ÉPALE287-PLAZA CARACAS

NUESTRA  GENTE SE ENTRETEJE, MÁS QUE POR CATEGORÍAS, POR UNO O VARIOS SENTIMIENTOS. CARAQUEÑ@ ES UN ESPÉCIMEN QUE AMA Y ODIA A SU CIUDAD, QUE SE CRUZA EN SUS VERICUETOS CON LA VELOCIDAD DE LA TRANZA, QUE RESISTE A PARTIR DE LA SONRISA Y QUE HA EVOLUCIONADO TANTO COMO LO HAN IMPUESTO LAS FUERZAS ESOTÉRICAS QUE MANAN DESDE EL WARAIRA REPANO HASTA DESCARGAR EN LOS CAUDALES DEL GUAIRE

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

No se debe decidir la compra de un pantalón strech para dama si no se ha pasado antes por el mercado popular de La Hoyada, en todo el Centro, como a 30 pasos de la estación del Metro y a 20 del terminal del Nuevo Circo. No se distraiga mirando hambriento los cuerpos sediciosos que se deslizan entre los pasillos hasta confundirse con los maniquíes de tetas inflamadas. Tampoco intente sobar una teta porque puede que esa belleza encapsulada en la tersura del rímel no sea un maniquí. Hable con el colombiano del puesto del tercer pasillo. Es un paisa chato de acento acrisolado, que el viernes a las 4 de la tarde desata una orgía de champeta con vibración inofensiva, mientras le hacen rueda Jeison, Maiquel José, Randol, Jefelson, La Negra” Pink, Riana y Martica, quien recién llega de Santa Marta. No intente bailar pues, probablemente, no lo dejen ingresar a ese círculo hermético de alegría inescrutable, pero observe el paisaje de la felicidad que se hermana con una honestidad imposible de hallar en otros predios. Tampoco torne hacia la esquina de Curamichate, donde cuentan los amigos que se fraguan épicas batalles de amor pactado, con la esperanza de morir fulminado aunque sea por besitos de alquiler.

Foto Enrique Hernández

Foto Enrique Hernández

Caracas está de fiesta en las esquinas, entre el Waraira Repano y las riberas del Guaire, en el presuroso andar de los transeúntes que abandonaron las aceras demolidas para adueñarse de la calle con la velocidad de la chanza, la misma que utiliza para procurarse el pan de cada día a través de la oferta diligente que le hace virar el timón de su destino hacia esa Ítaca abastecida que es la bodeguita de avenida abajo, donde hay arroz, azúcar, café y harina más barato que en cualquier otro rincón del universo.

Que nadie diga que la ciudad es un feo esperpento. Nadie repita, parafraseando al peruano Sebastián Salazar Bondy, que es “Caracas la Horrible” si no se ha paseado por las gargantas de las Torres de El Silencio, donde una tienda de fruslerías, que se desborda sobre el pasillo norte, exhibe a destajo los peluches más roñosos de todo el Caribe mientras una procesión de jóvenes amantes, en busca de su primera contienda carnal, desfilan comparando precios, prometiendo paraísos (o simulacros, a decir de Benedetti) y aprovechan el embeleso de la jeva para tocarle una nalga por culpa de una mano resbaladiza. Sí, claro que lucirá cualquier excusa para internarla por esos atajos inciertos de La Concordia, como quien busca el Santo Grial entre la Basílica de Santa Teresa y la iglesia Adventista diagonal a la plaza para, al final, invitarla al hotel Gardenia Cristal que, si bien no es un resort veraniego en Cancún, ofrece una punta de estrella, paños secos y agua en pipote por el tema de la escasez del vital líquido.

“Los caraqueños han aprendido a querer a su ciudad aun en los rincones donde es fea y desatinada”, advertía, con acento sureño, el periodista argentino Tomás Eloy Martínez, quien se asombraba de nuestra fascinación por el marroncito, el atardecer entre ardillas y palomas en la Plaza Bolívar, las caries de los cerros, el raspado con los colores del arcoíris, el regateo en las quincallas de El Silencio, las flores de María Lionza, los carros montados sobre las aceras, un licor de guayaba fermentado en Catia. “La ciudad es como es, desordenada y absurda, pero si fuera de otro modo, los caraqueños no podrían amarla tanto”.

