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LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

Los autos sacramentales y los misterios eran dos expresiones teatrales que se extendieron por buena parte de Europa en la Edad Media. En un principio cumplían funciones pedagógicas sobre las escrituras sagradas y, también, eran una forma ritual de diversión. Sin embargo, la estructura y los contenidos se hicieron previsibles y fueron perdiendo sacralidad. Surgió entonces la necesidad de rellenar algunos intermedios de la representación con historias del día a día, cuentos bufonescos, exagerados y con un lenguaje muy lejos de ser sagrado o refinado. Estas piezas cortas, poco realistas y bastante divertidas, se denominaron “farsas”, una palabra proveniente del francés y que significa, precisamente, “relleno”

De esta palabra y del evento que la originó surgió otra acepción”, que se refiere a un acto, estratagema o tinglado que se hace para engañar. Al igual que la farsa teatral, para que funcione es necesario que quienes participan (engañados y engañadores) le den un viso de realidad a algo que, a todas luces, es irreal. Las razones para que se haga verosímil es que haya un acuerdo, un convenio en el que se pasen por alto evidentes mentiras para que la tramoya funcione.

Por ejemplo: la comedia de hacer un concierto por la paz en la frontera colombo-venezolana es una farsa descomunal, que cuesta unos millones de dólares. Para el momento que usted lea este artículo ya habrá pasado, por lo menos, un día de haberse realizado. Pero hoy, cinco días antes, en el momento que se escribe para que pueda entrar en imprenta, nadie pretende que los cantantes que van a dar la función, de verdad, hayan estado preocupados por “una crisis humanitaria en Venezuela”, nadie: ni ellos ni los operadores norteamericanos ni la gente que va a escucharlos; nadie cree que ese concierto fue producido en pro de la solidaridad y la paz. Nadie puede ser tan ingenuo. Todos saben que, además de propaganda, esa tarima es el propio caballo de Troya, que lleva en su vientre la violencia, la decisión de abrirle las puertas de Venezuela al poder económico y a la agresión a su soberanía. Es un concierto por la muerte.

Así, mientras la farsa medieval se aprovechaba de las grietas producida por el tedio de un teatro en decadencia, hoy, la decadencia del sistema capitalista mundial abre una grieta con la farsa contemporánea para instaurar su proceso de apropiación y saqueo. Lástima por esos cómplices, quienes se hacen llamar artistas y que no son más que escoria triunfante de la industria cultural.

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