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HUMANAMENTE VARIOPINTA, LLENA DE PUEBLO, LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE COMENZÓ SUS LABORES CON UN ENCUENTRO EN EL POLIEDRO DE CARACAS, NUEVO EMBLEMA DEL PAÍS ERGUIDO CONTRA EL MALANDREO POLÍTICO. EL SÁBADO 5 SE INICIÓ EL TRABAJO CON UNA SESIÓN EN DOS TANDAS, TRES RECTAS DE 100 MILLAS Y UN CURSILLO INTENSIVO DE
PARLAMENTARISMO

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • CLODOHER@YAHOO.COM

Lo primero que cambió la Constituyente fue el significado de la frase “eso me suena a Poliedro”. Se trata de un refrán caraqueño de finales del siglo pasado que se usa cuando alguien quiere meterlo a uno en un cambote para acusarlo de algo. Por ejemplo: “Aquí la gente le mete chismes al jefe”, dice un empleado, y otro, que se siente aludido, reclama: “Eso de ‘la gente’ me suena a Poliedro”.

Entonces me miró y sonrió. Foto Michael Mata

Entonces me miró y sonrió. Foto Michael Mata

El nuevo significado del sonido “a Poliedro” se refiere al valor que tuvo el local de espectáculos caraqueño como centro de votación de contingencia el 30 de julio: lugar donde miles de caraqueños fueron a manifestar su apoyo a la Constituyente, a pesar de las amenazas de los violentos, el emblema de un país erguido contra el malandreo político.

La primera reunión de los miembros de la ANC fue allí, el miércoles 2 de agosto, con el presidente Nicolás Maduro, padre de la criatura. Y ese día el Poliedro sonaba a pueblo, en su más amplia acepción. Gente variopinta, expresión de la diversidad, tal vez no política (porque la derecha no quiso) pero sí humana. Desde personajes muy bien trajeados y encorbatados hasta hombres y mujeres que acababan de llegar a Caracas con sus zapatos gastados de pueblo sufriente.

Desde un primer momento, y aun a simple vista, aquella legión de los constituyentes podía dividirse en dos: la gente común y los gurúes del partido. En las primeras de cambio, los comunes lucían deslumbrados por muchas razones, entre ellas por la posibilidad de interactuar en pie de igualdad con los gurúes. También porque hasta hace cuatro meses estar en un organismo como la ANC no figuraba ni en sus sueños más extravagantes. Desde luego, otra de las razones para estar deslumbrados es porque Caracas —a pesar de todos los pesares— es deslumbrante, y muchos de esos constituyentes comunes nunca habían estado en la capital.

Un veterano de grandes batallas contó, confidencialmente, que la división entre gurúes y comunes podía apreciarse en las actitudes. Algunos gurúes se mostraban sobrados, vanidosos, veleidosos, divos. En los comunes, en cambio, predominaba la emoción, la angustia ante la gran responsabilidad y la humildad de declararse necesitados de guía.

PRIMERAS RECTAS DE 100 MILLAS

La primera reunión de toma de decisiones de la ANC fue el sábado 5 de agosto y se dividió en dos mitades, una en la mañana y otra en la tarde. Entre ambas hubo, al parecer, una especie de cursillo intensivo de parlamentarismo. La gente con experiencia en el funcionamiento de cuerpos deliberantes puso orden en el Salón Elíptico, luego de un arranque un poco disparatado. Había que cumplir ciertas formalidades como, por ejemplo, abrir los derechos de palabra para considerar los temas y, luego sí, votar. Y era mejor votar mediante la señal de costumbre (levantando la mano), no armando un zafarrancho aclamatorio, como si fuera una reunión del partido.

El ambiente tumultuario había asustado incluso a Diosdado Cabello, quien, con una discreción un poco extraña en él, hizo un llamado a evitar cualquier manifestación que pudiera ser interpretada como de linchamiento. Lo que quiso decir fue algo así como: “Camaradas, no estamos en Con el Mazo Dando sino en un organismo que ostenta nada menos que un poder supraconstitucional”.

Los Colectivos haciendo el trabajo colectivo. Foto AVN

Los Colectivos haciendo el trabajo colectivo. Foto AVN

Resultó un primer paso para luego agarrar mínimo. Después de todo, las tres primeras decisiones de la ANC no fueron poca cosa: acordar que ella misma estará en sesiones al menos por dos años; destituir a la fiscal general y nombrar al sustituto; y declarar la emergencia en el Ministerio Público. Tres rectas a más de 100 millas que poncharon a gente de afuera, pero también muchos de adentro.

Muchos (dentro y fuera) se quedaron esperando otros tres rectazos de humo en materia económica. Pero ese sábado no hubo más lanzamientos.

En la tarde, la presidenta Delcy Rodríguez se mostró más segura acerca de lo que debía hacer para dirigir ese monstruo de 545 cabezas (incluyendo la suya propia). En la mañana, tal vez, los nervios la traicionaron. Tanto que, incluso, suspendió la sesión “por 5 minutos” para que llegara el defensor del pueblo, Tarek William Saab, y proceder a juramentarlo como fiscal general. “¿Será que Tarek está en El Techo de la Ballena leyendo poesía?”, pensó uno, a sabiendas de que la librería queda a una cuadra del Salón Elíptico. Como cabía suponer, la espera fue mucho más larga y, además, era hora de almuerzo y no resulta nada fácil coordinar la comida de más de medio millar de bocas. “Dieron una cajita feliz. Estuvo buena”, contó uno de los comensales. El receso, que duró más de tres horas, sirvió (a Dios gracias) para que todo el mundo se serenara un poco.

Entre los que se concentró mejor en horario vespertino estuvo el secretario Fidel Vásquez, quien, al parecer, no había llevado la tarea en la mañana, es decir, el acta de la sesión del viernes, cuando se tomó posesión del Salón Elíptico, se reinstalaron los cuadros de Bolívar y Chávez en el Palacio Legislativo, se eligió la directiva y se acordó utilizar transitoriamente el reglamento de la ANC de 1999.

"Aquí no se habla mal de Chávez". Foto Ender Anaya

“Aquí no se habla mal de Chávez”. Foto Ender Anaya

El carácter de “en vivo y en directo” del turno matutino no pudo ser más patente. Cuando Vásquez anunció que había llegado una carta del presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, la presidenta le ordenó que la leyera y el secretario empezó a abrir el sobre manila allí, delante del “país nacional”, como decía un expresidente muy ocurrente con la palabra.

“Son cosas que pasan en procesos tan novedosos”, comentaron algunos de los constituyentes, ofreciendo el beneficio de la duda. Sin embargo, admitieron que un organismo sobre el que están concentradas tantas expectativas y esperanzas no puede darse el lujo de lucir fuera de foco, ni siquiera con la excusa de la novatada.

Cuando se reanudó la sesión, todo comenzó a fluir mejor. El vicepresidente Aristóbulo Istúriz leyó los decretos que, en concreto, había emitido la ANC. El ilustre constituyente Hermann Escarrá intervino para explicar y contextualizar las decisiones tomadas. Hacía falta, ¡vaya que sí!

Lo ideal hubiese sido que otros diputados dieran sus opiniones, pero es evidente que muchos de ellos todavía estaban en modo de aclamación y grito de consigna. O quizá ocurría como en esos bailes en los que las parejas se muestran tímidas para salir de primeras a la pista… hasta que ponen una buena guaracha. Veremos.

 

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