EPALE 216 ENTREVISTA

DESDE SU PUESTO EN LA AVENIDA MÉXICO, AL FRENTE DE LA ESCUELA EXPERIMENTAL VENEZUELA, CARLOS MATUTE CONVERSA, CUIDA Y VIVE

 POR RODOLFO PORRAS • @EPALECCS / FOTOGRAFÍAS MARYORI CABRITA

La avenida México, que por arte de la odonimia nace al morir la avenida Libertador y se desvanece en tránsito incierto hacia la avenida Universidad, vivió el horror de la Seguridad Nacional cuando Pérez Jiménez, sufrió a los “cascos blancos” azotar sistemáticamente a los estudiantes del liceo Andrés Bello durante toda la Cuarta y ve crecer a miles de niños en la Escuela Experimental Venezuela. Justamente frente a esa escuela legendaria, en la otra acera, se encuentra un puesto de libros, al lado de uno de películas. Alrededor de él pulula una fauna urbana que comenta, discute, reflexiona, bromea, pasa un rato allí, de pie o usando una de las sillas o cajas que son útiles para la lectura, el descanso y la charla. Carlos Matute es el anfitrión. Prefiere la primera persona del plural cuando se refiere a él y, a pesar de cierta liviandad que lo caracteriza, lleva con rigor su negocio. Es claro que conoce el oficio, más claro que lo ejerce con alegría y desde hace un año y dos meses por Alegría.

—¿Por qué crees que te estoy entrevistando?, ¿por qué crees que hay que entrevistarte?

—Bueno, porque somos parte de esta locura rebelde que está en el valle de Caracas, que nos mantiene haciendo y diciendo cosas que consideramos coherentes, consecuentes con el pensamiento insurrecto.

—¿Cómo es que trabajas en la calle y no en un espacio convencional, una librería, una oficina?

—Nosotros a los 14 años hacíamos un periódico, un facsímil. Digo nosotros: un amigo mío llamado Miguel y yo hacíamos un periódico en Margarita. Un periódico de corte libertario. Colocábamos artículos y anécdotas musicales, también pensamiento antimilitarista, más bien anarquista. Eso nos llevó a indagar en otras cosas. Nosotros fundamos, a raíz de esa idea, el Movimiento Loyoliano de Liberación Cultural, una especie de homenaje a Juan Loyola. Comenzamos a montar radios comunitarias por todo el estado Nueva Esparta, grupos de teatro, cineclubes itinerantes. Nunca nos hemos adaptado a las instituciones, pese a que hemos trabajado con instituciones que tienen que ver con el Estado, como Ávila TV, la Escuela Bolivariana del Poder Popular. Con la actividad de la radio, incluso, salimos del país a montar radios en países hermanos como Bolivia, Ecuador; a hacer intercambio pueblo a pueblo a través del cine documental.

Y la calle, este trajín de la calle que no es nada más estar en una acera; es la calle, los carros, la gente que pasa, el malandro, el policía, la buena nota, gente que no conoces. La calle no solamente es un espacio físico, también es un espacio psicológico, abstracto, con unos códigos de uso y unos códigos simbólicos que le pertenecen solo a la calle. Tu estás allí, en ese universo, todo el tiempo. Eso significa algo.

¿Cómo es esa calle como lugar de trabajo?

—La calle es bastante loca. Nosotros llegamos, por lo general, a las 8 de la mañana. Sacamos las cosas del depósito, vamos montando, es nuestro trajín cotidiano. La calle nos da voz, rostro y nombre.

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—¿Tú eres buhonero?

—No, nosotros no nos consideramos buhoneros. Nosotros nos consideramos trabajadores culturales, humildemente. El buhonero maneja una mercancía que para nosotros no tiene ese valor, eso que le puede dar algo de espiritualidad a la vida. Hoy día no solo está la figura del buhonero, está la figura del bachaquero. En torno al libro también hay dos figuras: está la figura del librero y la figura del vendedor de libros. A algunas personas les importa un comino lo que puedan tener a la venta, lo venden porque sí. Es solo una manera de conseguir dinero. Se enfocan más que todo en autores de autoayuda. Nosotros tratamos de buscar otras líneas. Sobre todo Filosofía, que la gente pide muchísimo. Es interesante la venta de libros de Filosofía que nosotros tenemos hoy. Por eso, y por otras razones, no nos consideramos buhoneros. Esto es un bien para el ciudadano, para el habitante de la ciudad como tal. Hay un intercambio: más allá de la compra y venta de libros, la gente se viene a conversar. Esto es como un centro de acopio de ideas. Un centro de acopio de militancia, incluso, aunque no sepamos para lo que estamos militando, más allá del tema con la Revolución Bolivariana.

—¿No estás sobrevalorando este espacio con eso que me dices?EPALEN216_21-23-2

—No, porque esta (señala el espacio) es una manera de echarle vaina a ese montón de ideas, de cosas que no terminan de soltarse. Aquí, más que un puesto de libros, hay un intercambio de saberes, hay algo que se está tejiendo sin que nosotros lo queramos tejer. Y son un conjunto de afinidades que se van formando. Llegan amigos que están dando cursos por acá de literatura o de pintura, llegan compañeros con los que conversamos sobre películas. Y esto nos da un itinerario, unas especie de bitácora para la ciudad, para la calle. Hace rato estábamos conversando sobre la ciudad. Siendo la ciudad todo lo colonizadora que ella puede ser, es en ella donde habitamos. Y desde allí también queremos expresar a viva voz lo que somos.

—¿Cómo es eso de que la ciudad es colonizadora?

—Eso es el gran vestigio que nos queda. Antes de que la ciudad fuera ciudad, esto era un valle. Ahora, siendo nosotros los herederos de todo el colonialismo como tal, vivimos bajo esas reglas, bajo las reglas de un sistema social. Ahora que propugnamos un proceso revolucionario, socialista, bolivariano, incluyente, termina de no morir lo que debe morir. La ciudad que amamos, no debemos dejar de reconocerlo, también es una heredera de la colonia. Hay un sistema social detrás de ella que la maneja. En este caso, un sistema social capitalista.

—A mí me da la sensación de que ejerces cierto liderazgo en este ámbito

—Creo que, más que liderazgo, es un tema de que nos respetamos el espacio. Uno tiene que dejar el espacio limpio cuando se va, limpiarlo cuando llega. Tiene que haber respeto. En la calle, si no actúas con respeto, alguien te va a pasar por encima. Nosotros no hemos asumido un liderazgo.

—Háblame de tus miedos

—El miedo que todos tenemos es el miedo a la muerte. A no dejar nada, sobre todo si se tienen hijos. Pero ese es un miedo con el que no se puede vivir. Hay que superarlo porque la muerte no es un miedo, es una realidad inevitable que está allí. El verdadero miedo, el real miedo, es que se nos agote el tiempo para hacer lo que debemos hacer. Y lo que debemos hacer no es otra cosa que la Revolución.

—¿Qué es la alegría?

—La alegría es la máxima expresión de rebeldía. Es lo que te posibilita estar vivo.

—¿Qué es la rebeldía?

—Es la necesidad de todo ser humano de ser alegre. Por tener una razón de vida.

—¿Qué es alegría rebelde?

—La alegría rebelde es la que nos plantearon en algún momento los zapatistas. La alegre rebeldía que debemos tener para luchar por lo que queremos. Lo que queremos cambiar y lo que queremos obtener. Y Alegría Rebelde es también una niña hermosa que tiene 1 año y 2 meses, hija de una hermosa mujer que se llama Ginet y es mi esposa.

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