La filven desde el libertador y un ardillo

En nuestro convulsionado presente se dan acontecimientos que sólo los registra la memoria con ayuda de la imaginación. Así, vemos que en medio de una orgía de comunicación, expresión, lecturas, recitales, conciertos, ventas de libros, intentos de hurtarlos, conversaciones sin fin, cantidades de entes, esperanzas, iluminaciones, risas y críticas, tal como es la XV Feria Internacional del Libro (Filven 2019), que culmina este domingo, una ardillita trafagosa, acostumbrada a valerse de su imagen primorosa y juguetona para ganarse pedazos de galleta, maníes y cotufas, entre otras menudencias, ahora se acomoda en la cabeza de la estatua del Libertador para saltar hacia una rama de la plaza epónima, cuando un llamado la detiene.
—Psss, epa, compatriota ardilla, podría ponerme al día de lo que sucede allá abajo.
—Vacié, y ¿este de dónde salió?
—Se supone que sea el Libertador de estas tierras. Lideré la gesta que nos dio autonomía y una identidad independiente de los realistas. Veo que el ejército del pensamiento ha proliferado mucho. Ahora se editan muchos libros y, por lo que veo, allá hay una tienda de campaña con sinogramas chinos. ¿Quién hubiera pensado que nos aliaríamos con ese país tan distante. Y también veo que la gente no suelta esos aparaticos pequeños. Los leen como si fueran libros.
—En realidad se la pasan viendo algo que llaman Instagram y Facebook. Un tal Carlos Ortiz dice que es como un libro múltiple, a pesar de que se crearon para la dominación. Distraen, pero ayudan.
—Qué bien usas la terminología adecuada. La formación política ha llegado a las clases más bajas con estas campañas de acercar los libros a la población. ¿Alguien habló del ritmo y la poesía como artillería del pensamiento?
—Lo de clase baja será con otros, porque yo vivo en los árboles. Lo que sí vi, desde una ventana, fueron varios recitales y conferencias sobre el tema. Una paloma Me contó que bautizaron un libro de elegías en Librerías del Sur que se titulaba San José blues 1921. La paloma se fijó en él porque parecía que tuviera un nido en la cabeza, un tal William Osuna. Creo que el homenajeado, Luis Alberto Crespo, un señor mayor que no parece prestar atención a la vejez, dijo que la poesía es la armonización de los contrarios, como entre la sombra y la luz, y que transmite la consciencia histórica en diferentes formas… o algo así. También hubo un gordo que dirigió una editorial que escribió sobre los ritmos en el poema latinoaméricano y cómo transgrede la cotidianidad mercantilista. Lo que sí te digo es que con metáfora no alimenta uno la madriguera, aunque el ritmo de las palabras transgreda las estatuas.
—Ha de ser el statu quo. Lo de la estatua sería una metonimia, por la cualidad de inamovible, como eso del nido en la cabeza de los poetas donde, aunque no den galleticas, se maduran ideas hasta que puedan volar. Las metáforas son menos frecuentes en el lenguaje cotidiano, aunque se notan más.
—La verdad que oyéndote se pone interesante la cosa. Todo sería perfecto si no hubieran cortado la grama, no ves que por ahí siempre se rebusca uno con algunos restos que se le caen a los niños, y el pupú de las iguanas no se huele tanto.
—¿Pero qué importancia puede tener eso en una lucha por la Independencia y la dignidad latinoamericana? Pude leer desde aquí, en un periódico, que Bolivia ha vuelto a manos de la oligarquía. Ya me temo que por quejas como la tuya, que no comprenden el plano general de una lucha y los muchos sacrificios que todo país y toda cultura ha tenido que hacer para tener identidad.
—No vengas tú. A ti porque salen corriendo a limpiarte la cara cuando te cagan las palomas, pero con uno es diferente. Sólo somos atracciones turísticas, así que no piensan en políticas para las ardillas. Lo de Bolivia, no sé, porque no conozco aves que hayan llegado tan lejos.
—Durante décadas esta plaza que nombraron como yo era uno de los espacios más oscuros de la ciudad. Vi cómo, en nombre mío, ocultaban grandes negocios, que degradaron los espacios públicos para incentivar la construcción de centros comerciales.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—¿Has pensado de dónde salen esos pedacitos de galleta que te gustan tanto?
—De las carteras de la gente.
