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EL LEGADO DE LA “GUARACHERA DE CUBA” ES INNEGABLE E INCLUYE UNA PIEZA MUSICAL QUE MUCHOS ANTICASTRISTAS QUISIERON OCULTAR EN NOMBRE DE SUS PROPIOS ODIOS

POR NATHALI GÓMEZ • @LAESPERGESIA

El “azúcaaa” de Celia Cruz no siempre fue para Cuba, país donde nació pero al que solo regresó una vez. Esta habanera vino al mundo un 21 de octubre de 1925. Úrsula Hilaria Celia Caridad de la Santísima Trinidad Cruz Alfonso fue la segunda hija de un fogonero de los ferrocarriles y una ama de casa. Su biografía oficial cuenta que a los 12 años un turista la escuchó cantando en las calles y quedó tan prendado de su voz que le regaló un par de zapatos. Aún no sabía que décadas después sería reconocida, justamente, por su calzado de tacón invertido, con el que se tongoneaba como la conocida Guarachera de Cuba, con sus trajes ceñidos llenos de brillo y colorido.

El padre de Celia, Simón, quería que fuera maestra, pero su gusto por el canto se impuso en las fiestas populares habaneras y estaciones de radio. La “reina de la salsa”, como fue llamada después, abandonó la carrera de docencia para ingresar al Conservatorio Nacional de Música. Las canciones de arrullo para sus hermanos y primos cimentaron esa carrera que, justamente, la llevaría lejos de su familia.

Antes de su salto al reconocimiento con Sonora Matancera, Celia estuvo en Israel, en 1949, acompañando con su voz al grupo de baile Las Mulatas de Fuego.

En 1950, cuando apenas tenía 25 años, fue aceptada por la Sonora Matancera, tras el regreso a Puerto Rico de su cantante, Mirta Silva. Su debut fue el 3 de agosto de ese año. Al principio, y aunque parezca increíble, su voz no tuvo acogida en el público. A pesar de este primer tropiezo, su peculiar estilo, unido a su personalidad y su talento, hicieron que estuviera con esta orquesta 15 años, donde además conoció a su esposo, Pedro Knight.

Su producción musical fue prolífica durante esos años: 188 canciones, entre las que se encuentran las imbatibles “Burundanga”, “Caramelo”, “El yerberito moderno”, “Tu voz”, “Ritmo, tambó y flores”, “Pa’ la paloma”, “Nuevo ritmo omelenkó”, “Vallán vallende”, “La sopa en botella”.

AÑOS 60

Cuando Celia falleció, en 2003, algunos medios de comunicación criticaron la escueta nota del periódico cubano Granma, donde se leía que la salsera: “Se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la Revolución Cubana generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como icono por el enclave contrarrevolucionario del sur de la Florida”.

Esta aseveración fue tildada de malsana, pero no puede negarse que en 1960, tan solo un año después de la Revolución Cubana, fue una etapa de definiciones para quienes decidieron quedarse dentro o fuera de la isla.

En 2004, el colombiano Eduardo Márceles Daconte, autor del libro Azúcar, dijo que agregaría en su biografía sobre la cantante la canción que le compuso a Fidel Castro.

Márceles afirma que en la primera edición de ese libro fue censurada por la editorial por temor a que, en un ataque de locura, la comunidad cubana en Estados Unidos quemara el libro. También se temían los problemas con los familiares de la sonera, quienes amenazaron con demandarlo por “difamación y calumnia”.

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El tema en honor al revolucionario latinoamericano se llamaba “Guajiro, llegó tu día” y, según el autor del libro, había que entenderlo como producto de la “euforia por el triunfo de la Revolución” debido a que Celia había padecido la discriminación, por su color de piel y clase social, en su propia tierra.

Guajiro, ya llegó tu día / Guajiro, ya llegó tu día. / Dura es la vida del campo / trabajar de sol a sol / para ganar tres pesetas / y para comprar frijol. / Reforma Agraria es el grito / que Fidel lanzó en la Sierra / que estremece a Cuba entera. / Guajiro, ya llegó tu día.

A partir de diciembre de 1959, el director de la Sonora Matancera, Rogelio Martínez, firmó un contrato en México. Según los cronistas, cuando Celia se montó en el avión expresó: “Este vuelo no tiene regreso”. Cinco meses después, el 10 de mayo de 1960, el grupo grabó sus últimos temas en Cuba, entre los que se encontraba “Mi cocodrilo verde”, un homenaje a El Caimán del Caribe, como también es conocido el territorio insular.

El 15 de julio de 1960 la habanera se despediría definitivamente de la ciudad y del malecón, donde el sol tantas veces acarició sus hombros y el viento se llevó sus canciones.

A pesar de su “Guajiro, llegó tu día”, la salsera manifestó repetidas veces que volvería a Cuba cuando Fidel no estuviera. “No soy comunista ni me gusta el comunismo. Por eso me fui de Cuba. Pero no hago de mi arte una bandera política”.

CELIA Y LA GUERRA FRÍA

Según unos documentos desclasificados, publicados por el diario anticastrista The Miami Herald, Celia donó dinero a fundaciones contrarrevolucionarias para que el FBI “olvidara” esa canción a favor de Fidel. Aparentemente, después de esta acción obtuvo su visa americana.

Un presunto memorando desclasificado, fechado en 1965, arroja que el FBI afirmaba que la Reina de la Salsa había desertado “del régimen comunista en julio de 1960” y que había ayudado a “organizaciones anticomunistas y anticastristas” con presentaciones pro fondos para ellos.

Ese mismo año terminó su matrimonio musical con la Sonora Matancera y empezó su etapa de solista de la mano de Pedro Knight, su esposo, arreglista, director y representante. El primer paso lo dio con el timbalero Tito Puente, con quien trabajó en cinco discos y dejó para la posteridad la conocida “Bemba colorá”.

En 1973, en plena psicodelia, se unió al pianista de Fania, Larry Harlow, conocido como el Judío Maravilloso. A partir de su interpretación de “Gracia Divina”, saltó al terreno salsero. Un año después grabó un trabajo con Johnny Pacheco que se convirtió en disco de oro.

En la década de los 80 Celia recorrió el mundo. Su carrera estaba consagrada y la homenajearon en grande en el Madison Square Garden. En 1989 celebró los 65 años de su primera casa: la Sonora Matancera, en el Central Park de Nueva York. Allí estuvieron Daniel Santos, Carlos Argentino, Vicente “Vicentico” Valdés y Bobby Capó.

En 1990 regresó a Cuba de una manera más bien simbólica. Se presentó en la base naval de Estados Unidos en Guantánamo. Tras ese concierto, dicen que se llevó un puñado de tierra de su país para que la colocaran en su urna, tras su muerte, ocurrida en 2003. Celia padeció un cáncer de seno que le hizo metástasis en el cerebro.

La guarachera grabó 76 discos, de los cuales 20 fueron de oro. Fue nominada 15 veces al Grammy y lo recibió en dos oportunidades. Su grito de “azúcaaa” se hizo universal.

Quienes quisieron aprovechar su desaparición física para atacar a la Revolución Cubana así lo hicieron; sin embargo, como dijo el cantautor Silvio Rodríguez, años después: “No hay cubano con sentido del oído que no la haya escuchado con admiración”.

 

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