La felicidad jaja o pa´lante es pa´llá

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

La frase ‘todo tiempo pasado fue mejor’ no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que -felizmente- la gente las echa en el olvido.

 Ernesto Sábato

La piedra angular, la piedra filosofal, la fundacional, la primera lanzada de toda obra de teatro es la felicidad. Cuando uno se pregunta por qué ese tipo se metió en tremendo zaperoco, por qué esta parejita se lanzó por esos precipicios para lograr el amor, por qué a este mercader se le ocurrió tal barbaridad, por qué este señor se enfrentó a todo un pueblo, por qué ese viejito tan inocente se puso a buscar trabajo. Algo no les estaba funcionando y se lanzaron a ajustar el asunto. Necesitaban recobrar la felicidad o alcanzar una que nunca habían tenido.

La búsqueda de la felicidad es una característica de la humanidad en todas sus instancias. Si alguien tiene la pareja perfecta, realiza la actividad que ama, los amigos que necesita, el dinero suficiente para cumplir mucho más que las expectativas realistas que se ha planteado, seguramente admitirá que es feliz, pero si se le pregunta qué hace, dirá que algo relacionado con la búsqueda de algo que consolide o le sume felicidad. Es decir, no es plenamente feliz.

Buscar parece ser parte de la condición humana. Al mismo tiempo es una señal de inconformidad permanente. Aquí surge otra perspectiva del mito del eterno retorno. Tal vez no describe una geografía temporal pero sí una acción que se repite perpetuamente en los seres humanos… la búsqueda de ajustar algo, la búsqueda de la felicidad.

Todo tiempo pasado fue mejor porque antaño estábamos estacionados en una condición de felicidad y ahora no la tenemos. Quien afirma esto parece no darse cuenta de que en todo tiempo pasado existía un tiempo pasado que fue mejor.

Por eso se crea una identidad indisoluble entre lo cotidiano y el teatro, siempre se está buscando la felicidad perdida, y siempre se buscará porque lo que sí es cierto es que estamos anclados en ese espiral en donde cada logro es el punto de partida para ir tras otro. Cada paso es dejar atrás algo que hay que llenar más adelante. Y cuando vivimos circunstancias realmente difíciles, creemos que es una situación tan estable como la felicidad que perdimos. Ese fenómeno es el ideal para los publicistas y ciertos políticos que insisten en que antes éramos felices y no lo sabíamos. Es la añoranza de algo que se nos perdió pero que en realidad no teníamos, una falacia que puede ayudarnos a alcanzar nuevos logros o llevarnos a vivir en retroceso.

ÉPALE 374

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