POR FREDDY FERNÁNDEZ • @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE253- FILO Y BORDEContar en un día la gesta de la Revolución Soviética es una tarea imposible y, dado mi punto de vista, es probable que mi versión resulte incómoda. La mayoría estima tener un conocimiento profundo del socialismo soviético. No solo quienes abrazan ideas de derecha, también quienes desde la izquierda postulan una posición “más libertaria”.

Todos creemos tener digerida la experiencia soviética. La mayoría cree saber que allí había un claro fracaso económico, tecnológico y político. La imagen dominante es de vida precaria y ausencia de libertades, mucha represión y miles de prisioneros políticos. Un Estado totalitario. Esa imagen es una estafa remachada con mucha propaganda. La audacia de Lenin, su profunda comprensión del pueblo ruso y su apuesta decidida por lo popular son algunas de las partes que no aparecen en esa historia.

El asalto al Palacio de Invierno se realizó el 7 de noviembre (25 de octubre del antiguo calendario ruso) porque, cuenta el periodista John Reed en su libro Diez días que estremecieron al mundo, Lenin había dicho que el 6 no habrían llegado todos los delegados al congreso de los sóviets y que el 8 sería tarde porque la asamblea tendría decidido otro temario. Tenía que ser el 7 porque en la apertura del congreso Lenin diría: “Aquí está el poder. ¿Qué vas a hacer con él?”. Lenin y sus partidarios no contaban con la mayoría de los votos. Eran minoría. Aún así, consumaron el asalto y entregaron el poder a los sóviets, nombre que todavía mete miedo y que en castellano es simplemente “consejo de obreros, campesinos y soldados”.

La Constitución que redactó esa nueva forma de poder, por primera vez en la historia de la humanidad, otorgó el derecho a votar a las mujeres y reconoció la igualdad de todos los pueblos y naciones de su país. La Unión Soviética fue la fuerza decisiva para derrotar a la Alemania nazi, pero la mayoría cree que fue Estados Unidos. Fue el Ejército Rojo el que tomó Berlín, pero la gente cree que fueron los gringos. De cómo se construyó esa estafa sobre la imagen de la Unión Soviética da cuenta el filósofo italiano Domenico Losurdo en su libro Stalin: historia y crítica de una leyenda negra. ¿Sabe qué falta para que la estafa sea completa? Así como hay documentales sobre la liberación del campo de concentración de Auschwitz, debería usted reclamar piezas similares donde le muestren los miles de prisioneros políticos que salieron de las cárceles soviéticas, los rastros del hambre que sufrían los rusos y las decenas de miles de personas que no tenían vivienda.

No los va a encontrar. La verdad es que la Revolución de Octubre probó que sí era posible garantizar alimentación, educación, salud, empleo, vivienda, ocio y trabajo a todos los ciudadanos de un país.

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