Aquí se baila todos los días

Aquí se baila todos los días

FESTIVA Y SOLIDARIA

Si bien se encuentran en las antípodas, entre Los Palos Grandes y San Agustín se cocina el mismo meneo. Se lo leí en estos días, por
Facebook, al psicólogo Leoncio Barrios. Contaba que de 10 am a 1 pm, de un sábado cualquiera, estuvo dándole al esqueleto en una jornada de baile al aire libre en la urbanización del Este. En la tarde se fue al Oeste a encontrarse con unos panas que desarrollan la investigación Caracas de Noche, a fin de observar cómo expira el día en ese polo meridiano de la urbe y su legítimo gozo insurgente. Allí se convenció de que “San Agustín es música, es sabor genuino y que ese debe ser mi lugar en Caracas. Sobre todo de noche, porque San Agustín vive de noche, como me dijo un vecino, y no se refería a los malandros, por supuesto que no, sino a la gente que llega al bulevar recién bañada, peinada, con sus galas de recién vestida a compartir con los vecinos, a que los niños y niñas jueguen y se impregnen de música, que los jóvenes se cortejen y gocen…”.

“El caraqueño es guerrero antes que trabajador”, afirma Juan Carlos Ugueto, psicólogo con maestría en Relaciones Internacionales. “Es rebelde ante la dominación, tanto en el ámbito personal como en lo laboral. Es solidario, conversador, interesado por la vida del otro, contrario al hermetismo de los pueblos del Norte, a los que les cuesta confiar”.

“UNA CIUDAD COMO CARACAS, DESDE MI PUNTO DE VISTA, DEBE ENTENDERSE DESDE SU CONDICIÓN DE CIUDAD HETEROGÉNEA, DIVERSA. HE PLANTEADO QUE LA CIUDAD ES ‘HOMOGÉNEAMENTE HETEROGÉNEA’”

(TERESA ONTIVEROS)

“Es cierto, de igual forma, que cuando hablamos de Caracas y su gente nos viene a la mente una ciudad cargada de contrastes. En lo que se refiere a lo físico-material es evidente el dominio en el paisaje de los espacios autoproducidos, los territorios populares urbanos (barrios), los cuales constituyen territorios envolventes, que trazan y demarcan una lógica en el mundo de lo urbano. Una ciudad como Caracas, desde mi punto de vista, debe entenderse desde su condición de ciudad heterogénea, diversa. He planteado que la ciudad es ‘homogéneamente heterogénea’”, advierte la antropóloga y docente Teresa Ontiveros.

“La vida, en verdad, es todo un trabajo”, pronuncia una dama marcada por cicatrices en su rostro, quien sale de la estación Pérez Bonalde del Metro de Caracas. Su acompañante, otra dama enjuta y peripuesta, le responde: “Pero igual, no te tragues nada”, a lo que contesta: “Yo solo me trago la comida”, y avanzan tomadas de la mano a la vera del bulevar y dando brincos entre mercachifles, bachaqueros, portugueses y canarios quienes, juntos, forman una mixtura apelmazada entre el frenesí de las lenguas de la Torre de Babel y el olor a especies ancestrales que mana desde el mercado de Catia, donde conviven todas las razas y las trampas.

Ugueto, psicólogo de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES), desde hace siete años, encuentra en lo caraqueño otro rasgo distintivo: “Le gusta compartir su fortuna, tanto material como espiritual, pero las ideologías sociales nos pueden llevar a asumir la explotación, la dominación del otro; una conducta que, de hecho, da origen a nuestra civilización actual y que está detrás del modelo socioeconómico e ideológico imperante”.

