La madre de todas las mentiras

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

La madre de todas las agresiones, una más realmente, acabó con la vida de 23 millones de seres humanos; costó la devastación de un país entero que quedó en ruinas, forzó el éxodo masivo de personas que luego migraron hacia Europa donde fueron brutalmente rechazadas, e inauguró para la historia bélica del mundo una etapa donde la “verdad” no tiene ningún peso ético para evitar un genocidio.

Las armas de destrucción masiva, que nunca existieron, fueron la razón que argumentaron Estados Unidos y sus aliados para desplegar la tristemente célebre Segunda Guerra del Golfo o simplemente Guerra de Irak, movilizando en 2003 una coalición internacional integrada además por Australia, Reino Unido, Polonia y hasta España, que en cuatro años no solo acabó con un pueblo plagado de dignidad e historia, sino que depuso y ajustició a su principal líder, Sadam Husein, a sus hijos, a la mayoría de su equipo de gobierno, e impuso un gobierno títere, luego de una trama de espionaje e invenciones con el objetivo único de controlar el mercado petrolero del Medio Oriente.

No lo dijo Maduro ni la propaganda comunista: lo dijeron in situ el Centro para la Integridad Pública de EEUU (organización estadounidense de periodismo de investigación sin fines de lucro), que detectó al menos 935 declaraciones falsas del régimen de George W. Bush antes del ataque.

Lo señaló abiertamente el secretario del Tesoro de entonces, Paul H. O’Neill, quien afirmó que el presidente tenía la intención de invadir Irak y estaba desesperado por encontrar una excusa para la guerra.

Lo expuso la ONU, cuando el propio jefe de los inspectores para Irak, Hans Blix, dijo en febrero de 2003 que había realizado más de 400 inspecciones por todo el país, sin que Sadam se opusiera, y no encontraron las famosas armas.

También el jefe de la CIA, George Tenet, quien manifestó por aquellos días que los intentos de verificar la información sobre las armas no habían tenido éxito.

Por entonces, en la resaca de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2011 y desesperado por hallar culpables, Bush metió a Irak en su fantasioso saco del Eje del Mal junto a Irán y Corea del Norte, al que luego la administración gringa agregaría a Libia, Siria y Cuba y después a Bielorrusia, Birmania y Zimbabue.

La propia prensa inglesa, por 2013, estableció sin posibilidad de dudas que las mentiras suministradas por dos espías iraquíes jugaron un papel central en la decisión de Estados Unidos y Reino Unido de comenzar la guerra de Irak para derrocar al gobierno de Sadam Husein.

Fue una trama que se tejió a partir de informes falsos entregados por la inteligencia británica (MI6) a su primer ministro, Tony Blair, y que enseguida copiaron los norteamericanos para validar el ánimo pendenciero de Bush.

Antes, durante y después de la invasión a Irak, la alianza ofreció “democracia” y “felicidad” a la antigua Mesopotamia, cuna de la civilización, que lo que ha recibido hasta ahora es fuego, sangre y lágrimas.

ÉPALE 370