La Realenga: una vida libre de violencia es una vida llena de placer

Daniela Alfonsina Reiter

Con ella daremos un paseo por la puesta en escena de la obra de una mujer jugosa, frutal, provocadora y sensual, que invita a explorar nuestros deseos

Por Ketsy Medina Sifontes@ketsycarola / Fotografía Jesús Castillo

Llegar hasta Palo Verde para encontrarnos con La Realenga significó una tranquilidad luego de atravesar alcabalas sin dificultad y saber que teníamos el tanque de gasolina lleno. Esta pauta inició en medio de cambures, moras, lluvia, monte, una bata china y una vista hermosa al Waraira.

En esta entrevista conoceremos un poco de la intimidad de la merecedora del premio Artista joven del mes, de la Galería de Arte Nacional (GAN), correspondiente a junio de 2020.

—¿Cómo te describes, Alfonsina?

—Cuando era pequeña mi padre me llamaba Locura de Amor, esto describe la naturaleza indómita y silvestre que me caracteriza. Fue mi padre quien hubiese querido llamarme Alfonsina, pero no estuvo en el alumbramiento, por ello incorporar este nombre a mi proceso de identidad se ha vuelto importante. Cuando les cuento esto, es para establecer la fuerte relación que tengo con lo ilusorio, con las cosas que no necesariamente cuentan con la validez de lo real; sin embargo, todo cuanto existe dentro de mi imaginación cuenta con la validez interna que necesito, porque le otorgan a mi experiencia vital múltiples sentidos.

—¿Qué es para ti una mujer creadora?

—Es una mujer con un fuerte instinto vital que va mucho más allá de la producción de cualquier obra artística, es aquella que cuenta con la determinación de crearse a sí misma, de establecer un vínculo estrecho entre ella y su forma particular de ver y entender el mundo, sus relaciones y afectos. Una creadora necesita una mirada propia para verse y ver a los demás, caminar con la audacia de hacer de su vida su mejor obra. Por esta razón pienso que las relaciones arte-vida trascienden el quehacer artístico; puedes ser una secretaria, una cocinera o una transportista y ser perfectamente capaz de crear para ti misma el universo donde quieres existir y habitar, ese espacio con la escala de valores que encuentres conveniente para transitar un camino de vitalidad. Una mujer creadora tiene una íntima relación con el espejo, con verse a sí misma, con pensarse, imaginarse, reconocerse. Una mujer creadora tiene la tarea constante de aclarar sus deseos para mover y ejercer su voluntad.

—¿De dónde nace la relación que estableces entre el sentido del gusto y las acciones de comer, chupar y lamer?

El sentido del gusto y el tacto siempre presentes en las performances de Daniela

—Si me interesa trabajar con las frutas, los alimentos y, en general, con el sentido del gusto, es porque cumple una acción provocadora y de incitación, facilita el acto de seducción y eso permite que pueda lograr mis objetivos primordiales con el público, que son los de generar canales de proximidad para entablar diálogos receptivos. También es importante el sentido del tacto para crear situaciones extracotidianas, donde haga presencia la capacidad subversiva del amor y posibilitar atmósferas de encuentro y trato amable. Lo amoroso debe pasar necesariamente por el cuerpo para poder sentirlo y registrarlo como algo posible, experimentarlo es darle cuerpo tangible al acto placentero de amar y ser amado. Hago esto con la esperanza de que dentro de estas acciones performánticas surjan, en quien lo experimente, un diálogo interno que excite la conciencia amorosa de sí mismo y de su relación con los otros, imprimiendo una memoria corporal de amabilidad, amor y placer.

—Has comentado que la primera mujer en desearte fue tu madre, háblanos de esto

—El deseo tiene que ver de forma íntima con la esencia humana, es el principal impulsor de nuestras vidas y de lo que hacemos con ella; nuestras acciones y nuestra voluntad están íntimamente ligadas al deseo. El deseo no es dominio exclusivo de lo erótico, es mucho más amplio, existe en todas las dimensiones de nuestra vida, incluso, nuestras posturas políticas manifiestan la forma en que deseamos que se conforme el poder. El deseo está vinculado a la producción y a la subjetividad humana, gira alrededor del yo, lo entiendo así porque el deseo está conectado fuertemente con el autoconocimiento y la búsqueda de la identidad. De forma reciente, mis deseos se han centrado en mi propia autorreferencialidad, en autodescubrirme y narrarme, guiándome el deseo mismo de alcanzar mi propia voz. Al trabajar el tema desde mi propia subjetividad, me percaté de que sí existo y digo: “yo existo, yo soy” es porque alguien lo quiso, alguien me deseó, por eso centro el origen de mi existencia en el deseo de mi madre y también en el de mi padre. Él me expresó su deseo de procrearme: me confesó la habitación donde él y mi madre hicieron el amor y alcanzaron el orgasmo que dio cabida a mi existencia. Soy única hija de mi madre y fui concebida cuando ella tenía treinta años de edad; su maternidad fue una decisión tomada a partir de su deseo y toda su experiencia ha significado un gran aprendizaje que ha moldeado mi forma de concebirme, priorizarme; aprendí de su carácter autónomo a mantenerme cautelosa ante la bandera de la maternidad sacrificada y entender la relación de intensa complicidad madre-hija, dejando claro que ser hija única fue su decisión reproductiva.

—Acuosa melancolía premiada por la GAN

—Es el primer volumen de mi investigación Producción subjetiva del deseo, aquí vuelvo a mi medio fundamental que es el video; hasta ahora este tipo de piezas las había reservado a circuitos de exhibición cerrados, fundamentalmente porque mis búsquedas se inclinan a generar espacios atmosféricos que indagan en lo sensorial, en la búsqueda inmersión con los medios que tengo a mano. Acuosa Melancolía fue producto de mi selección como artista joven del mes de junio de 2020 por la GAN; en este videoarte indago espacios sensibles de mi intimidad, trabajo con el elemento del agua porque me permite construir una metáfora que evoca el principio de la vida y la insistencia de adentrarme en mi propia naturaleza; conocer mis espacios de virginidad, esos espacios que no deseo compartir con nadie más, mi soledad, mi yo inaccesible producto de la melancolía que atribuyo a la muerte de mi padre y mi abuela materna cuando era adolescente. Acuosa Melancolía reafirma mi inclinación por la soledad y las posibilidades que ésta me permite para retornar a mí misma, denunciando la realidad hostil de una masculinidad empeñada en penetrar, incluso, los espacios mentales y emocionales; el agua refleja, entonces, mi naturaleza huidiza.

ÉPALE 380