POR MIGUEL POSANI • @MPOSANI / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÉPALE284-LIBREMENTEPodemos preguntarnos si somos ambiciosos, pero para ello debemos definir el concepto de ambición. Diríamos que es un deseo intenso y nada inocente que se apodera de nuestro pensamiento, nuestro hacer y de nuestra visión de futuro.

La ambición, más allá de su aceptación cultural por el pensamiento común como algo bello y necesario, pasa por encima de sus características. Es una fuerte necesidad que se liga desde lo infantil; por ejemplo: el niño que entra en una juguetería y lo quiere todo y ya, sin detenerse en nada: ni costo ni tamaño ni cantidad.

En nuestra sociedad y cultura es aceptada y promovida: Él sí es ambicioso y emprendedor.

La ambición se vincula a empuje, a testarudez, a competencia, a concurso, a lucha, dibujándose así un trasfondo negativo que se oculta tras una supuesta naturalidad y cotidianidad, al ser aceptada por todos de manera irreflexiva.

Así se promueve en nosotros el desear y buscar intensa y hasta neuróticamente poder, riqueza o fama, haciéndonos esclavos de estos deseos, sin darnos cuenta de las carencias que queremos rellenar con esta búsqueda intensa y testaruda.

Atención, una cosa son los deseos y otra cosa la ambición por el poder, la fama o la riqueza.

Esta ambición te arrastra, te hace pasar por encima de cualquier persona o principio, porque es parte de tu ego.

El deseo de fama, como el de poder o riqueza, además de ser infantil, esconde una necesidad de reconocimiento y poder: ser más, saltar sobre los demás, dominar a los demás, comprar a los demás, que los demás me reconozcan y me idolatren. Cariño y seguridad faltó, o no fue suficiente.

Querer ser no es un problema. Querer crecer, querer tener más habilidades, conocimientos está dentro de la normalidad. Pero la ambición trasciende esto, y se convierte en un monstruo que nos manipula y maneja a su antojo para lograr poder, riqueza o fama.

La próxima vez que te des cuenta de que estás en una posición o actitud de ambición, sobre todo si es de riqueza, fama o poder, imagínate que alcanzas eso que ambicionas. Entonces, siéntate y pregúntate: ¿y ahora?, ¿qué te colmó?, ¿en qué te sientes saciado? Y si puedes darte cuenta de lo esclavo que te has convertido de tus deseos infantiles, bien; tienes la posibilidad de detenerte y revaluar la importancia de tus ambiciones para que no te manipulen. Y así, tal vez, tener un poco de paz en ti.

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