La diplomacia del deporte

POR GERARDO BLANCO@GERARDOBLANCO65 / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

Desde su origen en la Grecia antigua, el deporte es sinónimo de paz. El concepto mismo de tregua entre naciones en conflicto está consustanciado con la práctica deportiva. La idea de establecer un período de concordia y armonía nace cuando los reyes Liturgo de Esparta, Ífito de Élides y Cleóstenes de Pisa firmaron el primer acuerdo de la Historia de la Humanidad para cesar los enfrentamientos entre sus pueblos, y permitir que sus mejores atletas honraran a los dioses disputando los Juegos Olímpicos en santa paz.

Prohibidos por su paganismo y sustituidos por el pan y circo de los gladiadores del Imperio romano, los Juegos Olímpicos y la idea de tregua caen en el olvido hasta que el renacer del deporte, a finales del siglo XIX, los hace florecer. El impulso incansable del historiador y pedagogo francés Pierre de Coubertin, con el apoyo del filántropo y millonario griego Evangelos Zappas, permitieron que las competencias de atletismo y combates de la Antigüedad renacieran en Atenas en 1896, con la participación de 241 atletas de 41 países del mundo.

A partir de allí, el movimiento olímpico, junto al Comité Olímpico Internacional y los Comités Olímpicos Nacionales, han sido los grandes responsables de difundir por el mundo entero los ideales del olimpismo, que entre sus principales objetivos se encuentra “favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana”.

La enorme influencia en la sociedad moderna del deporte y los atletas, convertidos en ídolos mundiales por la globalización de las comunicaciones y la exaltación de sus logros, también ha sido aprovechada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que, en  2013, designó al 6 de abril de cada año como el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo de la Paz.

Aunque el deporte es incapaz de evitar los enfrentamientos armados, sí puede apaciguarlos. Como ocurrió en 1969, cuando la sangrienta guerra civil que asolaba Nigeria vivió una tregua de tres días para disfrutar de la magia del Rey Pelé, quien, con el Santos de Brasil, realizó una serie de partidos amistosos en la nación africana. Tres años después el deporte también sirvió de puente cuando, en medio de la Guerra Fría, el presidente de Estados Unidos (Richard
Nixon) y el líder de la Revolución China (Mao Zedong) se estrecharon la mano en un histórico encuentro en Pekín, propiciado por la llamada diplomacia de ping-pong, a través de la cual una delegación de tenismesistas estadounidense fue invitada a competir en China en 1971 como un acto de distensión entre ambas naciones.

El deporte siempre será un camino recto para la paz.

ÉPALE 344

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