ÉPALE257-LA TRAMA COTIDIANA

LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

El teatro está hecho con la misma materia con la que se elabora el tránsito de la humanidad, bien en el día a día, bien en los grandes acontecimientos. Esa materia es tratada según las necesidades estéticas y obedeciendo a ciertas leyes de la mecánica de echar el cuento que tiene la actividad dramatúrgica. El pivote de esas leyes inviolables, so pena de empantanar la historia, es el conflicto. Ya lo hemos dicho infinidad de veces: al conflicto lo definen dos fuerzas en pugna, una que quiere lograr algo y otra que pretende impedírselo. El protagonista representa la fuerza que quiere lograr ese algo. Generalmente, acomete su acción con la intención de ajustar las circunstancias para recuperar la felicidad.

El desacuerdo entre las fuerzas en choque suele sostenerse por una posición ética en la que el protagonista enarbola la bandera del bien y, por ende, el antagonista representa al mal. Así que, cuando vamos al teatro, vamos a presenciar, con contadas excepciones felices, la vieja lucha entre el bien y el mal.

El insoslayable combate entre las fuerzas malignas, oscuras, destructivas contra el bien, la luz, lo creador tiene una explicación psicoanalítica de lo más interesante y que trasciende, con mucho, el ámbito meramente teatral: se trata de la búsqueda del equilibrio entre Eros y Tánatos. Tánatos es la divinización de la necesidad de destruir, matar, despedazar para comer y poder sobrevivir. Es el instinto del hambre habitando el Olimpo.

Eros surge de la necesidad de crear, de generar vida para poder sobrevivir. Es el instinto sexual, creador, amoroso. Cuando se habla de la ley del más fuerte, se habla de quien se impone para matar y comer o conquistar y procrear. Así se genera un equilibrio en la mecánica de la naturaleza. Siempre habrá quien persiga y atrape o quien corra y se salve.

Estas fuerzas instintivas, animales, perennes se expresan en el ámbito humano, sustituyendo la fuerza bruta por el acuerdo, con el fin de procurar la mayor cantidad de felicidad posible a la mayor cantidad posible de gente.

Las leyes y la ética son, por antonomasia, las expresiones sociales de esos acuerdos. Las alianzas, las complicidades, las acciones cotidianas que generan los afectos son los acuerdos privados.

La traición no es otra cosa que violar estos acuerdos. La traición es, entonces, la principal fuente de infelicidad, desequilibrio, destrucción y pugnacidad de la humanidad y, por ende , el principal generador de obras teatrales.

ÉPALE 257

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