La agonía del balón por saber cuándo

Por Gerardo Blanco @GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

Como en la serie alemana Dark —que subyuga con su intriga de personaje que pueden pertenecer al presente ilusorio, a un pasado infame o al atroz futuro—, el fútbol nacional vive hoy en medio de la incertidumbre, haciendo la misma pregunta de Jonas y Martha, personajes que representan el alfa y el omega, inicio y fin de esta historia circular que arrasa en la plataforma Netflix: ¿cuándo?

El alto mando de los clubes profesionales, liderado por el presidente de la Liga Futve y gerente del Zamora FC, Akram Almatni, anda entrampado en este presente, preguntándose cuándo será que el balón podrá rodar de nuevo por los escenario de la Primera División. ¿Será en agosto como ha propuesto la Liga Futve al Ministerio del Deporte? ¿Se jugará en septiembre? ¿Será que la Federación Venezolana de Fútbol decidirá por cuenta propia, sin consultar a nadie como hizo con el pasado torneo, dar todo por concluido y bajar la santamaría del campeonato hasta un futuro que, como en Dark, puede ser más nefasto?

Lo cierto es que los clubes han regresado a los entrenamientos. Aspiran a jugar como se ha hecho en Europa, sin aficionados en los estadios, que en el caso de Venezuela tampoco suelen sobrar en los graderíos; porque la necesidad económica obliga a desafiar el riesgo que supone la invisible guadaña del coronavirus.

Los contratos millonarios por derechos de transmisión, los patrocinios exorbitantes que reciben los clubes y los millones de empleos directos e indirectos que generan las ligas del viejo continente pusieron fin al confinamiento del balón. En Venezuela no hay canales de televisión que mueran por transmitir los juegos, pero hay que volver a las canchas porque están en riesgo los millones de dólares que otorga la Confederación Sudamericana de Fútbol a los clubes que clasifican a sus torneos: la Copa Libertadores de América y la Copa Suramericana.

Hay que jugar un campeonato, no importa si sólo se disputa en las canchas de Valencia, Puerto Cabello y San Felipe para definir los cupos de los ocho clubes que competirán en las copas de 2021 y recibirán los premios garantizados por Conmebol.

Por quedar campeón o subcampeón del fútbol nacional cada club recibirá cerca de 3 millones de dólares por jugar la Copa Libertadores, mientras que competir en la Copa Sudamericana puede aportar 1 millón de dólares en caso de avanzar a la fase de los 16 mejores del torneo. Para los clubes venezolanos ese dinero es la salvación, una bocanada de oxígeno para su presupuesto.

Por eso, Almatni se pregunta, como el Jonas de Dark, cuándo será ese futuro promisorio. Con el aumento de los contagios en todo el país y la nueva radicalización de las medidas de confinamiento, la única y verdadera prioridad no es el balón, es la vida. Es mejor que ese “cuándo” se prolongue hasta que se pueda jugar sin mayor riesgo.

ÉPALE 380