Kathrine Switzer, a lo mero macho

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Daniel Pérez

Cuando se habla de las luchas de las mujeres por la igualdad, en cada campo de la actividad humana hay un ejemplo notable. El ámbito de las carreras de fondo no es la excepción.

Uno de los hitos más destacados ocurrió en abril de 1967, en el Maratón de Boston, hasta ese momento una competencia sólo para hombres. En la edición de ese año, Kathrine Switzer, una mujer con mucha determinación, logró inscribirse (lo hizo como K. Switzer, para ocultar su género) y correr la carrera, no sin enfrentarse a las actitudes misóginas de algunos jueces y competidores.

Son célebres las fotografías en las que varios corredores, a lo mero macho, le dan empujones para que abandone la ruta.

En ediciones anteriores, ella y otras mujeres habían participado en el maratón, pero sin estar inscritas o, como se dice en Venezuela, “corrieron por fuera”.

Switzer, nacida en Alemania pero de nacionalidad estadounidense, consiguió incluso terminar el maratón, para despecho de los bárbaros machistas que quisieron sacarla de la competencia. El peor de todos fue uno de los organizadores, quien pretendió detenerla y arrancarle el número. “¡Sal de mi maldita carrera!”, le gritó; pero el novio de Kathy, que corría a su lado, lo puso en su sitio. De todos modos, cuando traspasó la meta fue descalificada.

Cuando se intenta encontrar alguna racionalidad a aquellas restricciones se señala que, en ese entonces (hace apenas poco más de medio siglo), había grandes dudas acerca de que las mujeres fueran, biológicamente, capaces de correr 42 kilómetros. De hecho, no fue sino hasta Los Ángeles 1984 cuando se corrió por vez primera un maratón olímpico femenino. Con su asalto al reino patriarcal, Switzer tuvo un papel destacado en la conquista de las mujeres corredoras.

La guerrera no se conformó con marcar aquel hito histórico. Siguió su performance deportiva y ganó la categoría femenina del Maratón de Nueva York en 1974 y obtuvo el segundo lugar en Boston, en 1975, ocho años después de su desafiante incursión.

Hoy, a los 73 años, sigue interviniendo en competencias, para las cuales siempre solicita que le den el número 261: el que usó en 1967, cuando derrumbó aquella absurda barrera.

ÉPALE 363