La convención teatral

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.

Bertolt Brecht

Cuando uno va al teatro hace un acuerdo imprescindible con el grupo de actores que está en el escenario. Uno, como público, acepta que en la ficción que le van a presentar hay verdad. El grupo actoral hace su mejor esfuerzo para que el espectáculo sea lo más creíble posible. Si se establece que el señor con barba es malo, que a la derecha hay una ventana y que la pistola tiene poder letal, uno acepta. Si esa ventana es usada consecuentemente, el hombre de barba demuestra su maldad y el arma mata o doblega a alguien, ellos cumplen con el convenio: lo simulado se hace verosímil. Todos hacen posible el acontecimiento. Estén del lado que estén del escenario.

Hay un sistema de funcionamiento comercial y económico en Venezuela que conocemos como bachaqueo. Cuando algún insumo o procedimiento adquiere un valor monetario fluctuante o tiene establecido dos precios el escenario está servido.

Uno va al lugar de compra-venta y hace un acuerdo imprescindible con el grupo de bachaqueros: uno, como público, consiente que la ficción en la que se va a involucrar es verdadera, el bachaquero hace su mejor esfuerzo para que el evento sea lo más creíble posible. Si se establece que el precio que se está dando depende del dólar, la escasez, la enorme cola que tuvo que hacer para acaparar el insumo, y si un policía o un guardia se pasea con rostro huraño y su pistola de verdad, uno acepta. Si los precios dolarizados se mantienen, las colas se convierten en parte de la dinámica, se hace muy difícil comerciar de otra manera y el representante de la ley sigue con su cara adusta, uno adquiere el insumo, que va desde un tomate y dos pepinos, pasando por un pasaporte, una patente, diez litros de gasolina o un pasaje de avión, y cumple con su parte. Si se sigue el esquema no se puede negar que ellos y nosotros cumplimos con el compromiso de normalizar la trampa.

Entiéndase que el bachaqueo no son cuatro semiindigentes vendiendo productos de la caja CLAP en una esquina. Son dueños de bombas de gasolina, flotas de transporte, grandes consorcios de alimentos, funcionarios corruptos y ciertos guardianes del territorio. Tiene que ver con mecanismos que comienzan con la producción, la importación, la distribución y regulación. El bachaqueo es un tinglado enorme que mueve mucho de la economía nacional. La complicidad, obligada o no, es de todo el involucrado en este teatro. Todos hacen posible el acontecimiento. Estén del lado que estén del mostrador.

ÉPALE 376