en Administración —residenciada en Caracas; coordinadora, junto a sus familiares desde Chile, de una iniciativa de solidaridad para el suministro de medicamentos entre miembros de la comunidad de San Agustín— que, en los intríngulis del proceso plebiscitario chileno, se produjo un encuentro entre políticos en abril de este año para acordar algunos aspectos “esenciales” como, por ejemplo, no tocar los acuerdos comerciales internacionales, que es como “mantener igualita toda la estructura económica del país”. Es decir, no vendrían ni mejoras ni grandes cambios.

“Se piensa que se va a producir un paralelismo en el cual las fuerzas políticas, disfrazándose en franjas de unidad, entrarán en el juego de la convención constituyente; y hay gente que está diciendo que no quiere esta convención constituyente, sino una asamblea constituyente con representación directa. De aquí a abril podremos ver cómo se va a desarrollar esto, qué es lo que va a pasar, porque hasta el momento no hemos ganado nada. Lo único que se dijo fue que queríamos una constitución nueva. ¿Qué va a pasar en estos meses? ¿El pueblo va a reaccionar? ¿Se va a calar esta camisa de fuerza del decreto de ley (N° 21.200) que firmaron políticos apuraditos? ¿Va a permitir camuflaje de los que mandaron siempre? Yo creo que estas tempestades revolucionarias van a seguir”.

ÉPALE 388