ÉPALE 225 CRITICA Y MEDIA

 

LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

 

Lat. Leporīnus. de la liebre.

Salvo Castello está a salvo: Prisión domiciliaria en un lugar tranquilo y solitario, tres años con un grillete electrónico, trescientos metros de movilidad, una chica mensual, televisión, comida y un leitmotiv en el que el cumplimiento del deber es la causa de todo (una de las tantas maneras del “yo no fui” tan de moda en estos días y tan presente en la historia de Nuestra América). Condiciones que terminan siendo una forma de impunidad. Sobre todo, cuando se es responsable de múltiples asesinatos. Entre ellos, muchos con rango de desaparecidos y numerosas víctimas que fueron niños, niñas o adultos, cuyo único vínculo con los paramilitares o la guerrilla fue haber vivido en el lugar que ocupa el escenario bélico.

Si a esto le sumamos una larga historia de oligarquías de la tierra, de poder cruel y desprecio por el otro, estamos esbozando el contexto de la obra teatral del colombiano Fabio Rubiano, en donde cinco de estos asesinados se le aparecen a Castello para asediarlo hasta que devele dónde se encuentran sus cuerpos y ellos puedan “morir en paz”.

En este espectáculo, construido con una profunda conciencia de la realidad, con muchísimo humor, claridad estética, excelentes actuaciones, iluminación memorable. Todo está bien, excepto el referente, que, más allá de la situación colombiana, parece extenderse a cualquier país sometido por el colonialismo o enfrentado a él. Entorno en donde el poder económico y sus esbirros actúan de manera cruel, sin valorar para nada la vida de los desposeídos. Es un poder que, a la hora de ser juzgado, está frente a una gente cuyo daño recibido es inconmensurable pero frente a unas leyes diseñadas a su favor.

Se hace muy difícil ver a Castello, refinado, bien educado, repitiendo una y otra vez que todos los desmanes y asesinatos fueron hechos para salvar al país, y no recordar el discurso de unos cuantos tipos sedientos de poder y ahítos de odio provocando instaurar la violencia en Venezuela por todos los medios a su alcance. Son tan iguales y defienden de forma y fondo las mismas cosas por las que uno se asusta, porque el terrorismo da susto, de allí su nombre. La crueldad y el sadismo también dan susto (digamos, un muchacho colgando cabeza abajo en Altamira).

Y tal vez por eso, por el miedo que siembran a cada gesto, es por lo que más se agradece una obra como Labio de liebre. En donde la risa, la reflexión y mostrar las cosas sin ambages exorciza el horror y lo coloca en la justa dimensión de aquello que nunca podemos aceptar.


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