—Pues las carteras de la gente son depósitos de una estructura económica. Así que el resto de la ciudad te incumbe más de lo que crees.
—Tiene uno que pensar mucho.
—El tiempo que tengo aquí me ha permitido pensar. Desde que recuperaron este espacio he podido ver un país diferente, pero para pensar hace falta contenido. ¿No viste nada sobre el conocimiento o la cultura?
—Persiguiendo a una pareja hasta esa casa amarilla de la esquina, ¿sabes?
—Cómo no voy a saber, si ahí organizamos el primer plebiscito de la nuestra historia.
—Bueno, ahí oí una conferencia de una profesora que estudiaba el discurso de un tal Miguel de Unamuno, vasco él, que cambió cartas con otros de aquí que se llamaban Rufino Blanco Fombona y Pedro Emilio Coll, donde los invitaba a construir una identidad propia, independiente de Europa. La profe se llama Alexandra Mulino, profesora de la UCV y que también pertenece a un centro de investigaciones que llaman Celarg. Para ella es muy importante un fulano decreto tuyo que marca la ruptura espiritual con España.
—El Decreto de Guerra a Muerte. No me quedó de otra, tenía que unificar las fuerzas. Era urgente.
—Creo que conocí a un periquito medio marico que trajeron de allá hace un tiempo. Buscaba peo y después le echaba la culpa al de al lado.
—¡Seguidores de Napoleón!
—Tranquilo, tranquilo que un azulejo lo zapateó. Pasó sus últimos días confinados en el Jardín Botánico.
—¡Qué más!, ¡tiene que haber más!
—Una señora de Paraguay, Fátima Rayo Gutiérrez, presentó un libro sobre un patriota de allá, integrante de los “granaderos a caballo”.
—Sí, yo le di el grado de coronel y la medalla del Ejército del Libertador. Participó en el paso de los Andes con José de San Martín. José Félix Bogado, un gran luchador. ¡Cuántas cosas! ¿Qué más? ¿Qué más?
—Ummmm, han sido muchos eventos. Recuerdo un joven pico de oro, como quien dice, jovencito: César Panza, traductor, docente y poeta de Carabobo, de donde son las guacamayas amarillas con verde. Hablaba de que la traducción literaria produce un texto nuevo en otro idioma. Y mencionaba eso de la metáfora y la metonimia para acercar el ritmo de un poema a la gente que habla otro idioma. Pero eso no se entiende, a mí que me pongan donde haya semillas o galletas.
—Es lo que siempre observé, pero no lo atendía tiempo. La guerra unifica, pero en la paz no notamos los cambios cualitativos por los cuantitativos. Por eso aquí todo el mundo hace observaciones interesantes, que solo se pueden hacer si hay tiempo para pensar, tiempo que no tenía el pueblo en la esclavitud, y menos en la explotación indiscriminada. Ojalá valoren ese tiempo y el aporte de municiones para pensar en qué tienen ahora, porque no es cuantificable hasta que lo pierdes. Por eso el conocimiento del lenguaje es tan importante.
—Yo tengo tres crías en dos madrigueras diferentes, y me van a demandar en la Fiscalía de la plaza si no tengo suficientes semillas, o galletas, para fin de mes. Así que las cosas cuantificables se me dan mejor.
—¡Ah!, o sea, eres un ardillo.
—A mí me suena bien ardilla, pero con el lenguaje inclusivo no queda de otra; por cierto, hubo una conferencia sobre eso y sobre el lenguaje de señas para humanos que no oyen. ¡Qué tontería!, esperar a no oír para poder tener lenguaje de señas!
—Ese es otro punto de vista. En otros países se paga por talleres para cualquier conocimiento; podrías dar una conferencia sobre la comunicación con gestos y palabras. Quizá esos aparaticos que todos tienen, como si fueran escapularios, sirvan para distribuir conocimiento.
—Un chino novelista, Ah Yi (pseudónimo de Ai Guozhu, de la provincia Jiangxi), dijo que los avances tecnológicos, como esos aparaticos, transgreden la moral. Propone aprender de la ancestralidad para contener esa inercia de la tecnología. A ese escritor le pareció que el venezolano se está interesando mucho por la cultura, algo como que la superestructura del caraqueño está cambiando. ¿Qué te parece?
