TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO •@MAGODEMONTREUIL

ÉPALE285-TRAS EL DISCURSOA 42 años del estreno de la primera entrega de la zaga Rocky (EEUU, 1976) es menester desentrañar de este mítico filme elementos que condicionan y modelan el imaginario colectivo de las actuales sociedades. La pieza busca implementar el arquetipo justo en el año de la celebración del Bicentenario de la Independencia de EEUU, efeméride que, dentro de la diégesis fílmica, opera como modelo de libertad y de realización de sueños.

El actante principal de la cinta resume todo lo que la sociedad norteamericana —y tal vez mundial— califica como el clásico perdedor: un incesante batallador de aspecto triste y sin futuro posible, de precarias condiciones, quien para ganarse la vida sirve a un prestamista mediocre como guapetón de poca monta, cuando no, eventualmente gana algo de dinero flagelándose sobre un cuadrilátero: agudo y fiel retrato del estadounidense promedio, representante de la mayoría del pueblo norteamericano. Sin duda, la no grandilocuencia, lo salvaje y sencillo de su narración —muy propios de la estética cinematográfica gringa de los años 70— contribuye a la creación de una dramática estampa de un sistema al que le es cada vez más difícil maquillar sus porquerías. Pero dicha representación dramática se queda en el camino cuando pretende entronizar al american way of life, al american dream.

El campeón mundial le da la oportunidad, en el Bicentenario de la Independencia, a un don nadie de alcanzar el “éxito promedio” en una sociedad donde pocos son los llamados y mucho más escasos los elegidos. En este punto queda evidenciada la hipocresía del altruismo, es decir, el sistema, para su sobrevivencia, apela a la “solidaridad” y al heroísmo del ciudadano de a pie para ratificar lo que es toda una filosofía del hombre urbano contemporáneo: la voluntad todo lo puede. Solo que, después de todo, seguirán siendo los mismos segregados y excluidos: el negro y la escoria blanca.

Una vez más los premios Oscar le dan un espaldarazo al sistema obsequiándole al filme tres estatuillas (película, dirección y edición). Queda en el imaginario una historia que poetiza el drama social de una generación sin futuro: el sueño americano funge como comodín, sirve para todo.

ÉPALE 285

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