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LA ARQUITECTURA DEL CENTRO DE CARACAS ENCUENTRA EN ESTE REDUCTO URBANO LA MIXTURA MÁS HETEROGÉNEA. LA CONCORDIA, EN SUS DISTINTOS TIEMPOS, SE CRUZA ENTRE LO MEMORIOSO Y LO DECADENTE, URGIDA DE UN TRATO RESTAURADOR QUE LE PERMITA RENACER DESDE SUS VIEJAS GLORIAS. AUN ASÍ, ES UN CORREDOR ATREVIDO DE LA PARROQUIA SANTA TERESA QUE RESULTA BELLO Y SORPRENDENTE  

POR MARLON ZAMBRANO @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

ÉPALE284-MIRADAS 1Don Alfredo prefiere no hablar. Está enfermo, una infección de la garganta. Se apoya sobre el marco de la puerta de su negocio y observa hacia la esquina de Cipreses, edificio San Andrés, donde laboró por 45 años en el antiguo Foto Estudio Zendas, que retrató a media Caracas. Irradia nostalgia. “Esto siempre ha sido bello, ahora más peligroso que antes, pero siempre hay oportunidad de ver pasar la vida, la algarabía de los muchachos, la frescura de las mañanas, las mujeres más lindas, la amistad…”, se detiene en el aire, se introduce en un largo pasillo sin aliento, se le acristala la mirada, no llora. Casi.

NO ES SOLO LA CIUDAD COLONIAL DE LOS SOLARES ÉPALE284-MIRADAS 2ADOQUINADOS Y LOS PORTALES ART DÉCO QUE FLORECIERON BAJO EL INFLUJO DE CARLOS RAÚL VILLANUEVA, ES TAMBIÉN LA CARACAS CUYA MIRADA E IMAGINARIOS HAN CAMBIADO

La Concordia se abre, desde sus fachadas, como una cayena floreciente que se apoltrona sobre sus cuatro esquinas memoriosas: Hoyo, Hospital, Cárcel y Castán aprietan en sus fauces una cartografía de la ciudad audaz, riesgosa, exuberante, conventual, anecdótica, divertida. Se sobrepone airosa a las miradas que hacen un resumen despótico del centro de Caracas. “Horrorosa”, dicen algunas voces espantadas. “Zona roja”, estereotipa la prensa, que se conforma con la narrativa de la ciudad decadente y que encuentra fascinación mercantilista en el desastre, porque el metro cuadrado de terreno del Centro se cotiza en dólares y la especulación inmobiliaria siempre será una gran razón para imponer el miedo, y así comprar barato y revender con sobreprecio bajo la usura implícita en las falsedades del discurso dominante.

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ÉPALE284-MIRADAS 4No es solo la ciudad colonial de los solares adoquinados y los portales art déco que florecieron bajo el influjo de Carlos Raúl Villanueva, es también la Caracas cuya mirada e imaginarios han cambiado. La mayoría de sus habitantes no frecuenta ya esos espacios saturados de pasado, que el paisanaje usa como centros de significación; los fantasmas se han retirado, y hoy los edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela le imprimen celeridad y pasión a las calles, compadrazgo y cercanía.

Si usted se pasea por la Plaza Francia en Altamira es posible que se pueda hacer unas fotos desde los puentes del río Sena de París, con gigantografías como telón de fondo. Entre las cuatro esquinas de la plaza La Concordia y más allá, de Dos Pilitas o Candilito, entre la Baralt y la Lecuna, la imagen al fondo puede ser la pared desconchada del edificio El Hoyo, con sus ventanales modernistas tapizados de hiedra de jardín, un misterioso pasadizo de escaleras que se entrecruzan como una filigrana oculta detrás de una inmensa reja de hierro cernido.

Desde el edificio Bellevue, con su balaustrada de amarillo aceitoso, pueden surgir ÉPALE284-MIRADAS 5los prodigios de tiendas que ofrecen, sobre todo, repuestos eléctricos y ferreterías. Como los edificios Tomalite, Chiquinquirá o Miracielos, con su acero, concreto y cristal vanguardista, que alguna vez fueron prestigiosa integración de regiones urbanas, amplitud y funcionalidad del espacio y hoy se resiste a caer despedazados por la fuerza de la inercia.

CON LA CELERIDAD DE QUIEN SABE QUE NO HAY DEMASIADAS OPORTUNIDADES EN LA CARACAS DEL BACHAQUEO, PARA LA QUE SIN EMBARGO NINGÚN GESTO DE SOLIDARIDAD LE ES AJENA, AUNQUE RETOÑE DESDE LOS DESPOJOS DE LA VIEJA ROTUNDA

Cuando la pensaron arquitectos como Villanueva, Jesús Sandoval Parra, Tomás Lugo Marcano, Fruto Vivas, Max Pedemonte, Felipe Montemayor, Erasmo Valvani y Luis Sully, la ciudad naciente, de arquitectura moderna, propuso un nuevo orden formal que expresara el espíritu de los nuevos tiempos, caracterizados por las transformaciones sociales y por el desarrollo de la tecnología. Nacieron edificios como Cipreses, Bradford, San Andrés, A. García, Castán, Belmonte, con la búsqueda de una nueva estética que cuestionara la composición y el eclecticismo propios de la arquitectura académica, pretendiendo superar los estilos históricos por medio de la eliminación del ornamento y de la creación de formas abstractas.

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La vivienda colonial quedó enclaustrada en medio de la novedad. Los corredores pasaron a reiterar el eco sordo de la memoria, paseándose por entre los techos a dos aguas cubiertos de tejas, sus puertas y ventanas adinteladas, paredes de horcones y mampostería de bahareque, cornisas con molduras decorativas y corredores internos de columnas de madera, donde hoy funcionan pensiones baratas, habitadas por trashumantes buscando fortuna en la capital, o colegios privados donde el escándalo de los niños espanta a las ánimas de toda La Concordia y sus alrededores.

“Señora Delia ¿usted va a querer el pancito dulce con quesito guayanés?”, le pregunta una matrona a otra mientras retozan en los banquitos de la renovada plaza que recuperó la alcaldía del municipio Libertador en 2015. Sobre esos pies cansados de las mujeres reposadas tras las batallas de la cotidianidad, le responde: “Muchacha, pa’ luego es tarde”, con la celeridad de quien sabe que no hay demasiadas oportunidades en la Caracas del bachaqueo, para la que sin embargo ningún gesto de solidaridad le es ajena, aunque retoñe desde las despojos de la vieja Rotunda, donde Gómez enterró en el ostracismo a sus enemigos políticos, como el escritor José Rafael Pocaterra, quien la inmortalizó en Memorias de un venezolano de la decadencia: “Luces. Los timbres de un tranvía. El raudo soplo de un automóvil. El grito de un vendedor. La carcajada de una ramera. Para el coche. Descendemos”.

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