ÉPALE 236 PARA VIVIR

POR VÍCTOR VILLASMIL / VICTORVILLASMIL@OUTLOOK.COM

Hay muchos estudios sobre los efectos de la vitamina D en la salud, y ellos demuestran que esta vitamina está implicada en la biología de todas las células y tejidos del cuerpo. Esta es la razón por lo que la ausencia de vitamina D afecta a un gran número seres humanos, desde el desarrollo fetal hasta enfermedades infecciosas y, en especial, el cáncer.

Lamentablemente, a pesar de ser fácil y económica su provisión, es una de las más deficitarias en el planeta. Esto se debe, sobre todo, a la malévola desinformación insertada en la sociedad por las farmacéuticas acerca de su principal fuente, como lo es la luz solar. Gracias a esta difamación los niveles de esta vitamina son deficientes, ya que la mayoría de las personas evitan de manera exagerada la exposición a los rayos solares y, de paso, las dosis recomendadas de vitamina D por las principales instituciones de salud en el mundo son deficientes hasta en 50%, o más. Por ejemplo: la Asociación Médica Americana establece que 20 ng/ml es suficiente, pero las investigaciones demuestran que se requieren unos 40 ng/ml, los cuales serían cubiertos con 9.600 UI.

Adicionalmente, un gran número de estudios han demostrado que aumentar los niveles de esta vitamina no solo reduce los riesgos de cáncer sino que ayuda de manera determinante a combatir la enfermedad. De este modo, altas dosis de vitamina D es un requisito fundamental para los pacientes que deseen curarse, ya sea de manera natural o como ayuda al protocolo médico oncológico. No solo contra el cáncer son recomendables las altas dosis de vitamina D sino que las personas que padecen enfermedades como diabetes I y II, osteoporosis, osteomalacia, apnea del sueño obstructiva, esclerosis múltiple, artritis reumatoide, así como todas las enfermedades autoinmunes, deben chequear sus niveles de vitamina D.

El punto clave, y que lamentablemente no nos han enseñado, es que debemos comprobar, al menos dos veces al año, los niveles de esta valiosa vitamina, los cuales deben de estar entre 40 ng/ml y 60 ng/ml. Afortunadamente, la fuente de vitamina D es la luz solar, por lo que se hace no solo recomendable sino imprescindible recibir diariamente en nuestro cuerpo los rayos solares.

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