ÉPALE283-RECETARIO

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

Está bien: la verdad tiene matices, varía según el cristal con que se mire y blablablá, eso es correcto. Pero una que otra vez en la vida ocurre que se encuentra uno frente a certezas inamovibles, premisas que no cambian con el tiempo y que, por lo contrario, conforme pasan los años van cobrando fuerza, de tal forma que pueden llegar, incluso, a convertirse en leyes naturales de la vida humana, hechos importantísimos que se deben conocer y aceptar tal como son para que podamos seguir adelante con nuestras vidas, sabiendo que no son culpa nuestra sino mandamientos del destino, y que debemos abandonarnos a ellos en absoluta entrega, pues siempre habrá un mañana mejor. Una de esas verdades es que la primera torta siempre queda apelmazada.

No es simple superstición. Es el producto de tres décadas de investigación de campo masticando bloquecitos de masa densa servidos por las manos amables y avergonzadas de múltiples principiantes que lo intentaron en mi presencia. Perder la virginidad repostera no es cosa fácil, y este grado de dificultad no es algo que vaya a disminuir porque espere usted con paciencia el momento preciso. Para muestra míreme a mí, que la perdí a los 31 y el resultado fue el mismo que si lo hubiera intentado con un ponquecito precoz a los 14.

Hágame caso: si no le queda apelmazada nadie le va a creer que fue su primera vez. ¿Se imagina? ¡Qué bochorno! No corra ese riesgo usted, haga la torta tal cual como yo le diga, mire que supe una vez de cierta muchacha que le ofreció a su novio la primera torta de su vida pero siguió otra receta. Cuando el novio la vio toda esponjosita dijo ¡no, señorita!, ¡esta no es su primera torta ni de chiripa!, y se la comió completa igualito el lambucio ese. Como no queremos quedar como una parranda‘e farsantes, haremos las cosas a mi manera. Busque 400 g de harina de trigo, una cucharada de polvo para hornear, tres huevos, el jugo y la ralladura de cuatro limones, 250 g de azúcar, una taza de leche y 100 ml de aceite.

MOSCA CON UNA VAINA

Se supone que si usted agarra todos esos ingredientes y los lanza a batir por 5 minutos en un procesador de alimentos, la torta debería quedar apelmazada. Si, por el contrario, bate las yemas de los huevos a punto de nieve y las incorpora a la mezcla, poco a poco, su torta quedará esponjosa. Si usted enharina un molde para verter la mezcla ya descrita y la pone a cocinar en un horno precalentado a la mínima potencia (unos 130 °C), su torta quedará bien y nadie le va a creer que es reposteramente virgen. En lugar de esto, déjese dominar por la flojera y ponga esa mezcla a 180 °C para que se le cocine de sopetón y no le dé tiempo de inflarse.

Si la torta infló o no, la prueba para saber que está lista es clavarle un cuchillo (después de 50 minutos sin abrir el horno) y verificar que este salga seco. Eso sí: si a pesar de haber seguido al pie de la letra mis instrucciones la torta crece y queda bien esponjosita, yo no sé, eche su cuento como es.

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