ÉPALE260-JUANA RAMÍREZ

EL 23 DE JULIO DE 2013 EL PRESIDENTE NICOLÁS MADURO ANUNCIÓ EL TRASLADO DE LOS RESTOS DE JUANA RAMÍREZ AL PANTEÓN NACIONAL. HASTA ESE MOMENTO, LOS VENEZOLANOS SABÍAMOS DE ELLA UNA SOLA COSA; HOY YA SABEMOS DOS. O TRES

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE •@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

El rollo comienza bien temprano, con el lugar de su nacimiento. Se ha difundido el dato de que Juana Ramírez nació en Chaguaramas, en el actual estado Guárico, pero hay cronistas monaguenses que aseguran que nació en Chaguaramal, cerca de Maturín. No es difícil entender que haya una confusión entre dos toponímicos que se parecen tanto.

Creo que van ganando los monaguenses, quienes aseguran que el nombre de su lugar de origen se ha traspapelado en el habla del pueblo, porque la combinación entre Chaguaramal y Guacharacas (donde falleció) tuerce fácilmente hacia Chaguaramas, y la confusión favoreció a los llaneros. Lo que digan los monaguenses en materia de trabalenguas y confusiones con el lenguaje hay que creérselo. Nadie sabe más de decires extraños en Venezuela que la gente de Monagas, que tiene el honor de poseer el himno regional más misterioso, hermético, surrealista, estremecedor y punzopenetrante de la historia mundial de los himnos. Dice su primera estrofa:

 

Maturín, tus llanuras y vegas,

altas cumbres y bosques umbríos,

tus hermosas palmeras y ríos,

son de dicha tu gran porvenir…

 

Ah vaina, es en serio. Pero ya va, que la cosa continúa:

 

Ignorada del mundo tú eres,

lo que expresa orgulloso tu escudo:

haz de bienes y gloria que pudo

tu derecho a ser libre reunir.

 

Son las desventajas (o ventajas) de haber escogido como canción emblema la composición de un alemán farmaceuta y odontólogo (música) y un caballero que, después de haber sido expulsado de un seminario, terminó en la masonería (letra).

TAMPOCO ES TAN DIFÍCIL ENTENDER POR QUÉ ANTES EL TEMA —O CASO— JUANA RAMÍREZ NI SE DEBATÍA NI IMPORTABA NI NADA, PERO AHORA QUE LA DOÑA REPOSA, AUNQUE SEA SIMBÓLICAMENTE, EN EL PANTEÓN NACIONAL, PUES HASTA A MÍ ME PROVOCA PONERME A REGAR LA ESPECIE DE QUE ERA CAROREÑA

En otra de las estrofas el echador de versos se dedica a enumerar a todos los héroes que recuerda y por ahí van desfilando Ribas, Bermúdez, Piar, Sanz, Paz Castillo, Zaraza. Cuando uno está a punto de reclamar que no está nombrada por ahí Juana Ramírez, vuelve a leer con atención y se da cuenta de dos cosas: el “poema” en cuestión ignora olímpicamente a Monagas (mirá tú, qué singular detalle), y la otra: sí está insinuada Juana en el verso que dice: Ignorada del mundo tú eres...

Tampoco es tan difícil entender por qué antes el tema —o caso— Juana Ramírez ni se debatía ni importaba ni nada, pero ahora que la doña reposa, aunque sea simbólicamente, en el Panteón Nacional, pues hasta a mí me provoca ponerme a regar la especie de que era caroreña. Se atraviesa también lo irregular o mezquino de la educación formal, que antes llamaban “primaria”, allá en el estado Monagas. Recuerdo haber conversado sobre Juana con monaguenses de distinta procedencia y escolaridad, hace unos años, cuando me medio picaba la curiosidad por saber quién era esa bailarina sideral que despliega sus banderas —o sus alas— en la redoma del mero centro de Maturín, y recuerdo también que las respuestas de los interpelados fluctuaban más o menos alrededor de esta conclusión: “En la escuela lo que le decían a uno es que esa mujer era muy valiente, y que su máxima acción guerrera fue haber avanzado en un campo de batalla y clavado una bandera de Venezuela en el territorio que los españoles venían a invadir”.

