La vida poesía de Aquiles Nazoa

Por Ketsy Medina / Ilustración Erasmo Sánchez

Algunos textos, ideas y proyecciones de Aquiles Nazoa fueron escritos con los patines puestos.

En su taller de sueños concentraba fuerzas, y cuando le llamaba el hambre y la comida estaba servida, dejaba las letras, se levantaba de la silla y emprendía vuelo sobre cuatro ruedas de hierro.

Su fuente de inspiración no provenía de la fuerza aplicada al desplazarse de un punto a otro, usando como vehículo el patín, el origen y toda su fuerza creadora se encontraba en la raíz, su vida familiar.

Rezo el Credo, El niño que yo era, Mi madre en un pueblito de recuerdos, La mamá de Mateo Manaure habla el lenguaje de los pájaros, son parte de los escritos que se encuentran compilados en el libro al que Nazoa tituló Vida privada de las muñecas de trapo. ¿Cuántas de estas líneas habrán sido escritas rodando?, no lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que las siguientes comillas son citas tomadas de sus textos para homenajearlo.

El mundo de Aquiles se hizo público, y algunas personas al leerlo pensarán que se trata de fantasías, pero así como él creyó “en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida”, quienes le escuchamos hoy día creemos en que conoció “un caballo que se alimentaba de jardines”.

Así como Nazoa creyó “en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa”, quienes le leemos creemos en que su “niñez fue pobre, pero nunca fue triste; fue más bien pensativa y serena y en muchos aspectos fue en la realidad tan hermosa como la revivo en la memoria”

Aquiles creía “en las monedas de chocolate que atesoro secretamente debajo de la almohada de mi niñez”, así como en “la amistad entrañable de mi abuela que en su colorido castellano de isleña de El Hierro, sabía contar tan extraordinarias historias como la de su viaje de Tenerife a La Guaira en un barco de vela azotado por los furiosos vientos del Atlántico”.

Los escritos de Aquiles son sueños reales, recuerdos salpicados de colores y olores, en los que las figuras de peso aparecen reflejadas en sus textos “también tenía a mi padre, que era un temperamento sencillo y poético, ciclista que amaba las excursiones dominicales al campo a las que yo siempre lo acompañaba. Algunos domingos nos íbamos a pie al Ávila y por la tarde volvíamos cargados de flores, de moras, de duraznos o de plantas de anís y de romero”.

Para Aquiles el día de su cumpleaños era un día de fiesta nacional. “En los tiempos en que yo tenía seis años había en Caracas muchos españoles; el día del cumpleaños del rey Alfonso XIII que era el del mío, los españoles ponían sus grandes banderas rojo y gualda en las ventanas. Mi padre entonces me llevaba a pasear y me decía que las casas estaban embanderadas porque era el día de mi cumpleaños.

“Creo en la amistad como el invento más bello del hombre; creo en los poderes creadores del pueblo, creo en la poesía, y en fin, creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.” Esta enseñanza la aprendió gracias a “la pasión del radio y la generosidad de mi padre que a todo el que lo pidiera le enseñaba la sencilla técnica para confeccionar un receptor, atrajo a nuestra casa a mucha gente joven e interesante, llena de ideas nuevas y de conocimientos, con la que descubrí el mundo de los libros”. Por esto y más, es que la capacidad creadora de Aquiles es la fuerza del amor hecha comunidad.

ÉPALE 371