La epidemia de la imaginación

Por Miguel Posani@mposani / Ilustración Erasmo Sánchez

Así como un virus biológico en el organismo afecta la salud, y uno informático que se propaga en internet infecta una computadora, existen los virus mentales, conformados por creencias y paradigmas que se hacen presentes, generalmente, desde la infancia y actúan en forma nociva sobre nuestras emociones y nuestro comportamiento. Pero aquí no estamos hablando de esto. Estamos hablando de otro virus que se avecina, una inmensa epidemia de paranoia colectiva. Además, justificada por los dobles discursos a los cuales estamos acostumbrados.

Tengamos en cuenta que el rumor es un virus mental colectivo, es información que se reproduce autónomamente como lo haría un virus: utilizándonos como portadores. Otras veces es producido por instancias comunicativas con poder. En este caso, observamos que ante la aparición del virus en China, que amenaza con esparcirse por todo el mundo y que es asintomático, comienzan a activarse en nuestro inconsciente mecanismos y actitudes de previsión y respuesta a una perspectiva de peligro. A esto sumemos todas las películas sobre contagio y apocalipsis que han llenado nuestro imaginario y la desconfianza ocasionada por los dobles discursos del poder.

Entonces, ¿qué puede suceder? Que los rumores se apoderen, aún más, de nuestro imaginario. Según se vaya desarrollando la epidemia, en unos dos meses muchísimas personas usarán tapabocas en la calle y restringiremos todavía más nuestros contactos interpersonales y la presencia en espacios públicos. Además de tener que enfrentar un virus mutante, vamos a tener que enfrentar un virus mental colectivo que nos va a condicionar nuestro cierre y temor ante el mundo.

Inevitablemente, como medida de autopreservación vamos a evitar al otro y eso nos va colocar en un estado totalmente paranoico a nivel social. En cierta forma ya lo hemos hecho. Vemos el surgir de la paranoia como función de seguridad y preservación social. En este período es donde se hace difícil discernir entre la desinformación y la manipulación, entre la falsedad y la realidad; entonces, nuestros temores ancestrales se van apoderando de nuestras actitudes y razonamientos hasta hacer que la lógica se adapte a éstos. Ya comienzan todas las recomendaciones por las redes, las advertencias que van condicionando la estructura del proceso paranoico en el que iremos adentrándonos.

No recordamos cuando, unos años atrás, se dio la epidemia AH1N1 y la opinión pública comenzó a entrar en estados de pánico y angustia. Pero no nos preocupemos porque, después de unos meses como tendemos a naturalizar el malestar, el vivir peor; como sucede con las situaciones de inseguridad o electricidad, o agua, o la comida, nos acostumbraremos a enmascararnos, más que antes, y lo naturalizemos.

Un estado de paranoia colectiva se va a ir esparciendo y contagiándonos a todos, como un virus que estamos en riesgo de contraer.

Sí, siempre está la calma, misma que las instituciones y los medios van a promover con sus mensajes propagandísticos.

ÉPALE 358