La mala educación

Por María Eugenia Acero @andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez    

Una de las leyendas urbanas del discurso de la subalternidad afirma que la educación venezolana es deficiente. Bajo esta premisa, hay quienes aseguran que la formación académica es mil veces mejor en otras tierras y que lo que aprendemos en nuestro país se queda corto. Este tipo de creencias se suelen reforzar, especialmente, en las instituciones educativas privadas, que tienen la tendencia a impartir una ideología eurocentrista y de desprecio por lo que se hace aquí, hecho que se refuerza con los libros de editoriales de derecha que utilizan. Ahora bien, ¿es cierto que en Venezuela no nos educamos bien?

En el siglo XX, la educación pública era una de las mejores de la región. Los liceos Gustavo Herrera, Andrés Bello y Fermín Toro no sólo fueron levantados sobre grandes y modernas infraestructuras, sino que formaron a miles de jóvenes por varias generaciones con altos niveles de conocimiento formal y de criterio moral. Tanto así, que las protestas sociales que se vivieron en los años 70 venían precisamente de las instituciones educativas públicas.

Hace 15 años Venezuela fue declarada territorio libre de analfabetismo. Uno de los mayores logros que impulsó el presidente Hugo Chávez fue haber implementado la Misión Robinson para alfabetizar a adultos. Con al menos 1.484.543 venezolanos alfabetizados gracias a esta misión —primera misión social creada por el Gobierno venezolano con el apoyo de Cuba—, Venezuela alcanzó uno de los objetivos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para este milenio en materia educativa. La Misión Robinson es un programa de alfabetización dirigido a la población históricamente excluida: pobres, indígenas, privados de libertad, adultos mayores y discapacitados.

Tras este logro, se crearon misiones Robinson II, Ribas y Sucre, que hicieron seguimiento al progreso educativo hasta llegar al nivel universitario. Estas misiones han logrado graduar a millones de adultos que no habían tenido acceso al estudio por dificultades económicas y sociales.

Este hito histórico y social colocó a Venezuela a la vanguardia de la calidad educativa, ya que no sólo se quedó en esta labor, sino que desde 1998 han venido aumentando la cantidad de universidades, y entre esas casas de estudios superiores tenemos, por ejemplo, una universidad de las artes, una universidad militar y una universidad de la tercera edad, entre otras. Aparte, la tradición de las ferias del libro a precios subsidiados y la constante publicación de obras en diversas áreas del saber son un beneficio que no existe en otros países.

Adicionalmente, nuestro sistema educativo tiene 287 escuelas técnicas. Estas casas de estudio forman a los estudiantes en artes y oficios para quienes deseen incursionar más rápido en el mercado laboral. También existe el Inces, que capacita a aprendices en diversos ocupaciones y los deja bien preparados empezar a trabajar en poco tiempo.

Antes de la Revolución Bolivariana también hubo iniciativas que fomentaron la excelencia académica. Las becas de Fundayacucho ayudaron a miles de estudiantes a proseguir su formación en otros países. De hecho, muchos de esos becarios terminaron quedándose en el exterior, dando a lugar a una fuerte fuga de cerebros. La migración venezolana del siglo XX era de alta calidad por ser de una clase profesional, reconocida por poner su conocimiento al servicio de esas tierras.

Hoy en día, se puede decir con toda seguridad que en Venezuela no estudia el que no quiere. Tanto a nivel técnico como profesional abundan las alternativas de calidad mejores que en el extranjero.

ÉPALE 379