JoseMariaEspaña

NUTRIDO Y ALBOROTADO POR LOS MOVIMIENTOS EMANCIPADORES MÁS GRANDES DE SU TIEMPO, QUISO REPRODUCIR EN VENEZUELA UNA GESTA SIMILAR PERO NO ENCONTRABA EL CAMINO NI LA FÓRMULA. HASTA QUE LE LLEGARON LOS INSUMOS, ENCADENADOS, SENTENCIADOS Y CONFINADOS A UNA MAZMORRA DE LA GUAIRA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE •@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

La semana pasada hablábamos de un espectáculo ocurrido en la esquina Principal de Caracas (ahí en la actual Plaza Bolívar) hace 219 años (8 de mayo de 1799). Estaban presentes todas las autoridades de la Caracas colonial y un número tolete de sus ciudadanos, incluidos los alumnos de las escuelas con sus maestros. Todos fueron colocados frente a un cadalso, en el que iba a ser ejecutado un hombre. Juan Vicente González describe así al hombre y a la escena: “Tendría como cuarenta años y, sin la blanca mortaja que le envolvía, habríase admirado un hombre de ademán resuelto, de agradable y gentil presencia. Por entre el ruido monótono de las armas, la salmodia del clero, los dobles de las iglesias y el dolorido acento de los que pedían por su alma, resonaba la dura voz del pregonero, que iba delante pregonando la sentencia que le condenaba: ‘Confirmación y ejecución de las providencias dadas contra José María España, reo de alta traición, mandamos que precedidas sin la menor dilación, las diligencias ordinarias conducentes a su alma, sea sacado de la cárcel arrastrado de la cola de una bestia de albarda y conducido a la horca, publicándose por voz de pregonero sus delitos: que muerto naturalmente en ella por mano del verdugo, le sea cortada la cabeza y descuartizado’”.

José María España había cometido el crimen de rebelarse contra la corona española, y a los caraqueños debía quedarles claro que no hay nada más grave en el mundo que estar en contra de un rey. Así que el espectáculo del castigo a ese hombre tiene que se aleccionador: feo, terrible, doloroso, imborrable, youtubemente imborrable. Le ponen la cuerda en el cuello, una puerta se abre bajo sus pies y el cuerpo cuelga, estremecido. Para ayudarlo a salir rápido de ese suplicio de mierda, el verdugo le brinca por detrás, se abraza a él con brazos y piernas y pendula con el agonizante o cadáver durante unos segundos; el cuello del ahorcado sostiene el peso de ambos, y ese es el momento en que niños, hombres y mujeres rompen en un llanto de pavor o caen desmayados.

No había youtube en la época para que a la posteridad le quedara clara la integridad del suplicio y la humillación, pero para eso estaba Juan Vicente González, quien transcribió el resto de la sentencia y condena: “… que la cabeza se lleve en una jaula de hierro al puerto de La Guaira, y se ponga en el extremo alto de una viga de treinta pies, que se fijará en el suelo a la entrada de aquel pueblo por la Puerta de Caracas: que se ponga en otro igual palo uno de sus cuartos a la entrada del pueblo de Macuto, en donde ocultó otros gravísimos reos de Estado a quienes sacó de la cárcel de La Guaira y proporcionó la fuga: otro en la vigía de Chacón, en donde tuvo ocultos los citados reos de Estado: otro en el sitio llamado ‘Quitacalzón’, río arriba de La Guaira, en donde recibió el juramento de rebelión contra el rey; y otro en la Cumbre donde proyectaba reunir las gentes que se proponía mandar: que le confisquen todos los bienes que resultaren ser suyos”.

La última parte de la sentencia es reveladora de otras cosas más perversas y profundas: el reo no solo merecía la muerte sino que a su familia se le despojó del derecho a los bienes del ejecutado. Te humillo públicamente, te descuartizo y disperso tu cadáver para que la gente se espante del espectáculo de tus partes desmembradas, y de paso te quito lo que tenías. Para los amos del poder la vejación última es quitarle a alguien la condición de propietario.

