LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

ÉPALE292-HAMLETLa falta de certeza, la duda, lo incierto que no es falta de verdad sino falta de nitidez de lo verdadero es una situación en la que la realidad a la que nos enfrentamos  nos ofrece un panorama que puede definirse de muchas maneras. También es la necesidad de decidir sobre algo y no tener seguridad o los elementos de juicio suficientes para asumir una opción con contundencia.

En el teatro, tanto en los procesos de escritura dramática como en la concepción que un director puede tener para llevar a escena una pieza o la tarea que lleva a cabo un actor, la incertidumbre es una herramienta con la que se construye un personaje, una escena o una pieza entera. La incertidumbre es para el actor un motivo, un indicio al que tiene que obedecer.

Hamlet es, tal vez, uno de los personajes teatrales cuya incertidumbre ha adquirido mayor relevancia y que se reviste con estatura filosófica. Su famosísima frase, “Ser o no ser, he allí el dilema”, da cuenta de varias concepciones de la realidad . Entre otras, ese tránsito ineludible de la vida a la muerte. También habla sobre la autopercepción y de la necesidad de que eso que creemos de nosotros mismos se emparente con una acción que nos permita adquirir una dimensión de realidad. Porque la incertidumbre siempre se genera por la necesidad de accionar. En consecuencia, con una definición o una percepción de la realidad que vivimos. Así, la incertidumbre es, en sí misma, un motor,  un móvil, un impulso hacia el hacer. No solamente para salir de ella sino para decidir sobre la dinámica que exige tomar una decisión, aclarar o tratar de aclarar si estamos en el camino del objetivo que nos proponemos o nos acerca al objeto del deseo.

El asedio económico se convirtió en una herramienta terrible para socavar nuestro proceso revolucionario.  ¿Cómo resolverlo? Se presentaba una gran incertidumbre. Ser muy radical podría, o no, echar por la borda una estabilidad conquistada a pulso durante años. Hacerle el juego al enemigo podría fortalecerlo y, simultáneamente, debilitarnos.

Sin lugar a dudas, las medidas económicas que se están instrumentando son el resultado de una larga incertidumbre, de un delicado juego de equilibrios, de profundas discusiones. De la pregunta apremiante, ¿cómo lo enfrentamos?, se llegó a esta respuesta. Y esta respuesta, a su vez, nos lleva a otra incertidumbre: ¿lo lograremos o no? Lo que sí es cierto es que del concurso decidido, claro y diáfano de todos nosotros depende el resultado. Una vez más las cartas están echadas. Lo hacemos o no lo hacemos, he allí el dilema.

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