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MUCHOS SON AUTÉNTICOS BEST SELLER UBICADOS EN LA VANGUARDIA DEL FRENTE DE GUERRA, DESDE DONDE SE EXHIBEN SEDUCTORAMENTE Y RECLAMAN LA FALTA DE LIBERTAD DE EXPRESIÓN

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

La idea era ubicar primero el título, luego el precio del libro que, por segundo año consecutivo, me pedía mi chamo mayor para completar su colección de manga. Se trata de Akira, un clásico del animé japonés con millones de fanáticos infantiles y juveniles en el mundo entero. Yo, como buen padre, ni la más puta idea de dónde ubicar una obra tan exótica en una geografía tan reducida de tiendas especializadas en Caracas y, mucho menos, en las franquicias de libros distribuidas en la capital, por lo general repartidas entre los pasillos de los centros comerciales a los que no soy muy asiduo. Pero es Navidad, la gente se está matando en las calles por comprar un kilo de aceitunas para las hallacas en un millón de bolívares, y ahí es cuando me doy colita, más cómodamente, ejercitando una de mis aficiones más vergonzosas: leer, disimuladamente recostado de los anaqueles, largos extractos de los libros que nunca podré comprar por un asunto de iliquidez, para luego salir diciendo que leí esto o aquello.

Lo primero que me afectó fue la progresiva soledad de las librerías. Obviamente, esta no es buena época para los libros caros, que son los que abundan, pero uno siempre espera que algún otro suicida te acompañe en la alevosa misión de leer a hurtadillas. Las Novedades del Unicentro El Marqués no es buen gimnasio para entrenar a principiantes porque los pasillos son anchos y cortos y hay tres dependientes ladillados, monitoreando tus movimientos. La tarea de deshilachar el plástico protector se hace más enredada y puede que te capturen y te hagan pasar pena prendiéndote un peo en público.

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No sé decirte cómo fue, no sé explicarme qué pasó… pero de pronto me vi rodeado. Mínimo, fue como quedar atrapado en medio de una jauría en Altamira en los días de la guarimba. Me sentí rociado de gasolina y a punto de hacer combustión cuando recibí tres cachetadas arteras: El cambio: desde la muerte de Chávez hasta el 6D, de Fernando Mires con prólogo de Henrique Capriles Radonski, me abrió la puerta con una patada al estómago. Los brujos de Chávez: la magia como prolongación de la política de David Placer, seguidamente, me clavó una mano en la quijada que me sentó. Estado delincuente: cómo actúa la delincuencia organizada en Venezuela de Carlos Tablante y Marcos Tarre, con prólogo del juez español Baltasar Garzón, me remató en el piso.

Como pude me repuse al comité de bienvenida, que sonreía con asepsia desde el estand de novedades encabezado —pura casualidad— por par de biografías inocentes: Adolfo Hitler y Benito Mussolini. Me incorporé, a duras penas, pero me esperaba más adelante una banda de matones liderados por un tal Paulo Coelho (un auténtico pran), quien me ametralló desde una esquina con tres balazos: El peregrino de Compostela, Verónica decide morir y El alquimista, que casi resultaron mortales.

Salí de aquella celada cojeando. Pero, gracias a una cierta propensión masoquista al sacrificio, me lancé a la Libroteca del mismo centro comercial, donde entré más sigiloso con el doble propósito de pesquisar el libro que me había encargado mi hijo por las Navidades y encarar las líneas ofensivas de papel que, a razón de ser vanguardia en la guerra de cuarta generación, se escudan en el teatro de operaciones de la “intelectualidad”.

Fue un acto suicida: desde las líneas enemigas (con cara de buena gente, de viejos sabiondos) me dispararon a mansalva el “teniente coronel” Moisés Naím con El final del poder (en su tercera edición) y Rastrilladores de estiércol, una compilación del sello editorial La Hoja del Norte, la cual agrupa las historias ganadoras del Concurso Nacional de Periodismo de Investigación (desde 2009 a 2015) que realiza el Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS [¿?]) y cuyo temario, seleccionado objetiva e independientemente, es el siguiente: minería y corrupción, alimentación, contrataciones fraudulentas con el Estado, enriquecimiento de familias cercanas al Gobierno, narcotráfico, los negocios financieros revolucionarios, triangulaciones con países aliados, negocios con identificación y cedulado, compras de equipos defectuosos, el negocio Cadivi y carros chinos que no llegaron.