También lo advierte el psicólogo clínico y coach neurointegrativo Wladimir Oropeza: “¿Y eso que Miranda llamó bochinche? Como bien sabes, prefiero entenderlo en dos sentidos. Primero: nuestro amor al se acata, pero no se cumple, gestor de cierto grado de caos. Esto lo sigo escuchando con cierta frecuencia en la calle: ¡En nuestro país se hace lo que se venga en gana. Esto tiene que ver con nuestro bajo nivel de autorregulación, es decir, nuestro bajo grado de control de los impulsos. Segundo: el tremendo gusto por el sarao, las celebraciones, fiestas que nos permitan reconectarnos con la alegría de vivir, el placer por la vida, la búsqueda socializada de la diversión. ¿Nuevas formas de manifestación o variaciones sobre un mismo tema?”.

La sedición de las curvas colonizó la ciudad. Foto Michael Mata

La sedición de las curvas colonizó la ciudad. Foto Michael Mata

SENSUAL Y CHANCERA

Históricamente, Caracas ha destacado por su condición rebelde, fraguada por igual entre los altos valores que dignifican al hombre y a la mujer y los que los pervierten, siempre, claro está, desde el cristal con que se mire. El historiador español Mariano Torrente escribió en 1829 sobre la capital de Venezuela: “Ha sido la fragua principal de la insurrección americana. Su clima vivificador ha producido los hombres más políticos y osados, los más emprendedores y esforzados, los más viciosos e intrigantes y los más distinguidos por el precoz desarrollo de sus facultades intelectuales. La viveza de estos naturales compite con su voluptuosidad, el genio con la travesura, el disimulo con la astucia, el vigor de su pluma con la precisión de sus conceptos, los estímulos de gloria con la ambición de mando y la sagacidad con la malicia”. Casi 200 años después ¿una descripción vigente?

Es como negar la sensualidad implícita en las transacciones más elementales de la cotidianidad. La sinergia voluptuosa de las carnes, el poder coercitivo de las curvas que desfilan desafiantes y empoderadas por las aceras de la ciudad con las mujeres más bellas de todo el planeta, establecido así por la estadística superficial de los concursos de belleza y fácilmente comprobable a través de la observación in situ. No sé qué tienen las chicas lindas / que de Caracas / con su caminar tan sabrosón / que a todo el mundo arrebata, cantaban, enamorados, los maracuchos de Guaco. Tanto que, según Misael Salazar Léidenz, en su insólito tratado Geografía erótica de Venezuela, destacaba en el caraqueño al que consideraba tímido la necesidad de acudir al refuerzo artificioso para responder adecuadamente al influjo de la pasión: “E hicieron su aparición la yohimbina, los fosfatos vitaminados, el yoduro, el mentol chino, el ginseng, el KH3, la vitamina E y muchos otros menjurjes que se convirtieron en panaceas, ya que, a veces, la oferta curativa iba desde erradicar la caspa, vacunar contra lo sabañones hasta servir de afrodisíaco”. Hoy reina un amigo taciturno llamado Viasek.

“CARACAS HA SIDO LA FRAGUA PRINCIPAL DE LA INSURRECCIÓN  AMERICANA. SU CLIMA VIVIFICADOR HA PRODUCIDO LOS HOMBRES MÁS POLÍTICOS Y OSADOS, LOS MÁS EMPRENDEDORES Y ESFORZADOS, LOS MÁS VICIOSOS E INTRIGANTES Y LOS MÁS DISTINGUIDOS POR EL PRECOZ DESARROLLO DE SUS FACULTADES INTELECTUALES”

(MARIANO TORRENTE)

Mariano Picón Salas en su particular “Retrato de un caraqueño”, medio siglo atrás se conmovía: “Y en extraña dualidad, en conflicto de valores y estilos parece ahora moverse el alma del habitante de Caracas. Hace apenas dos o tres lustros se les educó al tradicional modo romántico suramericano, en que el mundo de las emociones contaba más que el mundo de los cálculos”. Cuesta imaginarse que esa ecuación aplique en estos tiempos: si algo hacen el caraqueño y la caraqueña, en esta era de inflación y colapso de los servicios, es calcular. Nadie está seguro en la ciudad si no enumera los pros y contras de las contiendas más domésticas. Esto ha dado origen a una caraqueñidad chancera, que se aprovecha de la circunstancia, que se introduce en las maestrías dudosas y en la solución fácil en procura de la supervivencia.

