ÉPALE261-ENTREVISTA

ESTA ABUELA TRUJILLANA NUNCA LE TUVO MIEDO AL TRABAJO NI AL TIEMPO DE DEDICACIÓN PARA HACER SUS TORTAS. DESDE DICIEMBRE HA TENIDO QUE DEJAR DE HACER LOS POSTRES QUE VENDÍA, Y QUE LA AYUDARON A PAGAR LOS ESTUDIOS DE SU HIJA, HASTA QUE LA SITUACIÓN CAMBIE

POR NATHALI GÓMEZ • @LAESPERGESIA ⁄ FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

A Dalia no le gusta el chocolate, ese ingrediente indispensable para sus tortas y marquesas. Recuerda el desagrado que siente cuando bate la mezcla con el producto surgido de los aromáticos granos de cacao, ese oro negro y delicioso que cambió la vida de los europeos, tras haberlo “descubierto” durante la colonización. Esta historia parece algo rara si hablamos de una mujer que desde hace más de 13 años elabora tortas y dulces para rendondear la quincena, pero no siempre todas las historias son lisas y redondas.

Confiesa que es dulcera y que solo existe la excepción con el chocolate. Durante unos minutos de descanso de sus labores en el departamento de nómina de una agencia de noticias habla —con ayuda de las cifras que le “sopla” su sumadora, fiel compañera de todo contador— sobre por qué tuvo que parar su producción dulcera, muy a su pesar, a principios de este año. Si las cifras tuvieran color, evidentemente sería rojo.

Hablamos de precios, como tantas personas lo estarán haciendo en este momento. Sin embargo, su exposición no es un lamento extendido sobre la imposibilidad de adquirir algunos productos para su postres, pues Dalia, quien ha criado sola a una hija, desde hace muchos años ha sabido lo qué es resolver con lo que se tiene.

Por muchos años vivió en Chacao, por lo que se familiarizó con el mercado municipal. Allí encontraba los productos necesarios para sus creaciones: harina, huevos, leche, margarina. “Sabía que compraba con sobreprecio”, afirma. Al preguntarle por otros lugares en parroquias del municipio Libertador cuenta que su trabajo, de 8 de la mañana hasta más allá de las 5 de la tarde, no le dejan muchas más posibilidades.

CAMBIO DE CASA

El lugar donde vivía alquilada iba a ser vendido y le pidieron que buscara otro sitio. Allí tuvo que actuar y ver cuáles opciones se adecuaban a su presupuesto. Se mudó a la urbanización Nueva Casarapa, parroquia Guarenas, en el estado Miranda. Este cambio de vivienda modificó toda la rutina que había establecido.

El dinero que invertía en pasajes y en el nuevo alquiler la llevaron a plantearse nuevas alternativas para poder estirar su salario.

“La necesidad me obligó”, explica al preguntarle cómo empezó a elaborar pasteles. “No me alcanzaba el sueldo y me planifiqué”.

APRENDIÓ A HACER ESOS DULCES QUE, EN UN PRINCIPIO, PROBARON SUS COMPAÑEROS DE TRABAJO Y FAMILIARES, QUIENES DESPUÉS SE LOS ARRANCABAN, PRÁCTICAMENTE, DE LAS MANOS

_

“Como tenía que gastar mucho más en pasaje, me vi obligada a aprender algo”. Y de verdad lo hizo. Comenzó a buscar en internet y dio con videos de elaboración de dulces. De allí aprendió a hacer esos dulces que, en un principio, probaron sus compañeros de trabajo y familiares, quienes después se los arrancaban, prácticamente, de las manos.

“Comencé a buscar recetas en internet y a elaborar torticas criollas. Poco a poco comenzaron a gustar y eso me animaba a buscar más recetas. No hice ningún curso”.

Dalia es madre y abuela de dos nietos. Durante su aprendizaje contagió a su hija de su espíritu autodidacta y ahora afirma que hace unas tortas “más bonitas” que las de ella.

