La apropiación ilegal de calles y el sainete venezolano

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

En un intento por acercarme a la teatralidad venezolana comencé a rastrear manifestaciones teatrales antecedentes de nuestro sainete. Aunque seguramente podríamos llegar a los anales del ser humano, conseguí en la farsa atelana, cuatro siglos antes de nuestra era, un camino probable hacia nuestro objeto de estudio.

Así llegamos, devenido de la juglaresca y la trova medieval, a la Comedia del Arte, con una clara influencia en el sainete. Como los episodios se construían con criterio noticioso, perduraban los personajes, las estructuras, las estrategias narrativas, pero los argumentos cambiaban a la velocidad que marcaba el traslado de un poblado a otro. Las máscaras, que más allá de los antifaces, se refieren a lo personajes, tratan de abarcar tipos humanos. Son mascaras porque detrás de ellas las verdades, las situaciones de abuso, de injuria, de ridiculez o de traición son más fáciles de expresar.

A finales del siglo XVII fue encontrado en un monasterio de los alrededores de Florencia un texto del siglo XVI, “en un toscano poco diáfano”, claramente escrito para la Comedia del Arte, aunque mucho más acabado que el sogguetto típico. El texto cuenta sobre unos malhechores que despojaban no sólo los bienes de la población, sino que se robaban las calles y los caminos; no es que asaltaban en las calles, es que trancaban las calles para ellos, en una abominable combinación de arrogancia, falta total de ética y respeto al prójimo. Lo interesante del asunto es que el mismo argumento lo encontramos en el período de la Comedia de  la Restauración inglesa (siglo XVII), en un texto anónimo que se salía de la temática del momento, más dada a la sexualidad explícita, atribuido por John Dryden —gran crítico de la época— a John Vanbrugh,  y que era un ataque directo a Christopher Rich, famoso empresario teatral, inmerso en lo que se llamo “La guerra de los teatros”. Mas extraño aún, y es lo que le da sentido a esta pesquisa de la teatralidad venezolana, es que la historia se vuelve a repetir en un texto de un tal Reinaldo Zambrano Pacheco, escritor que no figura en ningún lado, sólo como posible seudónimo de Rafael Bolívar Coronado, quien, como todos sabemos,  escribió una zarzuela, que era más sainete que zarzuela, con música de Pedro Elías Gutiérrez que lleva por nombre “Alma Llanera”. Dicen los estudiosos que esa nefanda acción de comprar casas, con el dinero robado a los pueblos, para después robarse la calle entera, con aceras y todo, sigue generando piezas teatrales y otras ficciones.

ÉPALE 380

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