ÉPALE294-LA ESTAFETA

EN FORMA DE CAJA, DIVERSA EN COLORES Y SONORIDADES, NOS MUESTRA UN PAÍS QUE DECIDIÓ QUEDARSE PARA VIAJAR A TRAVÉS DE LA CREATIVIDAD

POR CÉSAR VÁZQUEZ / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

La palabra que viaja en la valija del chasqui (los emisarios incas que cruzaban los Andes a toda carrera), la caja del correo, la ruta postal a caballo, la cajita de zapatos donde atesoramos nuestras viejas cartas, el recado que oculta el asalto a palacio en invierno; a La Estafeta, como se llama este sitio, le corresponde en todo este horizonte de significados un mensaje que guarda cierta complicidad epistolar, quizás romántica o clandestina, con quien la visita e intenta descifrarla. Se trata del nuevo centro cultural que se inauguró en la avenida López Méndez en San Bernadino, a la pata del Waraira Repano; un espacio para el encuentro con un universo de ideas asociadas a nuevas experiencias productivas; una iniciativa creativa para consolidar nuestra incipiente industria cultural, llevada a cabo por un grupo de panas declarados en rebeldía verdadera frente a la guerra en la que estamos inmersos con el hegemón respirándonos en el cuello, bajo la amenaza de una intervención militar extranjera y que, sin dudarlo, decidieron por el país. Para sacar adelante este proyecto, que arrancó hace más de un año, después que cada uno de sus integrantes renunciara a sus trabajos en la administración pública, conformaron una fundación que, en primer lugar, aspira fusionarse con la comunidad brindando una oferta cultural y formativa, como vitrina para la creación y con una visión de país que nos demuestra que es posible hacer las cosas y, además, hacerlas bien.

El pasado sábado esta caja se abrió por primera vez y, como en toda convocatoria, la zozobra se la juega a última hora con la expectativa al afinar los últimos detalles: la inauguración de La Estafeta comenzó a media tarde, cuando los expositores empezaban con el montaje. Luis Aparicio, responsable de los talleres, nos dice que hasta la lluvia jugó a favor para no mojarlos. “Después de haber pospuesto el evento una semana, al lugar se llegaron más de 250 personas. Afortunadamente, estábamos bien pertrechados”. 13 emprendimientos en diferentes rubros (textiles, alimentos, dulces, artesanía y lencería) levantaron el parche, y con ellos el centro cultural ha programado de aquí a diciembre una serie de talleres para cumplir con una de las líneas generales del plan de formación.

TRABAJO EN EQUIPO

Yekuana Martínez, productora, feminista y responsable del proyecto, lleva en su antebrazo un brazalete tatuado con un tejido indígena a dos colores, que combina con su nombre; mientras nos invita un café, alguien intenta tocar un piano en algún lugar de la casa; después de pasar por la tienda, un espacio vacío, por ahora, nos reúne en el café-restaurante con todo el equipo: “Cuando tienes tu 15 y último, te olvidas de que la Revolución es un hecho creativo”. Gendric Morales es el encargado del café y el responsable de buscar propuestas gastronómicas atractivas y solidarias. Todos aquí apuestan a una experiencia integral de producción y consumo sostenible. Yekuana, por otra parte, nos cuenta que la idea la fueron cocinando desde hace tiempo infiero que desde que se conocieron en la Escuela de Historia en la Universidad Central de Venezuela, pero dado el momento y la situación económica por la que atravesamos “vimos en la crisis una oportunidad. Se trata de reexistir o volverse a inventar”.

Ese fin de semana coincidió con el adelanto de la quincena del salario reconvertido al nuevo cono monetario. Cuando la gente empezó a comprar y a gastar una parte del medio petro que le habían depositado, la música del DJ Gwiro los había puesto a bailar. Bajo un ambiente relajado y divertido, comenta Aparicio: “Los expositores empezaron a intercambiar y a trocar sus productos entre ellos mismos, generando una dinámica de microeconomía solidaria”.

Ceyralí Domínguez y Adolfo Estopiñan no pasan de 30 años y son quienes manejan la imagen y la producción de los contenidos. Para ellos la creatividad es un recurso inagotable frente a la crisis de los modelos económicos, refiriéndose, en concreto, al modelo rentista y petrolero en el que crecimos como sociedad. “Necesitamos una industria cultural consolidada y eso, en este momento, es posible creando redes de solidaridad productivas”, dice Adolfo, mientras Ceyralí nos indica que, como parte del proyecto y de la programación pautada para los próximos meses, un fin de semana cualquiera podría estar sonando una banda arriba de nosotros, en el techo del café. Con ella comparto ese gusto que la cultura pop heredó de Los Beatles, cuando aparecieron, por última vez, sobre la azotea de un edificio en Londres.

La fachada del lugar, que incluye los murales del café-restaurante y las infografías que dibujan una línea de tiempo alrededor del concepto que los alberga, se trabajó con quienes tomaron el espacio durante un mes. “La colaboración del Comando Creativo, otro colectivo de producción cultural, fue de gran importancia con ellos se pensó y realizó la identidad gráfica que contiene, por fuera y por dentro, esta caja. Tenemos el espacio, las ganas, solo falta empezar a hacer la grilla”, afirma Adolfo, con el ánimo de ser uno de los fundadores.

La Estafeta estará abierta para quienes se muevan en esa misma frecuencia. Espera recibir, a partir de este momento, todas las propuestas posibles que vayan desde exposiciones fotográficas, artes visuales, diseñadores textiles, talleres y todo lo que logre expandir esta sonoridad, en clave de industria y emprendimientos creativos.

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