La verdad del trote es trotar

Por Clodovaldo Hernández  • @clodoher /  Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Un dicho, alemán —según los que saben de eso— expresa que “la verdad del pastel es comérselo”. Si lo adaptamos al tema de esta columna, podemos decir que “la verdad del trote es trotar”.

Te explico: está bien lo del examen médico y todos los demás preparativos recomendados por los expertos, pero todo el asunto comienza, en realidad, cuando sales y trotas.

Parece una obviedad, pero te impresionaría saber cuántas personas van al chequeo médico, pasan por la tienda y compran zapatos de marca, ropa de tejido climacool, cronómetros especiales y toda clase de adminículos propios de la moda de correr… ¡pero nunca corren! O solamente salen dos o tres veces y luego se sumergen de nuevo en la inactividad.

Bueno, tal vez no te sorprenda porque no sería raro que a ti te haya pasado.

Así que, si estás empezando o intentándolo de nuevo, luego de algunos intentos fallidos, yo recomendaría que te comas el pastel; es decir: que salgas a trotar de una buena vez, incluso si aún no tienes los equipos apropiados o esos que dice la publicidad que son imprescindibles.

Solamente cuando hayas hecho el esfuerzo de pasar unos cuantos metros al trote, de una forma más o menos regular (digamos que tres días a la semana, durante un mes), podrás estar seguro de si esto sirve para ti o no, al menos en este momento de tu vida.

Si es para ti, el trote mismo te lo dirá. Igual como cualquier otra actividad o producto que te guste, sentirás el deseo de repetir la experiencia. Si te gusta mucho, llegará a ser como una adicción. Por eso es que muchas veces se le compara con un vicio.

Si no es para ti en esta etapa de tu historia, no habrá manera de que te lo impongas. Es más, mientras más te obligues a correr, más rechazo acumularás en tu interior, como nos pasa con todo lo obligado. En ese caso, olvídalo por ahora. Quién quita que más adelante te guste.

ÉPALE 399