POR MIGUEL POSANI  • @MPOSANI / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÉPALE286-LIBREMENTELa violencia se define como la práctica de la fuerza física o verbal sobre otra persona u objeto. Y esta violencia adquiere diferentes caras según sea el contexto en el que se dé y el medio que se use.

Nuestra cultura y nuestra sociedad, lamentablemente, es muy violenta, tanto así que no se percibe. La violencia cotidiana se ha naturalizado y no la notamos porque la aceptamos al hacernos parte de ella, muchas veces.

En la calle, en el Metro, en el por puesto, en el negocio, en el trabajo, en la casa, en la TV, en las fiestas, en los discursos, en todas partes la violencia impera en sus diversas caras.

La más visible es la violencia directa, el puñetazo, el disparo, la cuchillada.

Pero quiero referirme a las otras formas de violencia. Como el grito, tantas madres que gritan a sus hijos, por ejemplo. O la desconsideración, tantos maridos que ningunean a sus parejas: el lenguaje corporal denigrante, las señas, las miradas que conllevan al acoso.

Hasta la burocracia es violencia y tortura cuando te hacen entrar en su laberinto de imposibilidades, formularios, horarios, jefes indios, corrupción, adulancias y prostituciones.

Quiero detenerme en estas formas de violencia que atraviesan toda la sociedad y que naturalizamos todos los días. Detrás de cada acto de violencia de este tipo hay inconsciencia y mucho narcisismo. No nos sentimos parte de los demás sino, más bien, estamos centrados en nuestros deseos y necesidades, y cualquier objeto animado o inanimado que se interponga tendemos a apartarlo, aplastarlo, derribarlo, alejarlo, eliminarlo. Esto es lo que produce nuestra cultura patriarcal, machista, narcisista y conservadora.

Los modos comunes de reaccionar no han cambiado desde hace siglos. No importa toda la tecnología e imágenes que queramos meterle. Sigue siendo igual. El miedo sigue imperante y se infiltra en todo.

Siéntate un momento y recuerda tres episodios en donde te has dejado llevar por una respuesta violenta, física o verbal, y analiza qué sentías justo en el momento en que actuaste así. Seguramente hubo miedo, dolor, sentimiento de desconsideración hacia ti, por ejemplo. La próxima vez que sientas alguna de estas sensaciones detente, no reacciones, voltéate, ponte a hacer otra cosa. O, si puedes, ríete de ti, de la situación y de todos, a ver si logras darte cuenta que todo es un escenario en donde puedes cambiar el guión de la violencia.

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