“Comencé a buscar recetas en internet y a elaborar torticas criollas”. FOTO EMILY BELLO

“Comencé a buscar recetas en internet y a elaborar torticas criollas”. FOTO EMILY BELLO

En aquellos primeros años con las tortas, su hija estudiaba en la universidad y ella tenía que encontrar la forma de pagarle los estudios. La dinámica para lograrlo era demente, si se ve desde la distancia, pero Dalia recuerda esos tiempos con una sonrisa y quitándole todo el peso del esfuerzo inmenso que tuvo que hacer.

“Trabajaba en Parque Central. De allí salía corriendo a las 4 de la tarde y llegaba a mi casa, en Guarenas, a las 6. Me bañaba, me ponía mi gorro, mi ropa de cocina y comenzaba a hacer mis tortas”.

Entre batir, hervir, amasar y hornear se le hacía la 1 o 2 de la madrugada. Esta parte de su entrevista es el tras de cámara de los duendes, quienes trabajan afanosos mientras nadie los ve para llenar de dulces a quienes los esperan, apenas abran los ojos.

A eso de las 2 de la mañana Dalia se acostaba y a las 4 ya estaba saliendo para Caracas. “Me traía una bolsa llena de tortas, unas seis u ocho para mis clientes en la oficina”.

Con ese recuento de un trabajo tan extenuante esta mujer nacida en Valera, estado Trujillo, con otra sonrisa dice: “En ese tiempo me sobraban clientes y me faltaban manos para hacer más tortas”. La queja pareciera estar desterrada de sus explicaciones.

TORTAS EN TIEMPOS DE CRISIS

Hablar de precios podría resultar información fuera de contexto para cuando el lector lea esta entrevista. Lo que sí afirma Dalia es que pudo producir hasta diciembre porque en enero el dinosaurio de aumentos de hasta 1.000% de los productos ya estaba ahí. Todos hemos sido testigos de la escalada que mella nuestros bolsillos, nuestra tranquilidad y nuestro estado de ánimo. En su memoria y cuenta, el presidente Nicolás Maduro le puso rostro a algo que ya todos habíamos visto tantas veces. Precios que, sin razón aparente, aumentaron mil veces o más del 15 de diciembre hasta el 3 de enero.

El ataque a través de la fijación indiscriminada de los precios, que ha sido sostenido desde las elecciones de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente, ha sido un pulso muy difícil donde algunos hemos tenido que tragar grueso y donde otros no han tenido siquiera qué tragar. Es el precio, paradójicamente, de tratar de ser independiente.

DALIA SE INVENTÓ UNA: LES PIDE A SUS CLIENTES QUE BUSQUEN LOS PRODUCTOS Y ELLA LES COBRA LA MANO DE OBRA

“Lamento no complacer a mis clientes ahora, mis tortas se hicieron famosas”, dice Dalia, quien dice que esta ha sido la segunda pausa que ha hecho en medio de sus postres. “Hace dos años comenzaron a escasear más los productos y paré”. Decidió entonces retomar en 2017, hasta diciembre, cuando decidió hacer otra pausa.

Dalia trabaja en la Coordinación de Administración de Personal, por lo que sabe cuánto es el sueldo de sus compañeros. “Si encuentro los ingredientes, no les voy a vender algo que sé que no pueden pagar ni yo le puedo ganar”.

La guerra económica ha impedido a Dalia continuar con su emprendimiento. FOTO EMILY BELLO

La guerra económica ha impedido a Dalia seguir con su emprendimiento. FOTO EMILY BELLO

“Confío en que algún momento volverán a aparecer los productos”, dice, y explica que ahora les pide a sus clientes que los busquen ellos y ella únicamente les cobra la mano de obra.

“Hacer las tortas me ha hecho muchísima falta porque me ayuda con ese adicional, pero sé que ahora las cosas están imposibles de comprar”.

Si bien Dalia es autodidacta, decidió hacer un curso con una repostera famosa y derivó sus creaciones a unas “tortas bellísimas” para matrimonios, graduaciones y primeras comuniones. Ha sido una forma de adaptarse en tiempos donde sus compañeros ya no le arrancan los postres de las manos, como ocurría años atrás. “Ellos me piden que traiga, pero prefiero esperar”.

ÉPALE 261

Artículos Relacionados