LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

ÉPALE248-ALBERTO DE PAZ Y MATEOSEn 1945 llega a Venezuela Alberto de Paz y Mateos de España, huyendo de la guerra. Dos años después llega Jesús Gómez Obregón y en 1949 se incorpora a la historia contemporánea del teatro en Venezuela Juana Sujo. Estos tres personajes se transforman en la columna vertebral de esta contemporaneidad. La teatralidad que este trío inaugura es acompañada por directores, actores y dramaturgos que para aquel momento eran muy jóvenes y hoy son referencia obligada de la historia del teatro venezolano.

El primero de ellos en llegar, Alberto de Paz y Mateos, dándole continuidad a una variada y nutritiva actividad, crea El Nuevo Grupo en 1967. Casi a la par del estreno de la primera obra, fallece. La sede otorgada a esta troupe pasa a tener su nombre. De eso hace 50 años, y hay que decir que ese espacio alberga muy buena parte de nuestra memoria cultural.

Desde darle cabida a una importante muestra de dramaturgos internacionales e impulso a una dramaturgia nacional contemporánea, en el Alberto de Paz y Mateos se hizo cotidiana la asistencia de un público que fue creciendo en número y comprensión.

Principalmente con la actividad en el Ateneo de Caracas y en la sede del Nuevo Grupo, la capital venezolana desarrollaba una dinámica teatral de suma importancia. Se generaron movimientos teatrales alrededor de estos dos polos, aunque hay que decir que el Teatro Universitario de la UCV podría ser considerado un tercer foco que absorbía e irradiaba energía creadora en este universo. Hubo, pues, una organización formal de la gente de teatro, se hizo escuela y tendencias en el quehacer teatral, se desarrolló una actividad editorial referente a la dramaturgia; el país vivió entre la década de los 70 y los 80 un proceso rico, vivo, importante y trascendente de la actividad teatral, que hoy sigue siendo de gran e importante influencia.

Los 50 años del nacimiento del Teatro Alberto de Paz y Mateos fueron celebrados en estos días. El IAEM (Instituto de Artes Escénicas y Musicales), con el trabajo de Charles Arias y el Grupo Tapete y con la acción incansable y amable de Daifra Blanco y Antonio Cuevas, asumieron la fiesta. Dieron cuenta de que toda esa gente que habitó ese teatro sigue estando viva, en el alma y el trabajo de los teatreros de hoy.

Bien por la celebración, bien por las discusiones, las charlas, los homenajes, el encuentro, el estreno de una ópera (Los cuadernos de California) y la reposición de una pieza memorable como es Dónde caerme viva.

El teatro venezolano no cuenta con el impulso institucional de la magnitud con los que contaron esas dos décadas memorables, pero parece renacer con el impulso de los hacedores de hoy, decididos a hacerlo y hacerlo bien.

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