POR MARIELIS FUENTES • FUENTESMARIELIS@GMAIL.COM /ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE278-SOBERANÍASEn España las fiestas en honor al patrono de Navarra, San Fermín, son un maremoto de violencia. Nueve días consecutivos, un millón de personas, sangría y otras sustancias. Inicia con el estallido del Chupinazo y entre el descontrol comienzan las agresiones. Acuden jóvenes locales y turistas. Algunas chicas van a compartir con amistades, otras participan en las famosas corridas de toros, muchas caen en el sacudón de agresiones. Según el instituto Navarro para la Igualdad, desde 2011 hasta 2015 el ayuntamiento de Pamplona registró 27 denuncias por agresiones sexuales, solo en 2013 se registraron diez denuncias de mujeres agredidas en medio de las medievales fiestas. Esto al ayuntamiento parece no preocuparle, y cada año auspician las fiestas.

Hace poco días la sentencia que el ayuntamiento dio frente al caso de violación sexual por parte de cinco hombres contra una joven de 18 años, revolvió las vísceras de la indignación ciudadana. Los jueces, después de dos años de querella, decidieron desestimar el relato de la víctima y beneficiar a los imputados. La pena fue menor a lo que se imputa en España por una pelea de bar: cuatro de los acusados deberán cumplir nueve años de prisión y una multa de 50.000 euros.

Si no le conmueve hagamos un ejercicio de empatía. Imagine: tiene 18 años, desea divertirse, sale con unxs amigxs y en medio del bullicio se pierde. Se sienta en un banco al lado de un hombre, hace una llamada, el desconocido le busca conversación. Decide marcharse mientras llegan otros cuatro hombres, cuando se levanta estos ofrecen acompañarle. Al llegar al portal de un edificio uno de ellos finge ser vecino del mismo. Entra, abre el portal, el resto le toman, le llevan dentro y, una vez allí, pasa de ser una joven cualquiera a presa del deseo brutal y la misoginia viril. Cuatro de ellos le penetran por la boca, ano y la vagina; el otro graba la grotesca escena: su cuerpo es un festín de maltrato, de burla. Mientras eyaculan sonríen a la cámara, usted cierra los ojos, inerte. Los cinco huyen, busca llamar, se llevaron su móvil, sale a la calle llorando, alguien le encuentra, llama a la policía. Horas después los cinco (autodenominados “la manada”), suben el video a internet haciendo gala de su desprecio por lo femenino.

En toda la sentencia no se habla de violación a la privacidad, a la intimidad y mucho menos de violación sexual, solo abuso sexual. Uno de los jueces, incluso, opinó que la joven disfrutaba porque tenía los ojos cerrados. La ciudadanía española explota y por días llena las calles y redes sociales exigiendo justicia real, severidad. A los pocos días un caso similar se repite en Chile: cinco hinchas violan en colectivo a una joven. Cuando la misoginia viste de toga la justicia calla y el machismo es un cerdo eyaculando sobre un cadáver.

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