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OMAIRA CALDERÓN, SONIA PIRONA Y ROSA ELENA PÉREZ UNIERON VOLUNTADES PARA LLEVAR AL OESTE DE CARACAS UNA REVOLUCIONARIA TERAPIA QUE UNE BAILE CON AFECTIVIDAD Y MENSAJES SANADORES DE VIDA, PARA DESBLOQUEAR MURALLAS COMUNICATIVAS Y TENDER PUENTES DE AMOR

                           POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE • @ANDESENFRUNGEN                                        FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

La biodanza es un sistema de reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de vida. Su metodología propicia el autoconocimiento induciendo vivencias integradoras por medio de la música, del canto, del movimiento y de situaciones de encuentro en grupo. Fue creada por el científico social, pintor y poeta chileno Rolando Toro en los años 60. Toro buscó integrar el arte, el baile y la visualización positiva como herramientas para mejorar la calidad de vida de pacientes mentales en Santiago. Se basó en los postulados de Jung, Fritz Perlz y René Spitz, entre otros, con ejercicios terapéuticos que trabajan cinco vivencias esenciales: vitalidad, creatividad, afectividad, sexualidad y trascendencia. La biodanza se concentra en la alegría de vivir y de crear más que en confrontar traumas, siguiendo el “principio biocéntrico” que postula que la vida es creadora de vida.

Sonia Pirona, Omaira Calderón y Rosa Elena Pérez son terapeutas certificadas en biodanza. Se formaron en la Escuela Metropolitana de Biodanza de Caracas y nos dieron una afectuosa bienvenida a su clase de los jueves.

—¿QUÉ LAS MOTIVÓ A EMPRENDER EL MUNDO DE LA BIODANZA?

—Sonia Pirona (SP): Vengo del periodismo y del teatro y la biodanza se me abrió, no solo como una oportunidad de sanar y de abrir mi corazón sino como una nueva puerta laboral, luego de haber pasado la tercera edad. La biodanza es una carrera que se estudia por cuatro años, con tesis de grado y prácticas monitoreadas, y una vez te certificas puedes trabajar como terapeuta en cualquier país del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, están incorporando la biodanza al currículo de las escuelas primarias y secundarias.

Rosa Elena Pérez (REP): Yo no sabía que iba a terminar certificándome como terapeuta. Empecé por curiosidad y, sin darme cuenta, me fui involucrando tanto que terminé por estudiarla y profundizar en el conocimiento. El ambiente con mis compañeros es tan nutritivo que nos hemos convertido en familia del alma.

—¿QUÉ CAMBIOS SIGNIFICATIVOS HAN EXPERIMENTADO ANTES Y DESPUÉS DE LA BIODANZA?

—REP: Me he vuelto más flexible y mucho más afectiva. Vengo de haber estudiado Letras y para mí la vida era, principalmente, intelectual: habitaba, sobre todo, el mundo de las ideas y los argumentos. Con biodanza la razón fue cediéndole espacio a la afectividad y ahora me comunico mucho más desde el afecto y el tacto que desde, netamente, la razón. Esta clase que vimos hoy, por ejemplo, la hice con mi mamá ayer. Ella es paciente de Alzheimer y, para ambas, compartir dos horas de entrega de afecto fue muy especial y sanador.

SP: Me siento más sensible que antes y me conozco mejor. La biodanza me ha otorgado una conciencia mayor de grupo y un mejor sentido de pertenencia al todo. Rolando Toro, creador de la biodanza, postulaba que la falta de amor y el sentido de individualidad son contranatura. Llenar los espacios vacíos de la mente con amor y creatividad me ha ayudado a fluir mejor.

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—¿QUÉ EXPERIENCIAS HAN VISTO CON SUS ESTUDIANTES?

—REP: Al cabo de algunas clases notamos que son menos tímidos y más afectuosos.

—¿QUÉ LAS TRAJO AL MUSEO DE ARQUITECTURA?

—SP: Rosa, Omaira y yo creamos el Grupo de Acompañamiento Holístico Miradas y le presentamos el proyecto al Museo de Arquitectura. Ellos nos dieron todo el apoyo, desde el principio. Quisimos traer este conocimiento al oeste de la ciudad porque el Este ya tiene bastantes centros de biodanza. Cada sesión tiene un costo de Bs. 150.000 y lo que recopilamos lo compartimos con el museo para apoyarles con el material que requieran, ya que el presupuesto anual que reciben es de apenas Bs. 10 millones.

—¿QUÉ MENSAJE LES DAN A QUIENES NO CONOCEN LA BIODANZA?

—REP: Que vayan a una clase, que prueben. Porque pueden contarles pero jamás será como vivir la experiencia de una clase de biodanza, por lo expansiva, sabrosa y relajante que es.

Durante la dinámica varios estudiantes confesaron los cambios internos que experimentaron con la biodanza. Una bailarina dio testimonio de la desaparición milagrosa de un espolón en su pie izquierdo tras varias sesiones de danza. Otra estudiante confió al grupo que, luego de una larga terapia de psicoanálisis, la biodanza le había generado mayor asertividad social.

Teniendo en cuenta la forma en que la violencia se ha venido naturalizando en la cotidianidad caraqueña, vale la pena empezar a transformar patrones tóxicos de convivencia por códigos de encuentro y de afecto sanador. Ciertamente, un regalo muy necesario para la ciudad en estos días convulsos, en los que intereses apuestan por la disociación psicótica. La invitación es todos los jueves, de 3 pm a 5 pm, en el Museo de Arquitectura.

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