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LA CARACAS PATRIMONIAL ENCUENTRA UN ROSTRO AMBIVALENTE EN SUS ÁRBOLES, QUE SE PASEAN ENTRE LA CONSERVACIÓN Y EL OLVIDO. UN CAUCHO DESPLOMADO Y UN SAMÁN ERGUIDO NARRAN ESA HISTORIA

POR MARLON ZAMBRANO @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

Si usted pretende podar un árbol en Caracas debe seguir una estricta normativa que amerita descargar una planilla, hacer las fotos y construir una memoria visual, elaborar un plano de ubicación, anexar un informe de riesgo, llevar a una oficina de la Alcaldía de Libertador, entregar en taquilla, llevarse su comprobante y encomendarse al “Santísimo Niño de la Burocracia” para que algún día alguien le llame y le ofrezca respuesta, positiva o negativa o lo que salga.

Los restos se retuercen cual dragón

Los restos se retuercen cual dragón

El sábado 15 de diciembre de 2017, a las 4 de la tarde, las razones azarosas del destino se impusieron, y un estallido inesperado avisó en Bello Monte, Sabana Grande y Plaza Venezuela que la naturaleza no conoce de recaudos ni tiempos de espera. Un inmenso árbol de caucho de más de 20 metros de altura se desplomó a un costado, derrumbando el muro frontal del edificio patrimonial caraqueño Farallón y Centinela, en la calle El Recreo.

Fue una detonación de tal magnitud que más de uno juró que había estallado un explosivo de alta gradación, y hay quien juró que se estaba inaugurando un levantamiento militar.

Fue algo menos histórico, pero sí dramático, pues el árbol caído podía haber matado a alguien y causado más daño del que causó, casi un milagro en una calle que un día tan comercial como un sábado debía estar a reventar de vehículos subiendo y bajando por la céntrica avenida que bordea uno de los principales centros comerciales de la ciudad.

Apenas sufrieron dos apartamentos y el muro del bello edificio —premio nacional de arquitectura— construido entre 1963 y 1965, obra de los arquitectos Ernesto Fuenmayor y Manuel Sayago, y la derrota de un hermoso ejemplar de la rica vegetación capitalina que en otros años mereció admiración y gloria.

ÉPALE269-CIUDAD 1Zulma Hernández, de la controlaría social del Consejo Comunal Seguridad Ciudadana del Centro Comercial Cedíaz, parroquia El Recreo, indica que la caída fue consecuencia de un socavamiento del terreno por un bote de agua que fue reportado insistentemente ante Hidrocapital. Allí se hace un pozo que aprovechan los indigentes como baño público y que, lentamente, fue debilitando el piso.

Ese tramo perfila una especie de túnel vegetal donde confluían en total 5 inmensos árboles de caucho con profusión de inmensas hojas que dotan al entorno de un aspecto solariego y sombrío. Hoy, los cuatro árboles restantes resguardan en su paz crepuscular una breve franja de estacionamiento y varias líneas de taxis y mototaxis que hacen vida en los alrededores de los edificios Josefitas I y II, Los Aleros, Farallón y Centinela y el extremo este del Centro Comercial El Recreo, además de una serie de establecimientos comerciales con distintos fines.

Bajando por la calle El Recreo se entreteje un túnel vegetal

Bajando por la calle El Recreo se entreteje un túnel vegetal

Después del suceso los vecinos han enviado cartas a distintas dependencias públicas buscando que alguien se haga responsable de los daños y se encaminen las acciones de poda y tala de la arboleda restante, amenazantes en su inmensidad y abandono, pero hasta ahora nadie ha dicho esta boca es mía, según cuentan.

Cuando la guerra la gana el cemento

Cuando la guerra la gana el cemento

A la propia Zulma, residente del Farallón y Centinela, quien regenta un local de empanadas en todo el frente de la ristra de árboles de caucho, le ingresaron al estacionamiento —desprotegido sin muro— y le robaron los cauchos de su carro que dejaron flotando sobre dos botellitas de cerveza.

“Hasta el 2002 sí hubo poda de árboles, recogida de corotos, todo excelente, pero después nos olvidaron”.

EL SEÑOR DE LOS ÁRBOLES

Aníbal Isturdes cree que lo que pasa con los árboles de Caracas obedece a un desprecio urbano por la riqueza inmaterial. “Más importante ha sido establecer esa colonización de la presencia del cemento y la cabilla frente al patrimonio vegetal”.

Es un memorioso de la capital dedicado con amor infinito a defender el testimonio vivo de los árboles históricos o anecdóticos. Miembro del comité cultural, conservacionista y de defensa de la parroquia San José, inició su batallar en el año 76 a raíz de unos decretos de expropiación que planteaban realizar planes de renovación urbana, sacrificando el patrimonio arquitectónico y vegetal de San José y La Pastora.

Nos lleva al Samán que está en una plazoleta recogida del Foro Libertador. Nos pide abrazar el árbol antes de conversar, y nos suplica mirar su follaje, escuchar el canto de los pájaros que alberga, pisar la tierra. Como cualquier árbol, histórico o no, está abandonado. Imperdonable en este caso pues se trata de un espécimen que proviene de la Colonia (datado de 1753), que fue abrazado por Simón Bolívar, Andrés Bello y Simón Rodríguez, por Pablo Neruda y Gabriela Mistral, donde fluye la savia de la patria.

Desde el Samán de Bello, Aníbal Isturdes habla de la memoria vegetal

Desde el Samán de Bello, Aníbal Isturdes habla de la memoria vegetal

Educador y miembro fundador del Parque para la Vida ubicado en San José de Cotiza, Identifica, al menos, 12 árboles fundamentales del entorno fundacional de Caracas, que poseen valor histórico y cuya importancia fue aprendiendo en la guataca, dialogando con ellos, defendiéndoles, protegiéndolos encarecidamente.

Lleva sobre su cansada humanidad, el peso de una vieja lucha contra el enemigo silencioso que ha transformado el aura vertiginosa y tropical de la Caracas más verde, en un amasijo urbano avasallante por su celeridad y el germen grisáceo del concreto.

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