La plaza del palomar

De las obras más antiguas de la ciudad aún queda en pie la Plaza Capuchinos, ubicada en la entrada de la Avenida San Martín. Este pequeño rincón todavía conserva vestigios de la historia viva para el disfrute de todos

Por María Eugenia Acero Colomine • @andesenfrungen / Fotografías Jesús Castillo

De la Caracas de antaño aún queda la tradición de frecuentar las plazas por ser el punto de encuentro urbano por antonomasia. Es en estos espacios al aire libre donde la comunidad confluye para departir amistosamente y darle vida a la calle. Entre nuestras plazas más emblemáticas tenemos la Plaza Bolívar, Plaza Venezuela, la Plaza Diego Ibarra y la Plaza Altamira.

La puerta de entrada a la avenida San Martín es la Plaza Capuchinos. Ese pequeño triángulo protegido por frondosos árboles no sólo es el hogar de un palomar, sino que fue el último lugar de Caracas que visitó Bolívar cuando vino a su ciudad natal. Esta plaza está escoltada por la iglesia San Juan y por diversos centros culturales, además de la escuela donde estudió Aquiles Nazoa. Es el punto de encuentro para los habitantes de
El Guarataro y de los vecinos de la parroquia San Juan, que le da a la avenida San Martín un toque de frescura y calor hogareño.

“Aquí vengo a encontrarme con mis amigos y a agarrar fresco”, afirma el señor Juan Peláez, vecino del sector desde hace más de 40 años. “Es aquí donde no sólo compartimos sobre los asuntos cotidianos, sino que también nos informamos sobre asuntos que le conciernen a la comunidad”, también detalló Peláez. “Aquí en la plaza es donde siempre quedo con mi novio para luego irnos a comprar un dulce a la esquina”, agrega la estudiante Micaela Núñez. “Nos encanta sentarnos a contemplar el palomar y sentir la brisa que dan los árboles”.

La comunidad de El Guarataro suele encontrarse en este rincón

Un cariñito para la plaza

En el marco de la Misión Venezuela Bella, el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, la Misión Venezuela Bella y la Alcaldía de Caracas hicieron entrega de las obras del Centenario de Aquiles Nazoa, que abarcan el bulevar homónimo y la Plaza Capuchinos, en la parroquia San Juan de la capital.

En este sentido, Erika Farías Peña, alcaldesa del Municipio Libertador, expresó que hoy la parroquia San Juan forma parte de la celebración que se hace en Venezuela del Centenario de Aquiles Nazoa, al tiempo que entregaba a la ciudad capitalina espacios recuperados para el disfrute, la recreación y el esparcimiento de los caraqueños.

“Recuperamos la Plaza Capuchinos para rendirle homenaje a Aquiles Nazoa en su centenario”.

(Jean González)

Por su parte, Jacqueline Farias, presidenta de la Misión Venezuela Bella, afirmó que en lo que va de año, a lo largo y ancho del territorio nacional, 38 espacios públicos, con su respectivo punto y círculo, han sido recuperados para el disfrute de la población venezolana.

“Todo esto es posible porque nos conseguimos con un pueblo organizado. Identificamos las fallas de eficiencia; luego, con las alcaldías y gobernaciones, además de los recursos destinados a la Misión Venezuela Bella, procedemos a recuperar los espacios”, añadió.

El emblemático palomar distingue a la Plaza Capuchinos de las demás

Jean González, director de Fundapatrimonio, nos comenta sobre el remozamiento de la plaza: “Se trató de una recuperación de varios sectores en la parroquia San Juan, en ocasión de los 100 años del nacimiento de Aquiles Nazoa. Junto a la plaza, también retocamos la casa patrimonial de Aquiles Nazoa y el mural de Aquiles Nazoa. También habilitamos un bulevar debajo del distribuidor La Araña. Este trabajo fue una obra de equipo entre la Alcaldía y la Gobernación. Para mejorar la plaza hicimos una rehabilitación general, restauramos el palomar, las áreas verdes y los espacios xerófitos, que estaban deteriorados con el monóxido de carbono de los carros que pasan por la avenida San Martín. También hicimos retoques en las calles y edificios aledaños, así como en la iglesia San Juan, a la que pintamos y mejoramos su fachada.