Caracas se llama también "hora pico"

Caracas se llama también “hora pico”

“Se viene produciendo un aprovechamiento de los otros, de manera generalizada y violenta hay un aprovechamiento del dolor ajeno, del hambre ajena, de la salud del otro, de la muerte del otro; gota a gota mostramos el rostro de la crueldad y del egoísmo. Ciertamente, los rostros del individualismo, de la perversidad, de la competencia; asombrosamente, aspectos que han caracterizado a la sociedad capitalista, patriarcal, heteronormativa”, asoma Ontiveros, especialista en Antropología de los Territorios Populares y Espacio Público.

Juan Carlos Ugueto, quien también es ingeniero mecánico graduado en la Universidad de Ottawa, Canadá, agrega: “Por supuesto que las presiones sociales y psicológicas actuales hacen que cedan algunas de los rasgos sociales y de personalidad positivos, al forzar un modo de sobrevivencia que favorece la desconfianza, el desdén y una actitud individualista de sobrevivencia del más apto que está codificada, inclusive, filogenéticamente. Esto quiere decir que es natural (en tanto que está codificado en nuestro saber-hacer y nuestra síntesis socio-histórica-civilizacional), bajo presiones sociales, adquirir una conducta de asecho, de pelea y huida, lo cual puede manifestarse en la acumulación indebida que tanto observamos en el sector comercio (formal e informal), por ejemplo. Todo como correlato de la crisis.

“PARA ALGUNOS, EN LA CARACAS COMPLEJA Y MUTANTE DE ESTA ETAPA DEL SIGLO XXI,  LA CONSIGNA ES RESISTIR A TRAVÉS DE LOS GESTOS COTIDIANOS DE ALEGRÍA”

Wladimir disiente de la posibilidad de señalar cualidades de la caraqueñidad en términos “maniqueos”, entre el blanco y el negro, pues bajo determinadas condiciones pueden surgir nuestras luces o sombras. “Entonces, tenemos elementos que contribuyen a generar una u otra, y dentro de la situación actual de crisis, obviamente, hay factores que se suman a generar, por ejemplo, más actos de maledicencia: la dificultad de acceder a los alimentos o de satisfacer las necesidades básicas, el hacer colas inhumanas, el no poder disponer del propio dinero como antes, los problemas de transporte (viajar en el Metro a las horas pico es caldo de cultivo para episodios de violencia), etcétera”.

Según los expertos, Caracas se ha debatido siempre entre sus luces y sombras

Según los expertos, Caracas se ha debatido siempre entre sus luces y sombras

Para algunos, en la Caracas compleja y mutante de esta etapa del siglo XXI, la consigna es resistir a través de los gestos cotidianos de alegría. A muchos le resulta increíble que aún se atiborren las tascas y las fachadas abiertas de las licorerías, o que una abuela insurrecta instale un sillón en medio de la acera para ver pasar la tarde en la subida de El Manicomio, como si la manera más sublime de celebrar la existencia no fuera reiterar lo que fuimos.

A otros les ha dado por abandonar el barco y zurcir su narrativa, bajo el sopor nostálgico de la despedida, haciendo alusión permanente a un prolongado adiós que se pasea por entre los trámites de la apostilla, las compras del pasaje, la selfie con la Esfera de Caracas de Soto ubicada en la autopista Francisco Fajardo como telón de fondo, el plan de huida y las rutas probables por tierra o por aire como única solución a este desparpajo.

Escribía Adriano González León: “Esta es nuestra ciudad. Loca, arbitraria, llena de ruidos, injusta a veces, agresiva, injuriosa, desabrida y horrenda. Pero es nuestra ciudad. Sea cual fuere la dimensión de la catástrofe, no podemos abandonarla. Si nos vamos, el cataclismo será mayor”.

Con estas últimas líneas, yo me quedo.

ÉPALE 287

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