La pava en el béisbol

Por Gerardo Blanco • @GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

En su Caracas física y espiritual, ese retrato profundo e ingenioso de la desaparecida ciudad de los techos rojos, Aquiles Nazoa glosó la acendrada costumbre de los venezolanos de atribuir poderes nefastos a objetos o personas cuya sola presencia atraen la mala fortuna o lo que muy criollamente denominamos pava. Sin don Aquiles llevara su “mavitógrafo”, el aparato que inventó para medir el potencial pavoso de un objeto o persona, a un estadio, el “pavovatios” podría alcanzar niveles insospechados.

En el beisbol sobran ejemplos de pavosidad. Como llevar un reloj al estadio para estar pendiente de la hora. Porque como se sabe, este deporte se opone al tiempo. Nunca nadie verá a un mánager o al umpire consultando el reloj para ver cuántos minutos lleva el juego, como es normal en el fútbol. El beisbol es tan contrario al tiempo que las bases se recorren al revés de como se mueven las manecillas del reloj. Por esa misma razón, resulta pavosísimo colocar en el terreno a un catcher zurdo; pues la mano izquierda apunta a la tercera base, es decir, hacia el recorrido natural de las manecillas, lo que contradice la esencia atemporal de este deporte. A los narradores y comentaristas de beisbol tampoco le escuchará decir que un pitcher está lanzando un no hit no run, aunque el juego apenas vaya por el segundo episodio. El locutor que lo mencione será acusado inmediatamente de pavoso, en el caso de que por cualquier jugada fútil se estropee el juego perfecto del serpentinero.

Si usted sueña con tener un hijo grandeliga, ni se le ocurra bautizarlo con el nombre de Aurelio. Como los Aurelianos de Cien Años de Soledad, los Aurelio parecen venir con una marca indeleble que los condena a finales trágicos. Fíjese si no, que los únicos tres Aurelio que han jugado en las Mayores, murieron en fatales accidentes de tránsito, incluyendo el recordado Aurelio Monteagudo, el fino lanzador cubano-venezolano de los Tiburones de La Guaira, quien falleció en México, en un trágico choque. Y ahora que mencionamos a los Tiburones, este equipo no aguanta un análisis del “mavitógrafo” de don Aquiles. La pava macha se ha cebado con los litoralenses que llevan 34 años sin conquistar un título en la LVBP, y en esa larga sequía han sufrido todos los avatares habidos y por haber.

La pava no es un patrimonio exclusivo de los Tiburones. Mucho antes que ellos, los Cachorros de Chicago la atrajeron en las Grandes Ligas, todo gracias a  William “Billy” Sainis; un fanático de los Cubs a quien le negaron el ingreso al estadio Wrigley Field en la Serie Mundial de 1945 por querer ingresar acompañado de su querida cabra. Y por pura venganza Sainis y su cabra empavaron al equipo durante 71 años; hasta que la maldición se terminó en 2016, cuando los Cachorros vencieron a los Indios de Cleveland y se coronaron en la MLB. Así que los Tiburones tienen un consuelo, porque no hay mavita que dure cien años ni equipo que la resista .

ÉPALE 374