Soccer Football - Copa Libertadores Final - Second leg - River Plate v Boca Juniors - November 24, 2018 - River Plate's fans clash with riot police after the match was postponed. REUTERS/Alberto Raggio

LA DECISIÓN DE CELEBRAR EL PARTIDO DE VUELTA DE LA FINAL DE LA COPA LIBERTADORES DE AMÉRICA EN MADRID, ARGUYENDO MOTIVOS DE SEGURIDAD, SOLO ES UN CAPÍTULO MÁS DE LA PERENNE CAPITULACIÓN DE LA CONMEBOL ANTE LA TODOPODEROSA UEFA

POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL / FOTOGRAFÍAS ARCHIVO 

Los términos globalización, nuevo orden mundial y todo aquel que pretenda uniformar a los países del globo, a todas las corrientes culturales de nuestro planeta en un solo saco, no son más que vertientes de una misma corriente: aquella que pretende implementar un pensamiento único, global; la que, escudándose es una supuesta universalidad, busca eternizar su hegemonía unificando un fenómeno tan diverso como la cultura. A este orden exclusivo no escapa, por supuesto, el deporte, y especialmente el fútbol, toda vez que se trata de una manifestación cultural que, si bien tiene su origen en el continente europeo —tal como lo conocemos hoy en día—, fue en tierras sudamericanas donde alcanzó la categoría de fútbol-arte.

En 1938 Argentina declinó participar en el mundial que Francia organizó, como protesta por la designación de ese país durante los Juegos Olímpicos Berlín 1936, argumentando que las sedes debían otorgarse alternativamente a cada continente y que en 1934 había sido Italia el país organizador de la cita futbolera. De esta manera, un país con el peso específico de Argentina en el ámbito del fútbol mundial pisaba fuerte y dejaba a aquel evento sin el privilegio de presenciar a una de las mejores selecciones del mundo… cosa que Argentina siempre ha sido: hablar de la historia de este deporte sin mencionar a la albiceleste es poco menos que imposible. Claro está, las décadas pasan, los poderes —léase “globalización futbolística”— se afinan y las irreverencias y posturas reaccionarias quedan en el pasado: hoy por hoy el país austral, así como cualquier otro del orbe, sin importar su trascendencia, está supeditado a los designios de la mafia que es la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) y, particularmente, al más conspicuo de sus capos: la UEFA (Unión Europea de Fútbol Asociado). Este organismo europeo maneja, incluso, más dinero que la propia FIFA y, como quien pone los centavos es quien manda, su capacidad de decisión en el seno del balompié internacional es determinante.

La AFA se ha mostrado incompetente para erradicar la violencia del fútbol argentino

La AFA se ha mostrado incompetente para erradicar la violencia del fútbol argentino

Una prueba de esta omnipotencia fueron las declaraciones que el presidente de la UEFA, el esloveno Aleksander Ceferin, le hiciera al periodista Sebastián Fest para La Nación, donde manifestaba, con bastante arrogancia y no menos inmodestia, que era bastante atrevido pensar que la Libertadores pudiera ser mejor que la Champions. Obviamente, sus palabras tienen el aval de que los clubes europeos aglutinan a lo más granado del fútbol internacional, en cuanto a la calidad de jugadores se refiere. En todos los países del llamado Tercer Mundo, o fuera de la órbita de las ligas europeas, existen academias que buscan de manera incansable reclutar los talentos que habrá de formar las plantillas de los principales clubes del Viejo Continente.

Cabe señalar, también, que en todo proceso de colonización los colonizadores tienen a su servicio connacionales con complejo de colonizados. Así, el Rey Pelé hizo abiertas gestiones para que Alemania albergara la cita mundialista de 2006 en detrimento de su propio país, Brasil, quien finalmente sería sede, ocho años después, en la edición de 2014. Este último enfoque (colonizador-colonizado) tiene relación directa con —como ya hemos señalado— el tamaño, el poder económico, los patrocinadores y el nivel de las estrellas que albergan las ligas europeas; a esto sumamos que desde el Mundial Corea-Japón de 2002 un país sudamericano no se proclama campeón del orbe. Para el próximo mundial serán dos décadas sin un título para la región, toda una eternidad para países como Brasil, Argentina y Uruguay. Sin duda, este hecho hace que la Conmebol pierda aún más terreno ante la todopoderosa UEFA.

Actualmente, por razones de orden crematístico, los clubes revisten más importancia que las mismas selecciones nacionales. Si bien es cierto que un evento como el Mundial de Fútbol representa la gallina de los huevos de oro para la FIFA, las ligas y copas europeas manejan una ingente cantidad de dinero todos los años, todo el año. Y dentro de este ciclo pecuniario, por supuesto, se encuentran los clubes sudamericanos, siendo los de Argentina, Brasil y Uruguay quienes más talentos exportan a equipos del otro lado del océano, lo que representa para las entidades de nuestro subcontinente importantes ingresos económicos al año, llegando muchas veces a significar, literalmente, un salvavidas para estas organizaciones.

Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA

Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA

Alejandro Domínguez, rector de Conmebol

Alejandro Domínguez, rector de Conmebol

LIBERTADORES EN LA “MADRE PATRIA”

Para el pasado 10 de noviembre de 2018 estaba pautado el partido de ida de la final de la Copa Libertadores entre los equipos argentinos River Plate y Boca Juniors. El mismo fue suspendido para el día 11 por un intenso diluvio caído sobre La Bombonera. Curioso presagio de lo que vendría después. El clásico Boca-River es uno de los que más pasiones despiertan a nivel mundial, solo comparado con el Real Madrid-Barcelona; obviamente, la feroz cobertura mediática y los multimillonarios patrocinios que se generan en torno a estos clásicos llevan las pasiones al paroxismo. Y que el clásico de clubes sudamericano se jugara en una final de la Copa Libertadores, por supuesto que le añadía un plus a la ya tradicional rivalidad entre los equipos rioplatenses. El partido de ida terminó igualado 2-2, lo que auguraba mayor suspenso y pasión al desenlace. La vuelta estaba prevista para el sábado 24 de noviembre, pero la agresión por parte de la hinchada de River al autobús que trasportaba a los jugadores del Boca al Monumental de Núnez con piedras y gases provocó que, a la postre, se suspendiera el partido, luego de algunos intentos de retomarlo en las próximas horas o en los próximos días… y he aquí donde comienza la telenovela.

