ÉPALE294-LA VIDA ES JUEGO

POR GERARDO BLANCO • @GERARDOBLANCO65 / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

Si el nuevo ciclo de la selección Vinotinto será como el primer partido ante Colombia en Miami, las posibilidad de clasificar a Catar son nulas. El resultado 2-1 en nada refleja la abrumadora superioridad del rival. Pudo haber sido más amplio porque la Vinotinto mostró escasas virtudes en cada una de las líneas. El rendimiento colectivo resultó decepcionante, apenas la solidez del arquero Wuilker Faríñez y de otros efectivos evitó una derrota aplastante.

Los diez meses sin haber tenido un partido es una excusa que no puede enarbolarse para justificar las deficiencias tácticas, que son absoluta responsabilidad del técnico Rafael Dudamel. Porque la realidad del fútbol actual, con su dinámica de fechas FIFA, obliga a los seleccionadores elegir con precisión cada pieza, ubicarlas en el puesto donde más rinden y armar la estrategia contra reloj.

Después de dos años al frente de la selección, la Vinotinto de Dudamel sigue mostrando las mismas deficiencias consabidas. No hay una evolución en el juego ni se superan las fallas. Venezuela ha retrocedido a tiempos antediluvianos, cuando el arquero era la máxima figura, como Dudamel lo fue en los días de Rafa Santana en el banquillo. Faríñez tuvo una actuación monumental, tapando todo el arsenal de disparos neogranadinos: un reflejo de lo que fue el desarrollo del partido.

Inexplicable que Rolf Feltscher siga siendo la primera opción para lateral izquierdo, porque carece de las condiciones necesarias para ocupar esa plaza. No es su perfil. Tiene dificultades para trasladar la pelota y en la transición defensiva es desbordado, una y otra vez. Ha ocurrido antes, y de nuevo la banda izquierda fue una vía libre para que Juan Cuadrado, Juan Quintero y Santiago Arias transitaran con absoluta libertad.

La propuesta de Dudamel de ceder la pelota al rival y jugar al contragolpe, como se vio ante Colombia, funcionó en contadísimos pasajes. Uno de sus mejores intérpretes fue Alexander González. Cumplió a cabalidad por el carril derecho. Profundizó, templó centros venenosos, como el pase para el primer tanto de Darwin Machís, y llegó puntual para las coberturas y los cierres. El otro fue el propio Machís, quien aportó velocidad, intentó asociarse con Salomón Rondón y Josef Martínez y generó las mejores opciones en el ataque.

Se desaprovechó el potencial que tiene Venezuela en la mitad del campo para dividir el control de la pelota y evitar el desgaste de correr siempre detrás de ella, como galgos. Las opciones de la Vinotinto de evolucionar en su juego pasan por los botines de los Machís, Rómulo Otero, Jefferson Savarino, Eduardo Bello o Yeferson Soteldo. La mitad del campo es una zona para la creación. Dudamel apostó por una línea de cuatro sin un jugador creativo para amasar la pelota, manejarla y distribuirla. El resultado fue que el balón pasaba de los botines de Tomás Rincón al área rival con un juego directo, anunciado y sencillo de desactivar que facilitó, además, el absoluto control del balón y los múltiples ataques de Colombia.

Fue el fútbol creativo, irreverente, de toque, asociación y llegadas constantes el que cambió la historia de derrotas de la Vinotinto. Dudamel fue parte esencial de esa transformación. Todavía hay margen para crecer porque hay jugadores para intentar un fútbol más elaborado en la cancha. Esperemos que la Vinotinto introduzca las correcciones, para que el lema “Somos de talla mundial” se respalde en el terreno con rendimientos altos y victorias.

ÉPALE 294

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