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EL PADRE DE LUIS FREITES ADQUIRIÓ UN BAJO ACÚSTICO CUANDO SU HIJO TENÍA 12 AÑOS, SIN PENSAR QUE ESTABA DECIDIENDO EL FUTURO DE QUIEN HOY ES CONSIDERADO UNO DE LOS MEJORES EN EL INSTRUMENTO

POR ÁNGEL MÉNDEZ  ⁄ FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

La bullaranga era indescriptible. La mescolanza de sonidos arropaba por completo el Complejo Cultural Teatro Teresa Carreño al momento de hablar con Luis Freites. Un “arriba” y un “abajo” etiquetados por el gusto añejo y el contemporáneo. Arriba, en La Patana, los jóvenes y uno que otro “prolongado” disfrutaban de una moderna agrupación de “swing con sobrado son”: La Séptima Bohemia; en tanto, en el local de abajo, Ajíes, los “chamos” de El Sexteto Juventud, con 53 años a cuestas, arrullaban con “La cárcel”, “Mi calvario” y tantas otras melodías bailadas por varias generaciones. Aún Olinto se pone la peluca y deja escuchar el güiro.

Nuestro personaje, Luis Alberto Freites Armas, es uno de los “hacedores” de La Séptima Bohemia. Una agrupación que nació con la intención de “modernizar” el son cubano bajo la tutela de Santiago Tovar, un veterano tresero que dejó huella en el Sonero Clásico del Caribe, conjunto del cual fue fundador junto con el recordado Pan con Queso. Él y Juan Castro son los únicos sobrevivientes de ese conjunto.

Luisito forma parte de una trilogía. Nació el 27 de agosto de 1980 “a las 2:00 de la tarde de un día jueves. El único que escogió la música como profesión fui yo, pero creo que fui acertado en la escogencia, porque me considero ‘un tipo’ feliz”. Así es.

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—¿Nunca se te ocurrió estudiar otra cosa?

—En lo absoluto. Yo sabía cuál era mi destino y escogí ese camino. Afortunadamente mi papá me apoyó en todo momento. Él es un melómano consumado, coleccionista de discos de vinilo y se tutea con los capachos. En mi casa siempre se escuchó buena música… Yo tomaba una escoba y con la boca hacía el sonido del bajo, quizás fue por eso que mi papá, un buen día, se apareció con un contrabajo que le compró a José Heriberto Escobar, quien fue mi primer profesor de música. Yo tenía como 12 años y desde entonces comencé a “sobar” el instrumento.

 

—¿Pero tú eres académico?

—Claro. Estudié en la Escuela de Música Lino Gallardo, eso fue como a los 14 años. Fue mi tutor el profesor Pedro Mauricio González.

La entrevista es interrumpida a cada rato por las admiradoras. Es un chamo. Nos presenta a su novia, quien parece entender la profesión. Él dice que no es celosa, pero no se pela un baile de La Séptima Bohemia. Luisito también trabaja con el maestro Andy Durán y ya cuenta 12 años en la poderosa banda del connotado músico. Dice el bajista que con Durán ha aprendido mucho, particularmente los secretos armónicos de Tito Puente y Tito Rodríguez, de quien Durán es consabido fanático.

“Antes de entrar con el maestro Durán estuve  con la banda de Liz… A la par de mis compromisos con Andy Durán, junto con Luis González fraguamos la formación de La Séptima Bohemia, eso fue en 2009. Un proyecto que llevamos a la realidad, junto con otros músicos hermanos que hoy están fuera del país. Nosotros apostamos al esfuerzo de hacer un nombre y un público… creo que lo hemos logrado. Como buen tresero, Luis González es amante del son cubano y se buscó al mejor en el instrumento: el maestro Santiago Tovar. Así empezamos, lo demás es historia. Hemos consolidado nuestro nombre y trabajo no nos falta…

—Por cierto, ustedes le grabaron un CD al Alacrán…

—Acabamos de grabar un disco muy bonito que llamamos Tumbando caña. Pude hacerle todos los arreglos a los números interpretados por el maestro Santiago. Adaptaciones de temas que ya habían sido grabados y uno inédito: “Hortencia”. La idea era adaptarnos a la sonoridad impuesta por Tovar. Algo peculiar en este CD es que la grabación es completamente acústica, no hubo instrumentos “plugiados”. Pudimos jugar con los distintos colores de sonido que arroja cada instrumento… Estamos grabando un CD en vivo. Ya está listo y lo estamos procesando. Allí viene un tema que pudiste escuchar hoy, donde logramos una total interacción con el público. Se llama “Déjalo así” y lo canta Gonzalo Díaz.

—Dada tu juventud es lógico que te pregunte ¿hasta dónde quieres llegar?

—Mira, yo lo que quiero es brindarle a mi país muchas satisfacciones. Creo que al país hay que darle mucho cariño y pienso que a través del arte podemos darle no solo cariño sino muchos motivos de orgullo. En Venezuela las propuestas musicales que se hacen tienen una magia especial, no solamente a nivel de salsa, creo que también en el ámbito popular; en lo académico, ni hablar. Nuestro norte es ofrecer el mejor producto, allí está el secreto y… seguir luchando por una Venezuela siempre mejor, porque, en lo que a música se refiere, somos privilegiados. Podemos adaptarnos a cualquier estilo, por nuestra situación geográfica manejamos mucha información. Esa es una gran ventaja y debemos aprovecharla. Esa es la premisa.

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