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A ANDRÉS PÉREZ PALMAR LA MÚSICA SE LE FUE OFRECIENDO A TRAVÉS DE GUIÑOS. COMO EJECUTANTE ENCONTRÓ EN CADA INSTRUMENTO FORMAS NUEVAS DE SENTIR. LA MANDOLINA LE ABRE UNA PUERTA HACIA LA TRASCENDENTALIDAD

POR ANA CECILIA LOYO • ANALOYO@GMAIL.COM ⁄ FOTOGRAFÍAS CAMILLE BRICEÑO

No hay zuliano que en su gracia no se reconozca; el humor va rimando las risas y te envuelve en su música. Grandes compositores y músicos zulianos han caminado estas calles caraqueñas para bendecir con sus tonos una melodía que contagia el corazón de quien la escucha. Andrés Pérez Palmar es uno de ellos: nació en los Puertos de Altagracia, estado Zulia, y a los ocho años comenzó esta infinita carrera musical gracias al maestro Víctor Quiñones.

Es músico desde el vientre pues su familia es arte, donde la danza, pintura y música fueron su entorno natural. Prodigiosos versos y décimas zulianas son partícipes de esta historia que siempre se reinventa en él.

El cuatro fue su primer instrumento, luego la flauta y a los 10 años, en el cuarto de su abuela, descubre la mandolina, a la que contempla y detalla por las ocho clavijas, cuerdas dobles, la forma, sus colores brillantes, ¡todo era una novedad! Nos cuenta que recibió de su tío un regalo: el disco del Ensamble Gurrufío, que le mostró parte de los referentes de la mandolina en Venezuela.

Comenzó a estudiar con el maestro Alfredo Moleros, a quien hace responsable de su lenguaje musical y quien le da otra visión de la música. Participa en la Estudiantina Municipal Santa Cecilia, que dirigía el mismo maestro, destacándose como primera mandolina. “Él siempre hablaba de la música a sus alumnos mirando al cielo, como algo de la divinidad”, nos comenta Andrés.

Pérez Palmar en Naturlandia, un completo menú dominical

Pérez Palmar en Naturlandia, un completo menú dominical

La conversa siguió andando en la Casa de la Cultura Dr. David Juan Ferriz Olivares (institución que busca transmitir la cultura como visión de vida), rodeados de flores y una energía de paz: “Creo que hablar de la espiritualidad y la música es hablar del mismo principio, porque siempre se desarrolla una sensibilidad muy especial desde la creatividad unida a algo más profundo, de la buena voluntad del ser. Desde que comencé a tocar mandolina ya sabía que era algo más trascendental”.

Uno de los referentes de la mandolina, y de quien afirma es su maestro sin que él lo sepa, es Cristóbal Soto, que le dio una sonoridad universal al instrumento, de gran aporte a la música contemporánea venezolana; y el otro, Hamilton de Holanda, por la identidad que logró en la mandolina. “En Venezuela respeto mucho la música oriental, es la escuela de la mandolina; por supuesto, está el maestro Iván Adler, gran referente de lo académico pero desde la identidad del pueblo. Oriente es otra cosa. Crecí haciendo música zuliana: danzas, contradanzas, bambucos, también me gustan los merengues. Se me da mucho el seis por ocho para crear, el vaivén de la danza es mi casa para componer. También me identifico con la música argentina porque tiene unos referentes como Carlos ‘Negro’ Aguirre y Jorge Fandermole. Hace poco vi en una entrevista que le hicieron al ‘Negro’ Aguirre donde dice que practica yoga, y eso definitivamente se refleja en la música. Si hablo de los músicos en general, no solo de la mandolina, tengo que reconocer a dos personas que admiro muchísimo: Beethoven y Gilberto Gismonti”.

Andrés Pérez Palmar es, sin duda, un embajador cultural que ha ofrecido conciertos en Colombia, Argentina, Surinam, Holanda, Italia, México, Alemania, Perú y Ecuador, llevando la mandolina con la sonoridad venezolana; y todos los domingos nos espera en el Gourmet Musical de Naturlandia, restaurante vegetariano que se ha convertido en referente del paladar.

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