Sin duda, una agresión de semejante naturaleza exige de parte de las autoridades regionales, como mínimo, la suspensión de la sede y una multa para el equipo local. Soslayar este incidente tendría consecuencias inimaginables. Además, la decisión de realizar el partido pendiente fuera de suelo argentino fue más que acertada. En principio hubo un ramillete de opciones, todas dentro de suelo americano, a excepción de una: Doha (Catar). A saber: Miami (EEUU), Asunción (Paraguay), Belo Horizonte (Brasil) y Medellín (Colombia). Todas ellas garantizaban lo más importante: la seguridad. Se entiende que la variable económica es la que priva al postularse como sede para albergar este tipo de evento: un clásico, así sea un partido mediocre, vende millones; y con el tinglado que se armó en cuanto a este partido en particular los réditos serían aún mayores. Sorpresivamente, y argumentando que Madrid posee la neutralidad necesaria para la realización del choque, el presidente de la Conmebol, el paraguayo Alejandro Domínguez, se decantó porque el partido tuviera lugar en el Santiago Bernabéu.

“Madrid alberga todo lo que se necesita (para organizar el partido): España es el país que tiene la mayor comunidad argentina fuera de Argentina, es la décima ciudad más segura del mundo, su aeropuerto es el que más conectividad tiene con América Latina, tiene una gran cultura y tradición de fútbol, especialmente Madrid”, palabras de Domínguez, las cuales, auscultándolas una a una, son perfectamente rebatibles. La diferencia de los índices de inseguridad entre Madrid y, por ejemplo, Santiago de Chile no han de ser tan abismales, amén de que la capital chilena tiene la suficiente conectividad con Argentina y su cultura futbolística está fuera de todo cuestionamiento. Argumentos baladíes que intentan soterrar lo que es un secreto a voces: la actitud genuflexa de la Conmebol ante la UEFA. Por otro lado, si bien es cierto que el aeropuerto de Madrid-Barajas tiene alta conectividad con Latinoamérica, ¿cuántos y quiénes de los seguidores del las oncenas argentinas estaban dispuestos o tenían la capacidad monetaria, como habitantes de un país que atraviesa una crisis económica, de cruzar el Atlántico para presenciar el partido de vuelta de la superfinal? Si la asistencia al coso madrileño dependiera de estos guarismos, seguramente hubiésemos presenciado una final con las gradas vacías.

No se precisa una gran suspicacia para dilucidar que en la elección del Santiago Bernabéu para realizar el encuentro que definiría al mejor equipo de América se impusieron razones de orden económico y el poder del ente que rige al fútbol de Europa. Veamos. Es bastante probable que el prometedor jugador argentino Cristian Pavón, ficha del Boca y seleccionado argentino, esté en la mira de algún equipo español, posiblemente el Real Madrid. Tal vez sea comprado por una millonaria suma, donde su actual club resulte el más favorecido. A continuación, se fabricarán dos millones de camisetas del equipo merengue con la inscripción “Pavón” (a 100 euros, en promedio, cada una). Seguidores del jugador argentino, del Boca y del Real Madrid harán lo indecible por obtenerla. Considerando las cuantiosas ganancias que arroja su fichaje en las primeras de cambio, al jugador —el obrero del gramado— le quedan las migajas: un esclavo de oro. Esto sin contar entre los 80 y 85 partidos que juega el equipo al año entre Liga, Copa del Rey y copas europeas. Se exprime de tal manera al jugador que, haciendo una aberrante comparación, “bachaquear” gasolina en la frontera colombo-venezolana arrojaría menos dividendos. Por tanto, y observando todo este panorama, se deduce que pugnar porque la final Boca-River se realizara en territorio europeo era un imperativo, ya que dicha vitrina representaría una cuantiosa inversión.

Un campeonato con sabor agridulce

Un campeonato con sabor agridulce

En fin, es una vana ilusión pretender que instituciones tan antidemocráticas como la FIFA, la UEFA y la Conmebol consensúen sus dictámenes con equipos, jugadores y fanáticos. Nos encontramos ante una filigrana monárquica que dicta, a su más discrecional antojo, los destinos de un deporte tan hermoso como el fútbol. Que los mandamases del balompié sudamericano capitulen ante los jerarcas al otro lado del charco no tiene por qué ofuscar a nadie: cada quien tiene presente cuál es su papel, tanto colonizador como colonizado.

Mientras la memoria de nuestros Libertadores ha sido mancillada al trasladar la final de la Copa Libertadores a suelo europeo, y así cauterizar todo vestigio simbólico que aún le quedara al certamen, a los seguidores de esta bella disciplina no nos queda más que buscar los destellos, los brillos en el hierro oxidado de la podredumbre que rige este deporte, con la esperanza de que algún día, al menos, se haga justicia con el jugador y el fanático; quienes, a fin de cuentas, son los que le dan plena existencia a este hecho cultural. Y esa justicia pasa, necesariamente, por remover los antros de corrupción en que se han convertido la AFA (Asociación de Fútbol Argentino), la UEFA y la FIFA.

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