POR MIGUEL POSANI  •@MPOSANI / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

ÉPALE315-LIBREMENTENos dicen que la vida es una línea recta, que si no obras moralmente, si no eres siempre congruente”, entonces te espera el infierno, el castigo y el rechazo colectivo. Este es y ha sido un profundo drama ético en el ser humano durante toda su historia.

Entre el decir y el hacer no debe haber contradicciones, es lo que nos dicen los maestros, los religiosos, los gurúes, las imágenes y actores públicos.

Y además debes ser recto, unívoco.

Pero la realidad humana es más compleja y tiene muchos matices.

La realidad está llena de paradojas y contradicciones, en nosotros y fuera de nosotros. Y todas estas se tejen dentro de un proceso continuo y dinámico que llamamos nuestra vida.

Más allá de nuestras creencias sobre lo que es la vida, debemos percatarnos de que ella es un continuum de contradicciones y bifurcaciones que tratamos de vivir, enfrentar, resolver o posponerlas cuando no sabemos qué hacer con ellas. Nos encontramos en nuestra vida frente a paradojas grandes y pequeñas, aprendiendo y resolviéndolas, algunas veces sí y otras veces no.

Y en medio de este río constante de vivencias que es nuestra vida encontramos momentos de congruencia, algunos la llaman paz, no contradicción ni lucha de opuestos, como por ejemplo: entre el placer y el deber, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, etcétera. Todas dicotomías que pueblan nuestro inconsciente y que nos ponen constantemente en una agotadora lucha entre razón y corazón, razón e intuición.

¿Cuántas veces te dices “no más”, no lo vuelvo a hacer porque está mal y te encuentras poco después repitiendo la misma actitud, respuesta o escogencia?

Así es la vida, llena de contradicciones y paradojas.

¿Qué hacer?

Cuando estés viviendo una dicotomía o una contradicción asúmela, juega con ella, distánciate de sus dos polos.

Asume que detrás de cada paradoja y contradicción interna que vivas hay una posibilidad de evolucionar, de mejorar o de alinear lo que tú eres: consciencia, inconsciente, yo superior, alma o como quieras llamarla.

No te culpes. No sirve. Reflexionar sobre ella sí. Nunca hemos resuelto un problema a través de la culpa.

La próxima vez que estés en una situación así pregúntate qué quiere tu razón, qué quiere tu corazón y qué te dice tu intuición, a ver si eso te ayuda.

ÉPALE 315

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