Historia y anécdotas

Esta plaza, cuya primera aparición en planos data de 1776, está ubicada frente a la iglesia San Juan y es una de las más antiguas de la ciudad. De forma triangular y delimitada por tres calles, la pequeña plaza posee un elemento urbano hoy poco frecuente: una torre de tres niveles para albergar palomas. Intervenida con pérgolas de madera sobre columnas de ladrillo de sección cuadrada, y brocales de ladrillo que contravienen su espíritu, la plaza se muestra, en imágenes históricas, como un espacio urbano arbolado y sombreado. En 1776 era conocida como Plaza del León; su actual nombre se debe a que, en 1785, monjes capuchinos solicitaron la construcción de un hospital y una capilla frente a la plaza, permiso que fue concedido por Real Cédula de Carlos III. En 1875, por disposición de Antonio Guzmán Blanco, el nombre del espacio cambia a Plaza de Abril, para conmemorar su ascenso al poder en abril de 1870. Para 1881 se decide rebautizarla como Plaza Zamora, con una estatua en su honor (del escultor francés Vital Gabriel Dubray). Su tamaño y proporción original se redujeron considerablemente en 1952, cuando se completó la avenida San Martín. Con la reubicación del monumento a Zamora en Cúa, su ciudad natal, en 1959, la plaza pasó a llamarse Plaza Capuchinos. Como dato curioso, se sabe que el 10 de enero de 1827 Bolívar se detuvo en la plaza, en compañía de José Antonio Páez, en lo que resultaría ser su última visita a la ciudad de Caracas.

Cuando se llamaba Plaza del León había una fuente adornada con el león y el escudo de armas de Caracas. La construcción del hospicio y la capilla, autorizada por el rey Carlos III a los monjes capuchinos, se terminó en 1790.

El 10 de enero de 1827 Bolívar hizo una parada en la Plaza Capuchinos, en su última visita a la ciudad de Caracas.

El terremoto de 1812 destruyó la edificación, y después de eso se construyó allí la iglesia de la parroquia San Juan, una obra del arquitecto Francisco de Paula Herrera. En ese lugar histórico varios próceres estuvieron esperando la llegada de un corazón, que era transportado en un pequeño cofre de plata. El héroe Atanasio Girardot murió en la batalla de Bárbula y Simón Bolívar ordenó que llevaran su corazón a Caracas. El corazón de Girardot salió desde Valencia hacia Caracas y fue recibido en la Plaza Capuchinos, con honores, el 14 de octubre de 1813 por Simón Bolívar, el general José Félix Ribas, José Antonio Páez y otros. Ese corazón del héroe fue depositado en la capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas. En la onda de ese impactante hecho, Bolívar fue aclamado Libertador y Capitán General de los Ejércitos de Venezuela por la municipalidad caraqueña. Ese fue el acto municipal más universal que se ha conocido en el país.

Luego, llegó el progreso

En 1955 le quitaron un pedazo para construir la avenida San Martín. En 1959 retornó la fiebre de cambiarle el nombre y la llamaron Plaza 19 de Abril, pero después la gente se impuso llamándola todos los días Plaza Capuchinos, y así se quedó para siempre. Con este remozamiento reciente, la Plaza Capuchinos nuevamente se destaca como parada de referencia obligada para quien se transporte por el oeste de la ciudad. En medio del ajetreo de la cotidianidad moderna, este espacio aún conserva el estilo de antaño y se antoja como un pequeño viaje en el tiempo por esos pocos recodos de la historia viva de nuestra capital.

Una plaza que ha tenido infinidad de nombres

 

 

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