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LA SALIDA

Al dirigirme a las librerías de los centros comerciales El Recreo y Millennium me angustió la idea de ver irrumpir títulos de los “generales de división” Ricardo Haussmann (casi criminal de guerra), Alberto Barrera Tyszka, Ibsen Martínez y Leonardo Padrón; o Andrés Oppenheimer, Plinio Apuleyo Mendoza y Mario Vargas Llosa por las “brigadas internacionales”. Su poder misilístico es demoledor, e incluso no es descabellado pensar que reservan bombas de destrucción masiva y armas químicas empaquetadas en envoltorios radiactivos como Tusquets, Alfaguara, Editorial Planeta, El Nacional,  Biblioteca Rafael Caldera, UCAB Editores, etc.

Huí por la retaguardia. Hallándome sin refuerzos, pero embebido por la adrenalina homérica del martirio, me disparé al comando central del frente oriental: el Sambil, santuario de la fe ciega a la frivolidad y el consumo superficial. Era un día normal, con cuatro millones de almas en pena seducidos por las vitrinas, rascándose los bolsillos y pelando por unas bolsitas de cotufas hechas en casa. Nacho, la librería, estaba camuflada entre la penumbra, por lo que no vi venir, en fila india y lanzando coñazos, a Thays Peñalver y su La conspiración de los 12 golpes con prólogo de Apuleyo Mendoza; Iván Simonovis y El prisionero rojo; Nelson Bocaranda con El poder de los secretos; y un clásico del pensamiento reaccionario, editado el año pasado pero en redacción desde el 2 de febrero de 1999: Pensar la transición.

Herido, vejado y sin una curita para cubrir alguna de las magulladuras que lucía mi malograda humanidad me dispuse a inmolarme. Ya no me interesaban Akira ni el recuerdo de mi hijo, que no fuera para encomendarle que vengara mi memoria.

Me introduje, en una operación tipo comando, en una de las Tecniciencias más pródigas del país. Aquello fue una masacre, de todos lados cayó plomo colado: Se busca un país de Leonardo Padrón; Prosario para leer desde el exilio de Gabriel García; Venezuela: vivir a medias. Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, 2015 (Encovi), un informe conjunto de varias universidades (Universidad Central de Venezuela, Universidad Simón Bolívar y Universidad Católica Andrés Bello); Transición democrática o autocratización revolucionaria: el desafío venezolano I del Fondo Editorial UCAB; Venezuela energética, escrito por Leopoldo López desde la cárcel con prólogo de Moisés Naím; Enemigos somos todos: conversaciones sobre el fracaso de Hugo Prieto; País de salida: bitácora de la debacle de César Miguel Rondón; Patria o muerte de Alberto Barrera Tyszka, premio de novela Tusquets; La comunicación bajo asedio. Balance de 17 años, compilado por Marcelino Bisbal para la UCAB; Rebelde con causa de Leocenis García; Franklin Brito: una vida truncada de Juan Pablo López; La carrera más larga.Conversaciones con Lilian Tintori de Alba Sánchez; No más cuentos de Julio Borges. Y, por allá, solitarios y reducidos a escoria, en la esquina de los prisioneros de guerra, Golpe bajo (del actual ministro de Cultura Ernesto Villegas) y Yelitza: compromiso con el poder, una biografía de la gobernadora del estado Monagas Yelitza Santaella.

Huelga decir que sobreviví, aunque de milagro. Además de las heridas físicas debo tratar con especialistas el trauma psicológico de semejante arremetida emocional que me dejó postrado, en shock y con cicatrices imborrables. A mi hijo le rogué que para la próxima —si es que antes no nos exterminan las fuerzas armadas del pensamiento “libre” con su fuego cruzado de elogios del desastre— me pida Dementia de Jesús Pulido y editado por El Perro y la Rana, que también es cómic y se descarga facilito por internet.

P.D.: Verga, nos pusimos a revisar ¡y Akira se descarga también!

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