La paradura del niño

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

Mucha gente en el mundo dice que el venezolano tiene una naturaleza optimista tan fuerte, que por esta razón es que no ha podido desplomarse tan fácilmente en medio de tantos asedios internacionales. Tal vez por eso seamos tan parranderos, al punto de que es posible que nuestras Navidades sean las más largas del mundo.

En Venezuela las fiestas decembrinas se prolongan hasta el 2 de febrero, Día de la Candelaria, y cuando también se celebra la fiesta de la Paradura del Niño. Esta tradición es principalmente fuerte en los Andes. La Paradura del Niño, también llamada Robo y Búsqueda del Niño por la variante de esta tradición realizada en algunos pueblos de los Andes en Venezuela, es una celebración católica en la que una representación del Niño Jesús ya puede pararse. Esta se celebra en toda la región andina de Venezuela desde el 25 de enero hasta el 2 de febrero de cada año. Esta fiesta tiene mayor importancia en las ciudades de Tovar y en el estado Mérida, así como en los pueblos del páramo de los estados Mérida y Táchira y en la localidad de Boconó, estado Trujillo, también es practicada en ciertas zonas del estado Barinas, como en Barinitas.

La paradura tiene dos fuentes: una, en Italia, en un pueblito que se llama Asis, donde San Francisco, hizo por primera vez el pesebre y, la otra, se origina en un pueblo que llaman Llano de Hato.

El día de la celebración los concurrentes se agrupan frente al pesebre en la casa de algún devoto, donde un grupo de músicos, cantantes y rezanderos conducen la celebración. Con antelación, los dueños de la casa designan a una o hasta cuatro parejas de padrinos del Niño, quienes dan inicio a la festividad repartiendo las velas que se llevarán encendidas durante la procesión. Los cantores dirigen la Paradura entonando coplas alusivas a la ceremonia. Los padrinos se dirigen al pesebre y toman la imagen colocándola sobre un pañuelo de seda. Cada uno de ellos toma una punta del pañuelo y se inicia entonces la procesión o paseo del Niño alrededor de la vivienda o por el patio de la misma. En el estado Trujillo, este ritual se conoce como Serenada del Niño, y los creyentes participan en él con rezos y coplas alusivas al acto. Este paseo tiene como objetivo lograr que el recién nacido bendiga y proteja el bienestar familiar y asegure la prosperidad de las tierras en los campos. Al terminar el paseo, la procesión regresa al pesebre frente al cual se realiza el Beso del Niño, acto en el cual los presentes se arrodillan para besar la figura de Jesús. Seguidamente el dueño de la casa hace la Parada o Paradura, colocando de pie la imagen del Niño en medio de las de San José y la Virgen. Después de parar la imagen en medio de cantos que celebran el acto, se entonan versos pidiendo a Dios por la salud, protección y fortuna de los presentes durante el nuevo año. Para finalizar se hace un brindis, en el cual tradicionalmente se ofrece bizcochuelo o mantecada, vino y miche. Después el rezandero conduce el rosario, al final del cual se cantan romances y décimas.

Esta fiesta se puede leer como un himno a la esperanza. Haber perdido al Niño Santo, y luego recuperarlo entre cantos, décimas y alabanzas constituye un mensaje de que al final la luz siempre vence a la oscuridad, y de que el nuevo año logrará salir victorioso de todas las batallas.

Sirva esta reflexión para que este 2021 que empieza traiga la luz necesaria para resolver todos nuestros desafíos, para caer de pie como el Niño Jesús bendito de los Andes.

ÉPALE 397