¿Qué fue lo que hizo exactamente José María España para merecer este aplastamiento físico y moral? Nacido en La Guaira el 28 de febrero de 1761, había sido educado en Francia durante su niñez y adolescencia, y ahí empezó a recalentársele el cerebro, pues las lecturas y el contacto directo con la Francia pre-revolucionaria le ocasionaron algún efecto residual. Regresa a Caracas, donde se incorpora a la milicia del rey, y así quedaron en el fogón los preparativos de su gesta conspiradora.

CUANDO LA CONSPIRACIÓN DE GUAL Y ESPAÑA FUE DESCUBIERTA ESTE FUE UNO DE LOS CARGOS MÁS GRAVES: HABER AYUDADO A ESCAPARSE A UNOS SUJETOS PELIGROSÍSIMOS PARA EL ORDEN COLONIAL, YA EN PROCESO DE DESTRUCCIÓN

Hacia 1796, ya maduro y formado como funcionario, se desempeñaba como Teniente de Justicia de Macuto. Quiso la rueda de la historia que por esas fechas fueran trasladados a la cárcel de San Carlos, en La Guaira, varios masones acusados de conspiración contra la corona española. Eran ellos Juan Bautista Picornell, José Lax, Manuel Cortés Campomanes, Bernardo Garaza, Juan Manzanares, Juan Pons Izquierdo, Joaquín Villalba y Sebastián Andrés. Estos sujetos habían sido condenados a muerte en España, pero luego se les cambió la pena por la de cadena perpetua en Cartagena, y eso fue algo así como condenar a la gasolina a permanecer cerca de la candela. Picornell había sido el primer traductor de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Cuando España se enteró de que estos señores estaban haciendo escala en las mazmorras de La Guaira usó su cargo e influencias para visitarlos varias veces, y allí comenzó todo. Y cuando decimos “todo” es TODO: los documentos teóricos y de organización de un movimiento revolucionario que esas malas juntas originaron desembocaron en el movimiento de independencia más grande, orgánico y bien sustentado antes de toda América para ese tiempo.

Faltaba una década para que sucedieran los hechos del 19 de abril en Caracas y ya José María España andaba organizando una conspiración con Manuel Gual y varias docenas más de activistas, que proponía, ni más ni menos, la instauración de un sistema republicano, la abolición de la esclavitud y el establecimiento de la libertad de comercio. Cuando estaba avanzado el movimiento lanzaron un documento que sintetizaba las líneas maestras de los fines y objetivos; el “Manifiesto de los habitantes libres de la América española” contenía referencias a la Revolución Francesa y a la Independencia de Estados Unidos como modelos de repúblicas. Mientras andaba en esas organizaciones, agitaba y daba instrucciones a un esclavo suyo para que estimulara un alzamiento de esclavos negros en Naiguatá.

Pero antes de organizar la conspiración, él y los suyos hicieron algo por los hombres que les habían servido de formadores e inspiradores: ayudaron a salir de la cárcel a Picornell, Campomanes y los otros, quienes salieron hacia varios lugares de América a seguir alborotando alborotadores. Cuando la conspiración de Gual y España fue descubierta este fue uno de los cargos más graves: haber ayudado a escaparse a unos sujetos peligrosísimos para el orden colonial, ya en proceso de destrucción.

Gual y España lograron huir a Trinidad y de ahí a varias otras islas del Caribe; más de 60 conspiradores de su movimiento fueron encarcelados y otros asesinados, en Caracas y La Guaira. Al poco tiempo España regresó en secreto a La Guaira para seguir conspirando y organizando un alzamiento, pero fue descubierto y capturado. Su muerte fue bastante más dramática y espectacular que la de Manuel Gual, el otro cabecilla de la conspiración. A este le mandaron un espía a su lugar de exilio en Trinidad; el espía le colocó un veneno al almuerzo de Gual y el hombre murió con ese silencioso verdugo en el cuerpo.

El nombre de José María España no resuena tanto en la historia como los de otros precursores y alzados contra la colonia. Tal vez tenga que ver con que en su amplio movimiento figuraba gente de varios oficios y estratos sociales (intelectuales, abogados, burócratas, religiosos, educadores, pequeños comerciantes, artesanos, militares; blancos y pardos unidos en una causa) pero no había mantuanos. Con todo, cuando se declaró la independencia, en 1811, sus hijos Prudencio y José María izaron la bandera de la República en gestación allí mismo donde doce años atrás había sido vejado y ejecutado.

ÉPALE 265

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