—¡Esooo, usando superestructura y todo! ¿Cómo habrán hecho esos chinos con el imperio Otomano y con la dominación de Inglaterra y Japón? Vaya pueblo hidalgo. Tenemos mucho que aprender de ellos.
—Una tal profesora Chen, que tradujo al novelista chino, dice que los chinos son disciplinados, concentrados en proyectos comunes, organizados y logran objetivos como producto de enfrentar a esos imperios.
—¿Y qué opina de los venezolanos?
—Que tienen mucho optimismo, no se preocupan demasiado, siempre tienen buen humor, bailan bien, son muy creativos, pero son impuntuales y tienen una organización seren… uso una palabra muy extraña.
—Ha de ser serendipia. Es cierto, me sucedió muchas veces en batallas. Tiene que ver con el territorio. Estos ambientes tienen su propia lógica y accidentes afortunados. Es un contexto diferente. Eso como que fue lo que Marx no entendió con sus críticas.
—Bueno Simón, fíjate que la profesora Alice Peña Maldonado, en una conferencia que se llamaba Consolidar la Gestión Pública, dice que del conocimiento de nosotros mismos sale la información para resolver todos los problemas, y César Panza dice que un tal Andrés Bello inició una técnica de lectura entre el lenguaje y las emociones, por eso la necesidad de otra gramática.
—Exacto, ¡leen a los maestros! No hay concepto válido si no se siente. Por cierto, ¿cómo te llamas?
—Los nombres de ardillas son como los de los chinos, así que me puedes llamar Xi Jinping. Es una portada de un libro de superación personal que venden en la tienda de los chinos. Se ve bueno.
—¡No seas falta de respeto! Ese es el presidente de China.
—Ah, disculpa, es que se parece a Conny Méndez en el libro.
—Espero que esa Conny sea patriota. Pero veo que jóvenes venezolanos atienden esa carpa. Será que saben el idioma chino.
—Sí, estudian en un centro llamado Confucio. Una de mis parejas dice que debería llamarse Lao Tse. Pero la verdad que yo no tet-se. Jajajá.
—Bueno ardillito, como que hay que trabajar esos chistes un poco.
—No seas tan rígido
—Pues soy una estatua todavía, ¡qué te puedo decir! ¿Y dónde queda esa escuela?, ¿en China?
—No chico, aquí en Los Chaguaramos, en una universidad nueva que llaman como tú. Me lo contó una guacamaya que se la pasa por allá de rumba. Son malaconductas esas guacamayas. Una vez confundió una colilla extraña con una semilla, y no ha parado desde entonces.
—¿Y qué más ha habido en La Feria? Cuéntame, no te guardes nada.
—Hubo películas documentales en el Teatro Principal, en aquella esquina. Los conciertos de la Banda Marcial Caracas, boleristas, unos joroperos tuyeros que improvisaban, jazz, teatro infantil y un trajín de niños tratando de agarrarlo a uno. Lo bueno es que están tan distraídos que dejan pagando más de una bolsa de cotufas. Pero ya está bueno de tu preguntadera. Me tengo que ir.
—Bueno, seguiré observando este pueblo aprendiendo.
—Creo que ya es hora que te bajes de ese caballo.
—Por ahora voy a seguir observando. Creo que Miranda tenía razón: es mejor que la guerra dure, así el triunfo también dura. Solo leyendo nos preparamos para lo que viene, mientras que la guerra es un entrenamiento.
—Bueno líder, voy pa’llá. Disculpa si te pongo una pata en la cara, no es mi intención ofenderte.
—Dale, sólo no olvides visitarme, con más detalles. La cosa está interesantísima, todas las plazas públicas tienen que ofrecer esta discusión. Cuéntame, ¿cómo vas a hacer con la demanda por manutención?
—No hombre, la demanda la llevan unas perezas, pero igual tengo que llegar con algo hoy, ya sabes. Si no, no veo a linda, como quien dice, así que me tengo que apurar. A ver, cuidao que yo salto arrechamente, pero son muchos metros de aquí al piso y el perro ese de allá no me quita el ojo de encima.
La ardillita pegó su atlético salto mirando eléctricamente a todas partes, mientras el Libertador siguió leyendo de lejos las miradas de la gente, los gestos y algunos títulos, a la espera de que todas las plazas Bolívar se conviertan en ágoras para la discusión pública, basada en lecturas de todas las fuentes.

EPALE CCS POR ARGIMIRO SERNA /Fotografías Michael mata