¿Qué hizo Juana para merecer el renombre? Pues avanzar. Pero un momento: ¿a ella la pusieron a avanzar contra quiénes? ¿Contra los españoles? Habrá que discutirlo, y discutir muchas otras cosas. Por ejemplo: puede ser que nadie le haya informado que aquella gente que amenazaba con entrar a Maturín iba a liberar a los de su clase, y que no eran exactamente españoles sino en su mayoría esclavos como ella, negros o zambos como ella. El inacabable cuento: al pobre lo ponen a disparar para allá, a exponer el pellejo contra aquellos de allá, y a veces —o casi nunca— se entera de quiénes son aquellos contra los que combate. La estatua de Juana La Avanzadora en Maturín, por cierto, está mirando (avanzando) hacia el Norte. Estamos seguros de que los urbanistas o paisajistas que decidieron que la estatua gesticulara eternamente hacia allá lo hicieron sin saber que, POR FIN, a la mujer la pusieron a pegarle sus gritos petrificados al enemigo correcto.

Se sabe entonces que era de origen humilde y que trabajaba en servidumbre o esclavitud para la familia Rojas Ramírez, y que su mamá, también esclava, se llamaba Guadalupe Ramírez. Que en el campo de batalla realizaba “diversas actividades: apertrechar los cañones, auxiliar a los heridos y enfrentarse valientemente al enemigo”. Formaba parte de un escuadrón de nombre inquietante, como todo lo que es nombrado en Maturín: “Batería de Mujeres”.

Boves y sus malandros entraron a machetazos en Barcelona a finales de 1814, y siguieron su camino hacia Maturín. Al caudillo lo matan de un lanzazo antes de llegar, en Urica, pero aun así el Ejército u horda gana la batalla y sigue arrasando pueblos y propietarios, con Juana o sin Juana avanzando. Maturín no cayó en manos de Boves pero sí de la tropa bovera que se instaló un par de años y todo lo que oliera a independentista tuvo que irse de la ciudad. Cuando por fin ganaron los independentistas y Juana pudo regresar, lo que quedaba de sus antiguos dueños la trataron como a una reina: le servían la comida, le tendían la cama, le picaban el quesillo; cuando ella trataba de levantarse a lavar los platos le decían: “No chica pero cárrrmate, si tú eres una heroína y, además, eres libre”.

A Juana seguramente tampoco le explicaron nunca que ese gesto de generosidad y esplendidez de sus antiguos amos no lo tuvieron por lo de pinga que eran, sino por la lección que les dio el pueblo en 1814: “Si así se ponen los esclavos cuando los joden mejor como que les damos su libertad. Sírvele más quesillo ahí a Juana, la pinga, que no se nos vaya a arrechar esa mujer”.

Juana se retira a Guacharacas (actual pueblo de San Vicente), adonde muere en el año 1856, a los 66 años de edad. Honrada por el pueblo pobre, que tenía marcado el sitio de su sepultura con unos cardones, no fue sino en 1975 cuando le hicieron un monumento en el lugar; de 1952 data la instalación en Maturín de la estatua de Juana en la redoma que también lleva su nombre.

Nueva revisión al desastroso himno del estado Monagas. Hay otra media estrofa que parece nombrarla:

 

De tus propias cenizas alzada,

como el fénix tornaste a la vida:

y ya puedes del lampo atraído

a más altos destinos volar

 

Lástima que eso no rime pero, viéndolo bien, con el tiempo los poetas, buenos y malos, se dejaron de eso de andar rimando sílabas.

ÉPALE 260

Artículos Relacionados