ÉPALE289- LA PIEDRA KUEKA

POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE • @ANDESENFRUNGEN / ILUSTRACIÓN RAUSSEODOS

Quien se pasea por el parque Tiergarten de Berlín no verá gran cosota. Se adentrará por una especie de explanada, que bien recuerda al Parque Generalísimo Francisco de Miranda, con mucha grama para que la gente haga picnic, trote, juegue frisbee o se recueste en la yerbita a darse besos con el tierno de turno. En uno de los accesos se divisa el monumento a la diversidad sexual, donde una gran columna de piedra alberga un video oculto en el que parejas LGTBIQAX se dan besos apasionados, y al frente de la entrada del parque se encuentra el impactante monumento a los caídos de Auschwitz (una cuadra completa con cientos de columnas gris plomo de diversa altura y con suelo irregular, que recuerda las escenas animadas de The Wall de Pink Floyd).

Pero a menos de que uno tenga un mínimo de conocimiento de la leyenda de Makunaima pasaría de largo por el parquecito verde que se encuentra a dos cuadras del portón de Brandemburgo, y seguiría tomando foticos en la ciudad más divertida y multikulti de Alemania.

A 100 metros, en el medio del parque, ella: parece una tonina rosada y se destaca por entre el montón de europeos desgarbados color avena Quacker. Serena, y como a la espera, Kueka recibe al público con una cinta rotulada en alemán y español que dice “Liebe – Amor y la placa que afirma que el presidente Rafael Caldera la había regalado al Gobierno alemán para que formara parte del monumento Global Stone. Los vándalos callejeros ya la rayaron de negro a un costado y la acompañan, en círculo, otras cuatro rehenes de piedra provenientes de otros continentes. La disposición de las cinco abuelas coincide con la luz del Sol generando un vórtice energético que le daría paz a una ciudad que aún huele a plomo y  sangre de la II Guerra Mundial. Un bello escenario, de no ser porque Kueka es la abuela de la etnia pemón y fue raptada en 1998 por el artista plástico alemán Wolfgang von Schwarzenfeld, luego de haber pagado una buena suma de dinero con la venia del gobierno previo a Chávez. La abuela fue una princesa pemona en su vida humana. Pecó de enamorarse de un guerrero de su etnia enemiga: un macuxi. Por haberse casado en secreto, cual Romeo y Julieta, el dios Makunaima condenó a los enamorados a abrazarse por siempre como rocas. La abuela Kueka es un jaspe de 30 toneladas y contiene agua por dentro; y el abuelo añora a su amada por constituir, juntos, el equilibrio ecológico de planetas y dimensiones.

La lucha diplomática por el retorno de la abuela Kueka a su hogar en Santa Cruz de Mapaurí ha sido larga, lenta y tortuosa. Similar a los rayones de grafiti que ahora ostenta, las autoridades alemanas han puesto toda clase de trabas burlistas a los indios sudacas que la piden de vuelta. Es ist nur einen Stein (es solo una piedra), afirman.

Kueka se limita ahora solo a callar y a observar a los niños y adolescentes que se le montan encima, mientras conversa con sus otras cuatro compañeras de prisión en Berlín. Quizás les regalan compasión a una sociedad aún enferma de racismo ario.

ÉPALE 289

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