La coca y Diego

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO
ILUSTRACIÓN ERASMO SÁNCHEZ

 

Un pase de cocaína significa, según los expertos, una experiencia artificial de euforia y aumento de energía, disminución del apetito, estado de alerta y falsa sensación de agudeza mental. Los investigadores dicen que puede ocasionar hipersensibilidad a la luz, el ruido o el tacto, también puede producir paranoia, aumento de la temperatura corporal, dilatación de las pupilas. Provoca unos niveles altísimos de dopamina, que es la sustancia que nos hace sentir placer en el organismo.

Se le consume, en la mayoría de los casos, para extender la rumba, bailar, conversar y socializar sin parar, estar aquí y ahora sin expresar síntomas de agotamiento. A diferencia del efecto sedante de la marihuana, la coca estimula la hiperactividad pero con la misma, exige del consumidor dosis cada vez más frecuentes y elevadas hasta que su poder vasoconstrictor origina un gran aumento de la presión arterial que puede desembocar en un infarto de miocardio, un ictus o muerte súbita cardiaca.

Maradona no negó su adicción: “Probé la droga por primera vez en Europa, en 1982. Tenía 22 años. Y fue como para creerme vivo. Probé droga en el fútbol porque allí, como en todos lados, hay droga. Siempre existió. No soy el único. Muchos lo hacían”, confesó.

En una célebre autoentrevista de la televisión argentina, una década atrás, advirtió: “Yo con la cocaína daba ventaja, me drogaba, no dormía, luego consumía y después tenía que salir a la cancha. Yo no saqué ventaja deportiva, yo le di ventaja al rival”.

En sus propias palabras, lejos de lo que se ha mitificado para el escarnio, la coca no fue para él la solución sino el problema, que lejos de consolidarlo en la cancha lo remitía a una dura enfermedad, cuya vorágine implica la necesidad de consumir más.

“Para el que se droga cuando te viene el bajón tienes que drogarte para seguir, y eso es una cadena. Ahí es cuando te viene la desesperación de no poder salir, ese era el miedo, no poder llegar al final”, subrayó.

No fue mejor futbolista por ser drogo, como se ha intentado establecer para desacreditarlo. Los efectos de la coca no fueron responsables de La Mano de Dios ni de su danza mágica y atrevida frente a la selección inglesa en aquel clásico encuentro por los cuartos de final de la Copa del Mundo México 1986, donde anotó el mejor gol de la historia.

Por el contrario, la cocaína, su efecto sobre el cuerpo atribulado por la ansiedad y devastado sintomáticamente, impidió que irrumpieran muchas otras manos milagrosas y muchos más goles milenarios.

A decir verdad, la cocaína lo alejó de ser el gran futbolista que pudo haber sido.

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