La publicidad te duerme

POR MIGUEL POSANI@MPOSANI / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Tenía mucho tiempo que no veía televisión por cable y, como noté luego, no sé si para mi desgracia o fortuna, me expuse por una hora a los canales de cable. Eso significa exponerse a una radiación intensa que afecta todos tus procesos cognitivos y los distorsiona, manipulándolos. Exponerse a la publicidad, además de exponerse al pensamiento estandarizado y común, significa ser embaucado constantemente, incluso hipnotizado y condicionado para dirigir tus deseos hacia el objetivo del consumo.

Luego de un cuarto de hora de asombro por las estupideces que te venden y que tú crees que necesitas, casi comencé a sentir náuseas ante la sarta de mentiras de la publicidad.

Pensé en los millones de personas de todas la edades que regalan su tiempo de exposición audiovisual a los canales y anunciantes para que ellos, muy “naturalmente”, te vayan condicionando, no solo en tus gustos, sino también en tus deseos más íntimos.

Es tan “natural” que no nos damos cuenta de la cantidad de tiempo que nos exponemos a la publicidad. Y la publicidad no es neutra o ecológica. No. la publicidad siempre es engañosa y, por eso, deberían regularse la exposición a ella.

Debemos distinguir entre información y publicidad.

Piensa esto: la información es un conjunto organizado de datos que constituye un mensaje, que cambia el estado de conocimiento del sujeto. Por ejemplo: la información sirve para explicarte cómo se usa una máquina. Mientras que la publicidad es una forma de comunicación dirigida a manipular inconscientemente tus deseos, necesidades y expectativas para que consumas, y así cumplas con tu función para con el sistema.

Además de engañosa, es dañina para nuestra mente, y más para la de los niños, a quienes en determinada faja horaria le dedican publicidad específica (¡¿qué tierno, verdad?!)

En otras palabras, toda publicidad es un embuste, una mentira, una farsa, es manipuladora y, además, acosadora de nuestro inconsciente: debería ser prohibida. Imagina la mente de un hijo tuyo escuchando y viendo todos los días mensajes engañosos dirigidos a manipular sus gustos, deseos y sueños; no te da náuseas porque estás acostumbrado. La publicidad es parte del mecanismo de consumo y, por ello, ni se piensa en eliminarla.

¿Qué hacer? Trata de no ver publicidad. Protege a tus hijos, que ellos no la vean.

 

ÉPALE 345