La esquina de Otsirc

Publicado en Épale N° el 17 de abril de 2016

Por Reinaldo González 

La pregunta, incluida en la obra El Cristo al Revés, del dramaturgo Humberto Orsini, tiene varias respuestas fuera del libreto, como ocurre con otras esquinas de Caracas.

Requerido el prefecto de policía Carvallo para dirimir el empeño de los vecinos de La Yerbera (hoy avenida Fuerzas Armadas) y de La Pastora en llamar “El Cristo” a una de sus esquinas, resolvió favorecer a los primeros y agregarle “al revés” al ángulo pastoreño. ¿Herejía?, ¿falta de creatividad?, ¿le mojaron la mano? Quizá su mentalidad represivo-católica lo llevó a pensar que los habitantes de La Yerbera necesitaban más del símbolo cristiano. Carvallo sabía que esa zona había sido controlada en los años 50 del siglo XIX por un respetado bandido de apellido Veitía —luego de eliminar a varias pandillas armadas que asesinaban sin contemplación—, “a tal punto que para que don fulano de tal pudiese dar una recepción en su hogar, invitar a un juego de Tresillo o sorber una taza de chocolate en amena camaradería con sus relaciones de amistad, tenía la obligación de informar por medio de escritos dejados en paredones de Jesuitas u otro lugar cualquiera, la petición del permiso para no ser interferido por Veitía y sus hombres”, dice Lucas Manzano en Itinerario de la Caracas vieja. Si a estos antecedentes les sumamos el terror que sembraban el Hermano Penitente, la Mula Maniá y otros espantos, que llevaron a los curas a colocar la efigie de Cristo en la esquina en cuestión, no es difícil comprender la decisión del prefecto. En torno a esa imagen se celebró por años, con flores, luces y hasta toros coleados, el día de Corpus Christi. El que esté libre de contradicciones, que tire la primera piedra, parafraseando a Jesús.

La versión más conocida sobre Cristo al Revés la expone Carmen Clemente Travieso en «Las esquinas de Caracas», la comparte el pastoreño Víctor Zambrano y es la que recoge Orsini en su obra.

Prudencia: Resulta que allí en esa esquina vivía un zapatero remendón que casi no tenía clientela, mientras que un poco más abajo había otro zapatero que tenía muchos clientes. El zapatero de poca clientela tenía un cristo de madera y era devoto de él, y un día molesto decidió castigar al santo por no proporcionarle clientela y lo puso con la cabeza pa’ abajo, y enseguida se corrió la voz del Cristo al revés y se hizo famosa la esquina y al zapatero le llovió clientela. ¿Qué te parece?

La casa de aquel zapatero es habitada desde hace 33 años por Miriam Depablos. “El zapatero era un italiano. Acá vivieron otras tres familias antes de nosotros”. La imagen invertida ya no existe. En cambio, hay una capilla dedicada a la Rosa Mística, “pero la vamos a demoler y a construir una nueva, porque la chocan a cada rato. Acá tengo todos los santos guardados”.

De la esquina hacia el norte (El Perú) vivieron los padres del maestro José Antonio Abreu y todavía cae neblina, a pesar de la calima. Al sur (Castillitos) se podía ver a Carlos “Morocho” Hernández salir sediento de su casa rumbo al Club de los Carteros, ubicado de Cristo al Revés hacia el este (Totumos); hoy dan clases de tambor. Y al oeste (hacia Termópilas) cre-cre-creció “El Gago” González, quien no hablaba muy fluido, pero cómo pedaleaba…

Una tercera hipótesis, recogida por Rafael Valery en La nomenclatura caraqueña, atribuye el nombre a una persona que sabía pintar letras pero no escribir. De ser cierta, hoy hablaríamos de la esquina de Otsirc, o algo así.

ÉPALE 382

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